El proceso de los sentimientos en las distintas etapas del duelo
Viernes 25 Abril 2008 en 11:09 am (Eventos, Material de Lectura)
Lic. Miguel Espeche, papá de Lautaro, 13 Aniversario de Renacer Buenos Aires, Diciembre 2004
Lic. Miguel Espeche: Que me ayuden los dioses, la verdad que me conmovió tu testimonio, realmente, sinceramente me tocó, yo siempre digo que lo único que valida mi presencia aquí es el hecho de ser papá de Lautaro, mi licenciatura es absolutamente secundaria frente a una situación como ésta. Desconozco, todavía hace siete años que murió Lautaro y no me doy cuenta si me sirvió ser psicólogo para vivir este momento; me parece que no, pero todavía estoy averiguando.
De todas maneras siempre me ponen el licenciado adelante, pero bueno, que va a hacer, me ponen Licenciado Miguel Espeche.
Yo soy papá de Lautaro y desde ahí es que estoy aquí con ustedes como siempre asustado, porque digo, ¡Cuántas situaciones! ¿Cómo aunar en un denominador común tantísimas situaciones diversas, tantísimas familias, tantísimas experiencias, tantísimas formas de la muerte y cuántos tiempos diversos, también?
Ustedes saben que me convocan para hablar un poquito de cómo es el proceso posterior al fallecimiento de un hijo y en realidad ustedes saben que si bien hay algunos elementos en común, realmente son procesos personalísimos, porque no solamente ponen a prueba nuestra relación con la vida, porque pone a prueba nuestra relación con la vida el fallecimiento de un hijo sino también ponen a prueba nuestra relación con nuestros seres queridos, con nuestros cónyuges, pone generalmente pone en un brete importante a los matrimonios por ejemplo, porque es muy distinta la forma que tiene habitualmente el proceso de duelo de un hombre que de una mujer.
Hay duelos que son del orden del hacer, hay duelos que son del orden del sentir, luego después eso rota, es rarísimo, muy complicado.
En mi caso tripliqué mi trabajo en el lapso de un año, y me parece que hice bien; mi mujer se dedicaba más a las lágrimas.
Ustedes sabrán qué es lo mejor para ustedes, yo creo que lo que uno hace es lo mejor y lo que distingue que con eso que hacemos, sea lo que sea que hacemos, pudiera eventualmente llevarnos a un callejón sin salida o no, no es lo que uno hace sino cómo se relaciona con los otros mientras lo hace; es decir, ¿si nos cerramos o, abrimos juego, solidariamente, como es por ejemplo la propuesta de Renacer?
Es decir, cualquier cosa está bien siempre y cuando tengamos alguna ventanita abierta a lo solidario, al compartir con los demás, ¿por qué? Porque a veces el dolor hipnotiza, el dolor nos convoca como el agua esa que reflejaba la imagen de Narciso que al final Narciso se terminó cayendo en esa agua; porque el dolor tiene una cualidad hipnótica, ¿porque? Porque es tan intenso que hacemos todo, todo, todo el tiempo para que se nos vaya, y no se nos va a ir; no se nos va a ir el dolor jamás se nos va a ir el dolor, lo que sí va a ocurrir es que ese dolor, como dolor se va a ir trasmutando a lo largo del tiempo. Es decir, yo lo quiero igual hoy a mi hijo que cuando vivía, pero sin duda mi relación con él se ha modificado, así como se hubiera modificado si él estuviera vivo.
Él vivió hasta sus 13 años, en un accidente se murió, si él hoy tuviera los 20 años que tiene, yo lo recuerdo con 13, seguramente mi vínculo con él sería distinto y yo también aún con él vivo, yo también sería distinto, entonces, sin dudas, a lo largo del tiempo se modifica el vínculo con nuestro hijo, con nuestra hija, porque es así la ley de la vida. Ahora, eso no significa traicionar el amor que es uno de los temores habituales que el hecho que por ejemplo podamos disfrutar de la vida, podamos tener relaciones sexuales, podamos ver una buena película, podamos enojarnos porque no están planchadas las camisas, que es eso lo que me pasa a mí, yo digo: Yo que viví el gran dolor, ¿cómo me puedo enojar porque no tengo planchadas las camisas?, y me sigo enojando porque no tengo planchadas las camisas, lo que habla de que nosotros a veces seguimos sufriendo por estupideces y lo seguiremos haciendo, y a mucha honra también, porque de eso se trata la vida.
