Como pueden ayudar los amigos
Jueves 10 Enero 2008 en 10:57 am (Material de Lectura)
Fragmento del Capítulo10 del libro “La muerte y los niños” de Elisabeth Kübler Ross.
Tras la muerte de un niño, el mundo parece detenerse, no sentimos ningún interés por lo que ocurre a nuestro alrededor. Mecánicamente sacamos a pasear el perro, ponemos el abrigo al crío y lo despedimos cuando se va al colegio; preparamos la cafetera totalmente absortos y contestamos aturdidos al teléfono. Cuando la florista llega con flores nos acordamos vagamente de darle una propina. Tenemos un gesto de agradecimiento para con la vecina que nos trae una apetitosa tarta de manzana, aunque estemos totalmente en otro lugar. Lo que queremos es que el tiempo retroceda; oír llegar a Jim saludando alegremente: «Hola, mamá». Volver a ver sus zapatillas, las que se ponía para ir a jugar al fútbol, llenas de fango en la entrada. Queremos oírlo tocar la batería, su querida batería. Nos negamos a creer que sus manos, ¡tan bonitas y especiales!, no volverán a tocarla.
Damos vueltas por la casa, recogemos la ropa sucia y damos la comida al canario (¿le di de comer ayer?), mirando la gris y nebulosa mañana. Un día más, una noche más. Si pudiese oír su voz, su risa, entrar en su habitación y ver ese bulto dormido bajo las sábanas, risueño y hecho un ovillo. Pronto se despertaría, se frotaría los ojos y gritaría: «Mamá, ¿qué hora es?». Por supuesto, él siempre sabía la hora que era. Sólo quería que se supiese que estaba de nuevo en el mundo, despierto otra vez para otro día de sol radiante, música, deportes y, ¡oh!, casi me olvido, su primera amiguita.
Quisiera llamarla, para hablar sobre él, sobre el tiempo que pasaron juntos, que me cuente sus sueños y sus alegrías. Pero no sé qué decirle. Tal vez nos sentemos y nos quedemos mirándonos una a la otra, o nos pongamos a llorar. No tengo energías para llamarla; hasta me cuesta ir de una habitación a otra. ¡Dios, por favor, haz pasar el tiempo!
Abría una carta que estaba sobre un montón de correspondencia que llegó ayer, ¿o fue anteayer? Estaba escrita con una delicada letra por alguien cuyo nombre no recuerdo.
«Mi querida amiga:
»Estoy profundamente apenada por la muerte de tu hijo, pero me alegró que me llamaras para decírmelo. [Ahora recuerdo quién es. Últimamente la memoria me falla mucho.] Tu pena y desespero me resultan familiares y recuerdo perfectamente cuando pasé por una situación semejante. Y, puedo decirte con absoluta certeza que, aunque ahora te parezca imposible,
volverás a sentirte alegre. Podrás mirar hacia atrás y ver la cara de Jim, esos pequeños gestos tan suyos, la manera en que le caía el pelo cuando se lo acababa de cepillar; podrás oír su risa y sentirlo cerca sin que se te rompa el corazón.
»Pero ese cambio es siempre lento, casi imperceptible, y el tiempo que requiere es a veces difícil de pasar. Es fácil que falle tu fe en la vida, en la felicidad y en el futuro, pero agárrate a la vida, a la gente y a cualquier cosa que pueda ayudarte.
»No tienes por qué ser fuerte, lógica, ni sensata, ni ninguna de las cosas que crees que tienes que ser. A mí me fue mejor cuando dejé de luchar contra el dolor y me dejé llevar por él como la ola de un maremoto, que me arrastró hasta que se fue aplacando su furia y me dejó, jadeante pero viva, en el límite de la cordura. Y luego, como sucede con todas las tormentas, fue amainando poco a poco. Las olas rompían cada vez más lejos, y en algún punto, sin darme cuenta, empezó otra vez a merecer la pena vivir la vida.
