20 Aniversario de Renacer: Alicia y Gustavo Berti

Trabajo de grabación y transcripción realizado por Enrique Conde – Renacer Congreso – Montevideo – Uruguay

Encuentro   en  Huerta Grande – 27 de setiembre de 2008

Alicia y Gustavo

Veinte años de Renacer

Alicia: Bueno, como ya se dijo todo, y los hermanos lo más, nosotros les decimos: gracias y buenas noches… (así comenzó Alicia – risas, carcajadas y aplausos)

Papás, mamás, primero mamás, después papás, hermanos, abuelos, amigos de los chicos, novios, novias, también están hijos que han perdido a la mamá y el papá que perdió a su esposa, tenemos todo tipo de pérdidas.

Aquí dice reflexiones de Gustavo y Alicia  sobre 20 años de Renacer…

Cuando nos vimos en esos videos tan jóvenes… tan  rozagantes… es una tragedia…

Bueno, hay que empezar con un  poquito de humor, ¿verdad?, porque yo siempre resuelvo las situaciones con el humor.

Fue en verdad  una emoción ver esos veinte años reflejados en el trabajo maravilloso que han hecho los papás de Renacer Río Cuarto buscando videos, porque nosotros hemos grabado nuestras reuniones en video por muchos años, desde el año 94, lo que es un testimonio histórico porque allí está toda la evolución de Renacer a lo largo de estos años.

En veinte años aprendimos a vivir de nuevo y frente al hecho de que estemos todos aquí, muchos nos preguntan ¿Qué sienten ustedes cuando ven todo esto?, yo quiero decirles  que hay estados interiores para los que no existen las palabras.

Y en ese estado interior nos encontramos hoy todos. ¿Es así? (Sí… en un leve murmullo…) lo han dicho tan fuerte que me aturden… ¿Es así?  Sííí´… Bueno, así de paso, los voy despertando, viste a esta hora empiezan a dormirse…

Quiero decirles que hoy, en las diferentes charlas, en las preguntas e inquietudes de los papás nuevos, que los papás de Río Cuarto se esmeraron en responder con lo mejor de sí y dieron lo mejor de sí y, por otro lado, el grupo de hermanos que nos enseñó tanto, ¡siempre nos enseñan tanto los hermanos! Cada vez que ellos vienen  a las reuniones o  los encuentros les agradecemos que estén, porque son aquellos que nos recuerdan que todavía estamos de este lado de la vida y que, por lo tanto, seguramente, hay mucho que todavía tenemos que hacer,  mucho que hacer no sólo por ellos, por los que quedan, mucho que hacer por nosotros mismos y por otros que nos necesitan.

El sufrimiento se resuelve a través del servicio, no hay otra manera y todo papá y toda mamá que se encierra en “esto sí… pero esto… o aquello…”  “pero yo así o asa…”, etc., sabemos que ese no es el camino.

Ahora estoy tratando de pensar lo que significó el mudarnos de Río Cuarto hace dos años, yendo a vivir en General Belgrano en las sierras de Córdoba, como ven somos tontos para elegir, realmente, tomamos una pequeña distancia de las reuniones quincenales de Río Cuarto y pudimos ver un poco más desapegadamente ese fenómeno cultural en que se ha convertido Renacer.

Antes no había nada para los padres que habían perdido hijos, no había nada, el papá que era religioso y lograba volcarse o brindarse a su religión, quizá le traía mucho consuelo, pero la mayoría no era eso lo que encontraba, faltaba algo que era una necesidad de  la vida y, de alguna manera, por alguna razón, cuando Nicolás partió nosotros sentimos la necesidad de hacer algo con esto que nos había pasado.

Yo estaba convencida que Nicolás no podía irse de nuestra vida y dejarnos como legado solamente dolor.

Desde el primer día, siempre les pregunté a los padres, “¿si ustedes, ahora, tuvieran que pensar en una sola palabra que definiera a sus hijos, una palabra que definiera a esos hijos que partieron. ¿Qué palabra sería esa?”

Me dicen: Amor… vida… esperanza… alegría… y entonces, ¿Por qué lloran?

¿Se dan cuenta? Está bien, hay un tiempo de llorar porque los extrañamos, pero ahora cuando a esos hijos que no están, logramos definirlos en una palabra y decimos que son vida, son amor, son alegría, son todo, entonces, en honor y en homenaje a todos esos sentimientos, nos damos cuenta que mucho más fuerte que el dolor es el amor, mucho más fuerte que el dolor por la partida de nuestros hijos – escuchen bien papás nuevos sobre todo – es el amor que por ellos tenemos; no nos reunimos por el dolor, nos reunimos por el amor.