Yo no se si es porque somos unos giles o porque es la ley de la vida. Pero ese tipo de cosas; Argentina-Brasil, Argentina que va a salir campeón y Brasil que hace el gol en el último segundo, fue terrible, no se si se acuerdan los varones sobre todo, yo hubiera dicho hace siete años que jamás me iba a volver a importar algo de esta índole, y sin embargo, les aseguro que ese día sufrí una severa amargura y más porque tengo mi hijo de 22, que es brasileño y ni se imaginan lo que hizo, sin ninguna piedad me está todavía jorobando sobre lo que ocurrió allá y entonces.
Ahora, ¿porque les cuento todo esto? Porque también comparto el espíritu de hablar de lo que es la vida posteriormente a una situación como ésta. Ahora, no quiero tampoco abundar, sin detenerme, abundar en ésta cuestión de que la vida continúa, porque continúa, sin detenerme en los que recientemente han sufrido una pérdida de un hijo, es decir, creo que en el primer tiempo de la pérdida, los padres merecen una especial atención, los padres merecen una especial compasión y es ahí donde se juegan los primeros abatares de un camino que va a ser hasta el final. Ustedes saben que el primer shock que se vive también depende del orden de muerte que haya tenido el hijo de cada uno, a veces no quiero entrar en detalles de lo posible pero Uds. saben que hay personas que fallecen por enfermedad, con un proceso que permite avizorar que va haber un fallecimiento y en otras ocasiones, es algo tan rotundo como un accidente. Pero ahí en ese momento uno se encuentra con lo inesperado, hay quienes dicen que ahí se transgrede una ley de la vida, yo no creo que sea así, yo creo que en la naturaleza son más los hijos que mueren que los padres; son más los cachorros de león que mueren en África que los adultos de león que mueren en África. Entonces, no creo que se transgreda ninguna ley natural, yo no se que es una ley natural en este tipo de cosas, se que tenemos que estar abiertos a que estas cosas pueden pasar y que conciente o inconscientemente no es una sorpresa que un hijo pueda fallecer. No nos podemos hacernos los distraídos y decir: “nunca se me había ocurrido” porque sabemos que apenas escuchamos los primeros berridos del chiquito recién nacido nos encontramos ante la posibilidad de que: “gracias a Dios está vivo”, pero ahora y para siempre la posibilidad de que haya una despedida prematura, según nuestras expectativas está siempre presente.
Ahora no morimos nosotros de angustia frente a eso, sino que al revés la posibilidad del morir nos templa y nos hace querer seguir viviendo, porque no hay sensación de estar vivo si no hay noción de que podemos morir.
Pero esto está comprobadísimo, es decir, aquellas culturas que evitan la muerte en forma metódica lo que hacen al cerrar la cortina ante la posibilidad de la visión de la muerte, también la cierran para la posibilidad de sentirse vivos. Entonces acá pasa lo que vos contabas, en los peores momentos, por hay uno ve que floreció el jacarandá y uno dice: “cómo puede ser que yo esté notando que floreció el jacarandá si antes cuando estaba todo bien no notaba que floreció el jacarandá”, y sin embargo, muchos de ustedes compartirán conmigo que uno nota ese tipo de cosas cuando ocurre la defunción de un hijo. Otra cosa que aparece mucho y también lo señalo en relación a los primeros tiempos de la muerte de un hijo es la que se transparenta el capital afectivo con el cual contamos.