»Mi querida amiga, soy una buena nadadora. Cuando tengas la sensación de que te vas a ahogar en un remolino, cierra los ojos y sentirás que te sostengo en mis brazos, y percibirás mi amor, de un ser humano a otro, el amor de una madre a otra, cruzando el continente para que tu corazón se cure transmitiéndote calidez y consuelo.
»Todos los días rezaré para que se alivie tu dolor y te llegue la paz. Sabes que siempre recibimos lo que necesitamos, tanto si queremos como si no. Te llegará. Sigue buscándolo. Está ahí. Siempre estará disponible para ti, en cualquier momento del día o de la
noche y, a pesar de la distancia que nos separa, estamos tan cerca una de la otra como el teléfono o nuestros pensamientos.
»Siempre te tengo presente, y mi amor fluye hacia ti, Sylvia.»







JUAN CARLOS dijo:
Martes 15 Enero 2008 en 4:52 pm
leí la nota anterior, la muerte de un niño pequeño, que aún estaba en su casa, no es mi caso,de cualquier modo todos son hijos y a mi criterio todos deben doler lo mismo, mas allá de los años y las circunstancias, simplmente son hijos que mueren, que se van de este mundo antes que uno, cambiando la ley que resultaría mas natural, que sería la del cambio generalcional perfecto.-
Yo perdí, un hijo de 38 años, de muerte súbita, en sólo dos horas pasé desde el llamado telefónico de la madugada al informe del médico que me dijo que habia muerto.- Fué una explosión.- hace ya casi dos años y también lo recuerdo todos los días, evoco su ñiñez, su juventud, su madurez hasta que se fue de csa y se casó, tuvo 3 hijos y hoy ellos son chiquitos y no tienen a su Papá.-
Como no sé con quién agarrarmela, me la tomo con Dios, y creo que fué injusto, primero con él, que merecía gozar de lo que estaba haciendo, por que era un chico ejemplar, capaz y exitoso, y despues todos nosostros, su familia que soportamos el dolor de su partida sin razón, así lo siento, realmente una injusticia, y pienso que no debería ocurrir, que si hay un Dios piadoso y justo, no deberían existir esta muertes, todo lo contrario, primero, los viejos, despues los jovenes, primero los malos, despues los buenos, en fín la justicia divina que le dice, que es infalible y perfecta.-
Será el destino, será que su paso estaba marcado en esa forma, será que tenía que dejarnos en su plenitud, en fín no sé, sólo sé que me duele muchísimo y que esta mochila no me la saca nadies, nunca mas y que hay que acomodarla lo mejor posible, por él. por sus hijos, por su señora, por sus hermanas, por mi señora y por mí.-
Es loable este sistema de autoayuda, de padres que pierden a hijos, por ello me adhiero y espero recibir apreciaciones de otros como yo que me pueda servir, y a su vez tratar de ser útil a otra persona que pasa por esta lamentable experiencia.-
JCB
Laura Anderson dijo:
Jueves 31 Enero 2008 en 7:58 pm
Hola mi nombre es Laura y mi esposo se llama Edgar, nosotros acabamos de perder a nuestro hijo Edgar Elian de tan solo 18 meses de edad, desafortunadamente el murio de un virus respiratorio. Y nosostros estamos totalmente destrosados mi esposo trata de ser mas fuerte que yo el me cuida y siempre esta esta pendiente de nuestro hijo mayor Jamal tiene 10 anos de edad jamal nacio con retraso mental asi que el afortunadamente en este caso no sabe lo que paso con su hermanito, bueno el sabe que su hermanito no esta en casa.Yo me siento que parte de mi vida murio junto con mi baby y me siento mal porque no quiero descuidar a jamal y a mi esposo pero hay dias que no puedo ni tan siquiera levantarme de la cama, lloro dia y noche y no encuentro consuelo, sierro mis hojos y estoy mirando la carita de mi hijo sus ojitos su sonrisa, porfavor yo se que necesito alluda y me gustaria recivir consejos para mi y mi familia. Gracias por leer mi comentario y me gustaria recivir consejos que me puedan alludar a mi y a mi familia.