Yo he estado escuchando a algunos papás de acá, de allá, de Argentina, de otros países, que por ahí, parece que van a las reuniones, están ahí, se sientan y escuchan, pero es como si les entrara por un oído y saliera por el otro; aquí se han dicho cosas muy valiosas y si nada de eso ha logrado cambiar mi actitud, esa actitud que yo tengo todavía de tristeza, o todavía de rebeldía, o que todavía estoy de duelo y hace quince años que estoy de duelo, NO ES ASÍ.

No lo es, yo no estoy de duelo por Nicolás, yo nunca estuve de duelo por Nicolás; la partida de Nicolás involucró toda mi existencia, fue mucho más que un duelo, fue cambiar mi vida, darla vuelta así (aquí Alicia da vuelta 180 grados su mano), eso no es un duelo, hay que buscar nuevas palabras, un nuevo lenguaje para definir lo que es la pérdida de un hijo; no se elabora el duelo, se trasciende, se busca un sentido a esto que nos pasó, se busca un sentido a la tragedia que nos tocó vivir, no se busca la resignación, no se busca la paz y la serenidad como objetivo último.

El objetivo es encontrar sentido a esta tragedia; y cuando le encuentro sentido, lo más maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.

Y es apoyándonos en esto que nos ha pasado, que emergen nuevos seres, no es hundiéndome en el dolor, Nicolás jamás será recordado por la forma en que partió, no me importa eso, NO ME IMPORTA, Nicolás va a ser recordado por la obra de amor que sus padres iniciaron en su nombre. (aplausos).

Tenemos otra hija, Luciana, que es maravillosa, que tuvo que soportar a padres que perdieron a su hijo y que no había nada para ellos en ese momento, la que nos dio fuerza, la que nos recordaba que  ahí estaba, como todos estos hijos que nos acompañan hoy acá.

Por esos hijos, ¡Dios!, ¿qué no hacemos?

Entonces, todo esto que yo digo, lo hago por Nicolás, pero esto también es una obra para Luciana ustedes piénsenlo, siempre lo hacemos por los hijos que quedan, pues esto también es una obra para los que nos quedan hijos, que tenemos esa bendición y para los que no les quedan hijos, ¡cuántos seres dependen de todos ustedes! que ahí están, mirándolos, esperando una mano amiga, un abrazo y va a venir,  justamente, de ese papá o de esa mamá a quienes no les quedan hijos ¡qué valor que tiene ese abrazo! ¡qué valor que tiene ese beso!, esa palabra de esos papás.

Nunca ninguno de nosotros pierde valor, al contrario, somos referentes sociales y debemos ser responsables de ese rol que la sociedad nos confiere, nos guste o no nos guste.

¿Vieron que también puedo hablar en serio? ¿cómo los desconcierto? ¿no?, los desconcierto sí.

En veinte año, ven me salté la “s”, aquí en Córdoba, por ahí, nos salteamos las “s”.

Bueno, en veinte años, hemos aprendido que siempre somos responsables de cómo vivimos nuestra vida, de cómo sufrimos, de cómo elegimos vivir cada día de nuestra vida y también somos libres de elegir.

Siempre somos libres de elegir, a veces creemos que somos víctimas del destino, que somos víctimas de la vida, o de un Dios arbitrario, como cada uno quiera verlo o del médico o del que lo llevó por delante o de esto o de aquello, no, eso ya no lo puedo cambiar, yo tengo todavía la libertad de elegir mi actitud, eso lo dijeron varios papás, la libertad de elegir la actitud con la que yo me enfrento a la vida que me toca vivir.

Eso es mi libertad y eso es mi responsabilidad y nunca debo evadir eso.

Me queda mucho por hacer todavía en esta vida, me queda mucho por hacer, no nos va a alcanzar la vida papás, mamás, hermanos, abuelas, tíos, primos, parientes, amigos, a todos los que están acá, a los hijos que han perdido a la mamá, el esposo que ha perdido a su esposa, nos queda mucho por hacer y aprender.

Si de este dolor no aprendemos nada, entonces, sí que esos seres maravillosos se han ido en vano.