Yo siempre recuerdo, lleno de gratitud el velorio de mi hijo, que para mí fue una experiencia apabullante, fue una sorpresa, porque yo no creí que me quería tanta gente. Sinceramente les digo, nunca pensé eso y estaba orgulloso de mi hijo por ser querido por tantos pibes que transitaban como hordas. Entonces, en esos primeros momentos, aparece algo que puede ser maravilloso o también muy cruel, que es notar, por ejemplo, que no nos quiere tanta gente, que estamos quizás más solos de lo que hubiéramos querido y acá empieza una de las tareas posteriores a la muerte de un hijo que es el revisarnos a nosotros mismos en relación a nuestros propios afectos, en relación a nuestra afirmación dentro del mundo. Si no nos quiere tanta gente vamos a ver qué pasa con eso y ahí hay que agradecerle al hijo, porque el hijo nos está permitiendo gracias a esta experiencia tan límite, que nos replanteemos cosas muy básicas de nuestra existencia.
Todo esto en clave de solidaridad. Todo esto que estoy diciendo no está dicho para que se reflexione solo en un cuarto , sino siempre con la puerta de la casa abierta, a amigos, a otros padres, a terapeutas si hiciera falta, a grupos como Renacer, a otros tipos de grupos, siempre en ésa clave, porque reitero, el dolor es hipnótico, el dolor nos va embelezando y uno de los elementos que no deben dejarse de mencionar es algo que es quizás políticamente incorrecto de decir que muchas veces el hecho de haber perdido un hijo nos abre la puerta de muchas cosas y se nos perdonan muchas cosas por haber perdido un hijo y no siempre actuamos con honestidad en relación a eso.
Esto me cuesta un poco decirlo, pero a veces el hecho de haber perdido un hijo es como un carné que nos abre puertas y yo creo que hay que usarlo con mucha, mucha prudencia este elemento.
Les aseguro que nosotros acá somos miembros de una cofradía dentro de la cual nadie quisiera estar, porque todos saben que es lo peor que puede pasar.
Entonces, nosotros como padres de hijos que han fallecido, somos admirados y a la vez temidos por el resto de la sociedad. Y está en nuestra honestidad utilizar esa admiración, como un elemento de generosidad no como un elemento que malverse la cuestión, no sé si se entiende a lo que voy, pescan más o menos por donde voy. Alguna vez escuché decir a Mariano Grondona, vieron esos programas de Mariano Grondona, yo ya me estoy aburriendo hace rato con Mariano Grondona, pero bueno, porque pone blanco, negro, los hace discutir y después dice dos palabras pero nunca se juntan los conceptos, nunca hay una comunión de los opuestos, pero eso es un rollo mío, no importa, el asunto de Mariano Grondona decía, que él se admiraba, se sorprendía de ver cómo se maquillaban las madres de hijos fallecidos para sus programas. Esto tiene dos caras, una maravillosa que es que las madres siguen siendo coquetas aún después del fallecimiento de un hijo y otra, que es el síndrome de la mamá de Rodrigo, ¿lo conocen a Rodrigo?, bueno, que es como una afirmación desde el narcisismo de ella, como una anestesia para no entrar en el dolor, de vender en el caso de ella a mi gusto y lo tomo como ejemplo, de utilizar su imagen de madre doliente para conseguir cosas de su vida más cotidiana. Que es esto un anestésico que no recomiendo para los padres.
¿Porque es un anestésico?, “Uh! Perdió un hijo!” y uno dice: “Bah! soy importante! y a veces uno es alguien que no se siente gran cosa en su existencia y sin embargo ahí tenemos un título de nobleza, porque es un título de nobleza entonces tenemos que actuar noblemente en relación a eso y es un elemento que me interesa señalar.
El hecho de que en los años nos modifiquemos nosotros y también se modifique nuestra relación con nuestros hijos implica, y esto es lo que pasa a lo largo del tiempo, es que nos damos cuenta que no podemos retener a nuestro hijo. Esto tarde o temprano ocurre, es decir, vamos a ir modificando la noción de un amor que retiene por la noción de un amor que habita. Es decir, así como Lautaro hubiera, después de cierta cantidad de años, venir a mi casa cuando a él se le antojara, para volver a la suya, siempre iba a tener un lugar, pero las puertas estaban abiertas para que entrara y saliera, lo mismo pasa con un hijo que ha fallecido después de cierto tiempo.
