Ovejas
Viernes 25 Enero 2008 en 4:31 pm (Publicaciones)
OVEJAS
Ariadna en su habitación. La puerta abierta. Ariadna dibujando círculos en la puerta de su habitación. ¿Flores? ¿Burbujas? Ariadna se pinta enroscada en su propio eje.
Un niño pequeño la observa. La observa. Se apoya a la pared. Se lleva un dedo a la nariz. Hace ruidos para llamar la atención.
¿Qué estás pintando?
Estoy pintando lo que somos. Esta de acá dentro soy yo.
¿Y por qué te pintaste chiquita y toda dando muchas vueltas?
Porque ser fue difícil.
¿Y por qué estás metida en un redondel?
Porque mi casita era pequeña, porque tuve miedo, porque estuve atrapada.
¿De qué tenías miedo? ¿Del cuco?
Mi cuco tenía nombre pero nadie lo quería llamar por su nombre, le decían otras cosas o no las decían, o las escondían, o las callaban, las silenciaban, las barrían bajo la alfombra y cuando pasaba el basurero se lo sacaban de encima. Pero el cuco mío era super inteligente y volvía y molestaba hasta que lo llamaban por su nombre.
¿Cómo se llamaba?
Nunca lo pude decir porque si lo decía alguien lo iba a escuchar y saldría espantado corriendo como loco.
¿Me mostrás tu habitación?
Por supuesto. Mirá todos los peluches que tengo.
No son peluches. Son ovejas.
Son ovejas de peluche.
Pero yo he visto ovejas de oveja cuando mi papá me lleva de paseo lejos. Son más grandes. Y se mueven y hacen beee beee beee.
Mis ovejas no hacen ruidos raros. No les gusta llamar la atención.
¿Por qué?
Porque están bien así. Están todas juntitas. No pasan ni hambre ni frío.
No comen porque tiene la boca así cosida. ¿Ves que tienen la boca cerrada? No pueden hacer beee beee beee ni comer ni decir que tienen frío.
Muy cierto.
Mirá esa oveja es más gorda que las otras. Mi mamá me dice que cuando no puedo dormir tengo que contar ovejas.
Yo hago lo mismo. Cuento ovejas flacas y gordas también, pero éstas me dan un sueño pesado.
Es más fácil porque vos tenés estas ovejas para contar. Yo no tengo ninguna. Entonces me cuento los dedos de los pies y de las manos, pero me tengo que meter debajo de las sábanas para verlos y ya me despierto más. Vos tenés estas ovejas. ¿Siempre contás las mismas?
Las cuento tantas veces que las pobres se aburren y se quedan dormidas antes que yo. Entonces me pongo a contar sueños. Esos sí que son un millón.
¿Y por qué también tenés tazas con ovejas?
Esas de ahí no son de peluche. Son de cerámica. Me las regalaron.
¿Las ovejas de cerámica se regalan? ¿Por qué?
Y porque como son más chiquitas y vienen pegadas a la taza, son de adorno y ocupan menos espacio. Además, cuando tienen hambre, no piden permiso y se zambullen en la leche dentro de la taza.
Si yo fuera una oveja de cerámica. Si fuera un nene de cerámica pegado a una taza me gustaría zambullirme en un helado, o en un tazón de chocolate. Pero si estuviera pegado no me podría mover. El helado me va a dar frío y con chocolate me voy a quemar.
Pero igual pueden salir con unos pases mágicos.
¿Y si las despegás así pueden saltar?
No. No. Todos estamos pegados a algo. Nos daría miedo quedarnos tan libres. No sabríamos qué hacer. Enseguida buscaríamos otro lugar para quedarnos pegados y quietitos.
Yo estoy pegado al suelo. Mirá si salto. ¿Ves? Ahí me despegué pero me vuelvo a pegar. Cuando ando en la bici me despego y voy andando y andando hasta que me canso y me siento pegado al suelo y después me levanto y después descanso un ratito y sigo andando hasta que me llaman a tomar la leche.
Hay gente que se cansa de no estar atada. Yo, por suerte, ya soy libre.
Mirá esa oveja de acá es anaranjada. Las ovejas son blancas.
Y también negras.
¿Por qué?
Porque las ovejas también tienen derecho a ser discriminadas.
¿Qué cosa?
Discriminar es no querer a alguien porque es de otro color, porque va a otra iglesia, porque es diferente a todos.
Pero yo soy diferente y me quieren.
Todos somos diferentes a todos.
¿No querés ser igual a alguien? Yo quiero ser como el hombre araña.
Yo quería ser más de agua, más de aire, más de espuma en el mar. Y lo soy.
Pero si sos de agua te pueden poner en un vaso, o te le metés a alguien por la nariz.
Y si me pusieran en un vaso, alguien me tomaría, quizás vos mismo cuando vuelvas de andar en bici.
Y vas a estar dentro de mí y no vas a poder hablar nada.
Es que el agua no necesita palabras para hablar.
Me voy. ¿Esta oveja de acá, me le prestás hasta mañana?
¿Para qué la querés?
Estoy pensando…si la cuento muchas muchas veces a la noche, al otro día va a haber muchas otras ovejas de todos colores para que yo también pueda contarlas cuando no tenga sueño.
Hagamos un trato. Te doy esta ovejita viejita que es sabia y es la abuelita de todas las demás. Es la abuela de las de cerámica también. Te la presto hasta mañana si vos me prestás un sueño.
¿Un sueño?
Sí.
Mmmmmmmm…a ver…no me acuerdo ninguno. ¿Y si te presto mi bicicleta?
¿Hasta dónde irías en bicicleta?
Ufff…iría hasta…hasta donde sale el sol.
¿Te acordás que te dije que me gusta también contar sueños?
¿Y cómo se cuentan sino se pueden ver?
¿Y cómo contás los años que tenés si tampoco se ven?
Sí que se ven, mirá, están acá en los dedos de la mano. Uno, dos, tres, cuatro… ¿ves?
Bueno, yo cuento los sueños así: sueño un sueño despierta y lo anoto en un papelito, después otro y otro hasta que tengo millones de sueños y cuando me quedo dormida todos los sueños vuelven a mí durante la noche. Cuando me despierto estoy descansada y con mucha energía porque en los sueños la realidad es otra.
¿Qué es la realidad?
Supongo que la vida. Pero soñar es tener otra vida.
¿Yo también puedo tener otra vida?
Sí. Cuando salgas a andar en tu bicicleta imaginate que vas hasta el sol naciente y que nada te detiene. Tu bici vuela con alitas en las ruedas y el manubrio.
Pero no voy a llegar al sol porque es un sueño. Y la gente no llega al sol.
¿Que no llega? La gente llega a todos lados. La gente hace hasta las cosas más impensadas.
Ufa…siempre lo mismo. Me olvido que mi papá me dice que soy su sueño.
A mi me dijeron princesa y que las princesas nunca mueren. Se hacen luz, risa y estrellas en la noche.
Me voy. Mi papá se está por despertar.
Yo me quedo un ratito más. Total yo ya soy sueño.







LIDIA dijo,
Martes 12 Febrero 2008 en 11:27 am
me ha gustado mucho leer este cuento, porque es tan dulce y tan sano.
Y mucho más porque está dedicado a Débo, que aunque no la he conocido pesonalmente, la siento inida a nosotros.