Rescatemos su partida de las garras oscuras del absurdo, no digamos “¿para qué se fueron? ¿qué sé yo? a mi no me gusta, me duele yo no voy a hacer nada al respecto”, esa actitud hagámosla a un lado y rescatemos a esa tragedia y rescatemos de las garras del absurdo a esto que nos ha pasado y  elevémoslo  a la plena y maravillosa luz del sentido.

Entonces, nuestros hijos, nuestros seres amados, no se habrán ido en vano, de nosotros depende.

Toda la sociedad que en este momento está inmersa en una ola de violencia tremenda, tiene que ver en nosotros claros referentes, en todos los que forman  un grupo familiar, claros referentes de fortaleza, de dignidad, que somos capaces de dar amor aun en medio de la tragedia o del infortunio y que nada ni la corrupción ni la violencia, que es una forma de corrupción, nada de eso va a hacernos cambiar nuestro camino, que está basado y que creció desde, por y hacia el amor.

El amor todo lo puede, el amor todo lo salva y hoy, gracias a ti, lo hemos sentido y estamos sintiendo amor

Respondamos a la violencia con amor y de a poquito, yo les aseguro, que el amor va abriéndose camino y va desplazando la sombra, va desplazando la violencia.

Esa es nuestra respuesta a la violencia: AMOR.

Después seguimos.

(Aplausos sostenidos)

*   *   *   *   *

Gustavo: Primero les voy a decir que hoy, realmente, me emocionó, se me saltaron algunas lágrimas, hacía mucho tiempo que no lloraba, pero no lágrimas de tristeza, sino de emoción; de emoción de ver a tantos papás y a tantas mamás preocupados por  como ayudar a los demás.

Yo recuerdo que cuando nosotros empezamos esta tarea, todas las preguntas eran ¿qué hago con esto que me pasa a mí? ¿qué hago con mi dolor? ¿cómo hago para superar esto? ¿cómo hago para vivir? Y hoy las preguntas son ¿cómo hago para ayudar a otros?, esto ha sido un cambio notable.

Les voy a contar un poco que es lo que es Renacer, que ha cambiado en estos veinte años, una cosa que cambió, es que ahora me siento para hablar, (risas) eso no es por Renacer, esos son los años…

Renacer es un mensaje, nosotros estamos enormemente agradecidos por el cariño que ustedes nos dispensan, pero también estamos igualmente seguros que sin ustedes nosotros no seríamos nada, de manera que Renacer es una ida y vuelta, lo ha sido siempre. El mensaje que nosotros hemos podido trasmitir,  lo hemos ido testeando, lo hemos ido probando a través de los años y ustedes, con sus respuestas, nos han dicho que ese mensaje era correcto.

Ese mensaje no nació de un día para otro, nació del sí que ustedes nos dieron cuando nosotros arriesgábamos una idea, cuando nosotros nos animábamos a decir que la muerte de un hijo debía servir como una plataforma de despegue, como una plataforma de despegue espiritual, una plataforma donde asentarnos, crecer y ser personas distintas; porque nosotros lo experimentábamos, pero no sabíamos si ustedes podían hacerlo y nos animábamos a seguir y ustedes con su respuesta nos decían sigan así.

De manera que este mensaje no es de Alicia y Gustavo, este es un mensaje de todos nosotros, inclusive no es de nosotros, es un mensaje que viene de nuestros hijos, a través nuestro, y se dirige  a la vida.

Por eso cuando nos dicen en algunas preguntas, que en alguno de los grupos hay personalismos, que hay personas que quieren adueñarse de los grupos, yo digo ¿cómo se van a adueñar de algo que no existe, si Renacer es una entidad virtual? No tiene personería jurídica, no tiene membrete, no tiene autoridades, no tiene a veces ni siquiera lugar donde reunirse, que es lo que es.

¿Cómo me voy a hacer dueño de algo que en el fondo no existe? ¿Cómo me voy a hacer dueño de un mensaje que es de los hijos de miles de padres de todo el país y de otros países?

Entonces, esto es de ida y vuelta, por eso nosotros les agradecemos, pero queremos que se agradezcan a ustedes mismos también, porque el mérito es de ustedes, pues,  si cuando nosotros empezamos, y yo miro para atrás y veo las cosas que decíamos el primer año, pero las decíamos de corazón y buscando siempre una palabra de aliento, pero si hoy las leyera, no me quedaría más que reírme, cómo puede decir aquellas cosas, entonces, ustedes agradézcanos, pero agradézcanse a ustedes mismos, porque ustedes son forjadores también de este mensaje.