Sigue habitando nuestra casa pero no está encerrado en nuestra casa. Es como si fuera un hijo mayor de edad, ¿se entiende el ejemplo? Es decir, a mí me está por pasar con el de 22 que ya está amagando, pero todavía está en casa, bueno, otro día les cuento del de 22, pero es el brasileño que me carga con el tema Argentina-Brasil.
El asunto es que nuestros hijos fallecidos pasan a ser mayores de edad, pasan a ser hijos que nos habitan y nos llevan a un amor que no retiene, como hacemos con los hijos cuando son mayores de edad y ya no viven con nosotros, nos vienen a visitar, a veces, inesperadamente.
Por ejemplo, les soy franco, en estos últimos meses Lautaro me viene a visitar en formas repentinas y se me caen lágrimas que hacía años no se me caían, hacía como cuatro años que yo no vertía una lágrima evocando a mi hijo , sin embargo estos últimos meses, vaya a saber por qué me viene a visitar de golpe, me viene a visitar, viene a mi casa, se instala , converso, lo siento, pero yo se que es grande y que se va a volver a ir.
Pero no hay una crisis de amor, en ese caso hay una transmutación del amor. Una madre tiene que retener a su hijo cuando está en su vientre, lo tiene que hacer porque es su deber, si no lo puede hacer lo vivirá como una desgracia , pero su intención amorosa es retener, cuando el chico es menor de edad lo mismo, nuestro deber es cuidarlo, tutelarlo, la ley nos obliga a ello, lo vamos llevando; pero si un hijo se muere de alguna forma pasa a ser mayor de edad , pasa a ser un hijo que no nos necesita , pero no podemos juntar el amor con la necesidad , en estos casos porque nuestro hijo ya no nos necesita más, lo podemos soltar , y nos podemos dar cuenta que lo queremos igual y que el amor existe más allá de la necesidad. Y un hijo que sea, como son nuestros hijos, dignos, nos va a decir, como lo deseaba esa Coni que vos tenés adentro: “viejo, no jodas que yo estoy bien”.
Y entonces ahí y gracias a esta dimensión generosa del amor, que yo no se, gente, pero realmente este hecho de perder un hijo, es uno de los caminos más directos a reconocer la dimensión generosa del amor; porque la posibilidad del amor, siempre reteniendo, manipulando, llenos de desconfianzas está a la orden del día en todos lados, pero este hecho tan rotundo de que un hijo se nos vaya , no nos necesita más y que lo único que queda, lo único que queda, es el amor, porque es lo único que queda el recuerdo amoroso, la evocación amorosa, pero nada en el orden de la necesidad . Yo me acuerdo que cuando murió mi hijo que murió en un accidente de tren, yo me volví loco, se imaginan, esto se los digo a la gente que está hace poco con en este tema tan doloroso, no se preocupen si están locos, búsquense un psicólogo, tomen un par de pastillas, pero no se asusten de la locura, porque es lo que corresponde. Mi locura era, que a los dos días, yo le decía a mi mujer: “yo no se porqué tengo ganas de salir corriendo a detener el tren”, pero estoy loco, pero yo me doy cuenta primero que no es viable, después que jamás podría detener el tren, pero yo creo que estaba habitado por lo que hasta dos días antes había sido mi función, que era de cuidar el cuerpo de mi hijo, el alma de mi hijo, cuidar ese cuerpo y alma unidos, entonces, claro, ¿que tiene que hacer un padre, ir y hacerle así al tren?, detener el tren y decirle: “pasá no seas boludo, mirá la próxima vez que cruces”, pero no lo podía hacer eso, pero me entiendo, me entiendo, entiendo lo que me pasaba en ese momento.
Ahora pasó el tiempo, hace siete años y yo me doy cuenta que ya mi hijo no necesita que yo detenga un tren, no necesita que le de morfar, que le pague el colegio, no me necesita, solo me ama y yo lo amo. Y descansa esa posibilidad, descansa el darse cuenta de que no es la no sustancia lo que nos habita después de un tiempo, sino que hay una sustancialidad tan esencial que podemos estar serenos y felices de haberlo conocido, como dice el cartelito que nos dieron hoy a la entrada. Todo lo que tiene que ver con nuestro hijo merece nutrir nuestro día de hoy. Honrar la memoria de nuestro hijo es honrar el día de hoy. Plenificar nuestra vida, no dejar de vivir ninguna sola alegría que merezca ser vivida ; yo insisto mucho con el tema sexual, discúlpenme soy medio degenerado, nunca dejar de hacer el amor después de un tiempo prudencial, hay que hacer el amor, de la forma que quieran, metaforicen si quieren, hagan metáfora pero el erotismo con la vida, ese erotismo de ver esos jacarandás , de sentir una caricia , de colgarse mirando un chiquitito que está siendo amamantado, a mí me impresiona siempre ,me llena de alegría la presencia de niños en este lugar, ya la otra vez que vine me pasó lo mismo y justo me tocó sentarme al lado de uno, hay que alegrarse por estas cosas también, pero no como un deber; no hay que trabajar para alegrarse, hay que abrir para alegrarse, sino decimos Espeche dijo que hay que estar alegre, a ver estemos alegres y viendo que es lo que surge, si surge el llorar se llora, y si surge el reír se ríe, ¿se entiende?; y si uno está en un momento que puede reír y al lado tiene un compañero de ruta, otro padre que está en el momento de llorar, ni se les ocurra decir que no llore , déjense de jorobar, déjenlo que llore, pero estemos al lado, que sienta la tibieza del compañero, que vea en el otro padre que ha vivido esto, como recién decía muy bien aquí Julio, que vea un modelo a seguir, una visualización de la esperanza, vivir el duelo también es vivir, no es un paréntesis de la vida, el duelo es la vida también. Creer otra cosa es ser un poco impertinentes, es decirle a Dios cómo tendría que haber hecho la vida, le podemos decir pero se va a reír de nosotros, o sea nosotros le podemos decir a Dios: “Che Dios te equivocaste al diseñar el Universo, no tendrían que morir los hijos”, me parece que no va, Dios sabe lo que hace; y también tenemos derecho a enojarnos como un hijo rebelde con nuestro padre y a veces, debemos enojarnos. A mi no me gusta mucho esos momentos en los cuales uno se pone muy filosófico y dice: “bueno, ahora es un angelito “y todas esas cosas y uno en realidad está furioso. Yo la furia a veces las traslado al hecho de que las camisas no están planchadas por ejemplo, y bueno porque creo que el orden debiera ser el de mi cabeza y lo que nos impone la muerte de un hijo es la comunión con un orden que nos trasciende pero que también nos involucra, no nos deja de lado, pero no se subordina a nosotros ese orden del mundo. Dios sabe porqué lo ha hecho esto de que perdamos un hijo y sabe cuántas cosas deberemos aprender de la muerte de nuestro hijo. Y sabe cuánto más vamos a aprender al respecto y lo va a tener en cuenta. Perdonen los que no crean en Dios, póngale otra cosa si quieren decir. Dios es una palabra pertinente, me parece. No es que nosotros somos un granito de arroz o un pedacito de arena y que no es nada , no, no, somos muy importantes pero no somos los únicos; estamos en interacción y podemos ir modificando nuestra vida, a partir de nuestra no ya de un acto voluntario, voluntarista , sino desde nuestro propio hijo, lo que nos va a dar felicidad , no es olvidarnos de nuestro hijo y del dolor, sino ese mismo dolor y ese mismo hijo, es el que nos va a llevar de la mano hacia nuestra felicidad, ese mismo dolor y el honrar ese hijo fallecido, y el amor que él nos ha tenido y viceversa es lo que, a mi gusto, nos obliga, a vivir en plenitud.
Cuando yo me deprimo, miro así algún lado que no se donde queda y lo veo a mi hijo diciendo: “no seas boludo, viejo, viví”, es así cómo me habla él, era un poco impertinente quizás en su léxico.
Y quisiera que de esta charla pudiéramos todos conectarnos con esa parte generosa de nuestro vínculo con nuestro hijo, aún quienes hace poquito lo han perdido, aún aquellos cuyos hijos ni siquiera hablaban porque a veces, el chiquito era demasiado chiquito como para hablar pero habló por el sólo hecho de que nació, el sólo hecho de que haya nacido ya es parte de un lenguaje del amor, porque nació desde algún lugar, y si estamos acá, ese lugar era el lugar del amor y ese es un lenguaje que hay que saber leer, más allá de que no tenga palabras, entonces si tuvimos el coraje de amar y ese amor no fue de la forma que nosotros creíamos, no significa que ese amor no siga habitándonos y sea la fuente de nuestra felicidad en el presente.
Vivamos lo que tenemos que vivir, puteemos lo que tengamos que putear, peleemos con los que nos tengamos que pelear, tengamos la crisis de pareja que suele haber cuando se pierde un hijo, refundemos la pareja o separémonos, porque todas esas cosas pasan y tienen soluciones y se vive; pero a mi me interesa, a veces hay que buscar ayuda sin duda, pero lo que más me interesa es rescatar el amor de nuestros hijos como la fuente de nuestra alegría, porque como dice una señora en el Pirovano que perdió a su hija y a su nieta en un escape de gas, pero es una señora muy divertida, Frida, dice: “La tristeza no impide la alegría, pueden convivir en nosotros, quizá no en el mismo segundo, pero sí en una etapa de la vida”.
Podemos estar felices y convivir con nuestra tristeza, y aparte es lindo estar triste, honra ese amor ese momento de tristeza, uno se siente conectado con la verdad cuando está triste, también, tiene una parte de salud el hecho de poder entristecerse, también lo tiene el hecho de poder reír, también lo tiene el hecho de poder comer cosas ricas, también lo tiene el hecho de poder llamar a un amigo, salir al cine, ver los jacarandá, y putear a los brasileros porque nos hacen un gol sobre la hora.
Todo eso está hecho de la misma materia, no hay una materia de una cosa y otra materia de otra, es todo lo mismo y está en nosotros ir llevándo a su mejor destino.
Les agradezco muchísimo el convite, espero que estas palabras, a mí me sirvió pronunciarlas, espero que hayan servido también a ustedes el haberlas escuchado y bueno, yo no sé creo que hay preguntas, yo no soy el Dr. Socolinsky. Eh? No me hagan estas cosas.
Una cosita nomás, no me hagan preguntas tipo Socolinsky, que me pongo nervioso y no sé que decir, no tengo la bola de cristal, compartamos reflexiones, eso sí, está bien? pero no me digan como se hace para.., por lo menos no exageren con eso o por lo menos no se desilusionen cuando yo les diga que no tengo la menor idea, OK, bueno.







Nora Clarke dijo,
Viernes 25 Abril 2008 en 11:10 pm
me identifique totalmente con lo que acabo de leer; yo perdí a Ramiro hace 6 meses, tenía 33 años, era abogado y tenía un futuro promisorio…y mientras jugaba al basquet una noche…cayó muerto…él era mi amigo y el único de mis tres hijos que vivía en mi misma ciudad ( Junín, prov. de BSAs), tenía una beba que hoy tiene 2 años y una mujer maravillosa…es duro..muy duro y siento el dolor como algo que sale de mis entrañas…pero sigo riendo y disfrutando de las otras cosas que me brinda la vida, como mis otros hijos, mi yerno y mis nueras y por sobre todo mis nietos. También he valorado mucha mas a mis amigas, a aquellas personas que me supieron dar un abrazo fuerte y poco a poco trato de reconciliarme con Dios y con la vida…pero sigue siendo dificil…
Maria Olga dijo,
Sábado 26 Abril 2008 en 11:38 am
Me encanto leer su articulo, comparto con usted el mismo sentimiento, yo siento que al perder a mi hijo perdi parte de mi, pero eso no me impide seguirle encontrando un sentido a mi vida. Ellos nunca hubieran querido causarnos ningun dolor, por eso quiero ser valiente para que mi hijo este orgulloso de mi.
Elisa, mamá de Erica dijo,
Sábado 26 Abril 2008 en 11:45 am
Leí una vez en estos hermosos escritos de Renacer “Nuestros hijos nunca hubieran querido ser nuestros verdugos” gran verdad que se traduce en este escrito, leí recientemente algo que me hizo muy bién “Cuando mueren las personas queridas, mueren con ellas universos
enteros. Nos entristecemos por nosotros no por ellos. Esas personas
eran esenciales para nuestra existencia. Sus vidas eran luces que
alumbraban las nuestras. Las amábamos y nos amaban, eran soles para
nosotros, pero sus rayos ya no podrán calentarnos. Echamos de menos
algo que no puede ser restituído. Lo que se ha perdido no es solo la
persona, sino nuestra relación con ella. Nos quedan los recuerdos, pero
no la conexión emocional inmediata. Personas distintas hacen surgir en
nosotros distintas facetas de nuestro carácter. Gran parte de lo que
somos no es sino un reflejo en los demás.”Otros piensan en mi, luego
existo”. Cuando muere alguien perdemos esa parte de nosotros, así como
a la persona difunta. Nos sentimos disminuídos por la ausencia del ser
amado…..No sabemos lo que ocurre después de la muerte. Tenemos una
serie de creencias que nos proporcionan respuestas, pero ninguna de
ellas puede demostrarse. Así pues, cuando muere un ser querido, lo que
necesitamos hacer es dejarle marchar, buscar consuelo y atesorar
nuestros recuerdos.” Texto de Lou Marinoff de “Más Platón, menos prozac”, y tiene que ver con lo que nos pasa, un abrazo y adelante con las reflecciones que nos hacen crecer!!!
MARIANA dijo,
Sábado 26 Abril 2008 en 1:53 pm
EXCELENTE LA LECTURA QUE SOLO LA PUEDE ESCRIBIR UN PAPA QUE HA PERDIDO A SU HIJO ESTA ESCRITA CN EL CORAZON Y DESDE EL SUFRIMIENTO, QUE IMPLICA EL QUE UN HIJO SE NOS VAYA.,QUE NO NOS ACOMPAÑE FSICAMENTE. NUESTRO ” TOTO” TENIA SOLO UN AÑO Y OCHO MESES, ERA FELIZ Y NOS LLENO LA VIDA DE ALEGRIA, PERO SE NOS FUE EN UN SEGUNDO EN UN ACIDENTE EN LA PILETA DE NATACION, ERA UN SER INCREIBLE , PARECIA UN ADULTO EN UN CUERPO DE BEBE, Y AHORA RCORDAR SUS TRAVESURAS EN ELCAMPO -LOBOS DONDE VIVIAMOS NO LLENA ESE VACIO TAN GRANDE QUE TENEMOS. HACE SOLO OS MESES QUE SE FUE YNUESTRA VIDA CAMBIO TOTALMENTE PERO SIEMPRE VAMOS A TENERLO PRESENTE COMO ESE ANGEL QUE SEGURAMENTE VINO A ESTE MUNDO PARA HACENOS FELIZ SOLAMENTE POR POQUITO TIEMPO, AUQNUE HAYA SIDO CORTO FUE INCREIBLE TENERLO CON NOSTROS. GRACIAS POR TODAS ESTASYUDAS . UN BESO PARA TODOS MARIANA MAMA DE TOTO
Amy dijo,
Domingo 27 Abril 2008 en 8:09 pm
Hola Miguel:
Fuimos compañeros de facultad… Me impresiona (para bien!) lo que hiciste de tu vida y de tu carrera… y la sensatez con la que tomaste tanto este evento como, (supongo) en general todos los eventos de tu vida… Además te escucho (leo) y tu forma de hablar se parece mucho a una corriente con la que estoy trabajando yo en la actualidad… en fin… un saludo muy grande.
Amy