Ha habido personas que han contribuido mucho y yo quisiera nombrar algunas cosas que se han hecho, que yo creo que son importantes, porque han contribuido a que Renacer sea lo que es.

Existe un boletín electrónico y yo quiero agradecer a Cacho Divizia, a quién todos ustedes conocen, porque ese boletín ha permitido unir a muchas personas de muchos países y ha podido ser hecho sin censura, sin críticas, democráticamente y abierto a todos los padres que quieran colaborar con él, eso en un país como el nuestro, una manera tan democrática y sin censura es un verdadero  logro. Es uno más de los logros de Renacer.

También hemos dicho, lo dijimos en Rosario en el año 95, hace trece años, que deberíamos pensar no en un Renacer para hoy, sino en un Renacer para dentro de cincuenta años y que debíamos trabajar para forjar eso.

Si ustedes recuerdan, hubo una época en que la tarea de cada generación era preparar el camino para la generación siguiente, no era la satisfacción inmediata, no era la satisfacción personal en la misma generación como es ahora, no existía el “compre ya”, todos trabajaban, los abuelos y los padres trabajaban para que sus hijos tuvieran un  destino mejor, es decir, preparaban el camino para la generaciones siguientes.

Eso se perdió, pero en Renacer lo debemos recuperar y para mantenerlo necesitamos apegarnos, necesitamos trabajar firme en la ESENCIA DE RENACER, porque lo que nos ha traído hoy acá no son Alicia y Gustavo, no son los 20 años, es un mensaje, es un mensaje con el cual ustedes están de acuerdo, por eso estamos todos nosotros aquí.

Entonces  quiero agradecerle a unos papás de Renacer Congreso – Uruguay, porque se han tomado el trabajo meticuloso y difícil de desgrabar nuestras charlas, de mandarlas y de mantenerse fiel a la ESENCIA, porque es necesario también que nosotros conozcamos la ESENCIA y  nos mantengamos dentro de ella porque si no, los grupos se van a dispersar, vamos a tener dificultades y el mensaje se va a perder, de manera que, por un lado Cacho con su manera democrática de manejar el boletín y Renacer Congreso con su adherencia a la ESENCIA, yo creo que merecen un aplauso.

Todas estas cosas forman parte de la historia de Renacer.

Yo me voy a sentar… esto también va a formar parte de la historia, porque todos, eventualmente, vamos a ir pasando.

Quiero recordar también a dos personas a quienes yo he querido y quiero entrañablemente y que han trabajado mucho por Renacer y seguro que hay muchos más que yo no conozco, pero sí dos y uno de ellos ha sido una persona muy importante en el crecimiento de Renacer en la Provincia de Santa Fe, con quien compartimos un camino juntos durante muchos años y que nos ha dejado hace muy poco y es Norberto Raviolo.

Y dos compañeros más de nuestra provincia, Eduardo Abecasis y Víctor  Viada, que también nos han dejado.

Lo de Eduardo para mí es lamentable porque él formaba parte del equipo de básquetbol de Renacer, no sé si ustedes se acuerdan de Eduardo, cuya altura no superaba el metro sesenta y lo habíamos elegido una vez para un equipo de básquetbol y designado como representante deportivo de Renacer y Eduardo era uno de ellos.

Cuando nosotros empezamos a trabajar lo primero y fundamental para nosotros fueron los mensajes de Elisabeth Kübler-Ross a quien le debemos también agradecer y tener un reconocimiento.

Elisabeth Kübler-Ross nos respondió muchas preguntas personales acerca de la manera en que los hijos parten, con ella hasta allí pudimos andar, hasta que apareció en nuestras vidas  la obra de Víctor Frankl que nos dio el sustento filosófico antropológico necesario para fundamentar la tarea de Renacer, sobre todo para que Renacer pudiera reproducirse en otros lugares sin la presencia nuestra, porque si nuestra presencia hubiese sido requerida para formar un grupo, eventualmente, esto hubiera sido la obra de un par de iluminados, cosa que no es así, porque vuelvo a repetir, todos ustedes tomaron el mensaje, les gustó y lo adoptaron, y por eso es que  existe hoy Renacer en tantos lugares.

Frankl nos hizo ver el sufrimiento de manera distinta, nos hizo ver el sufrimiento como catalizador de un crecimiento interior, nos dijo Frankl: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”, es decir, el hombre que aun sufriendo prioriza la presencia del otro, se humaniza, por eso pudimos decir un día, cuando quizás nadie nos entendió,  pues poca gente nos entendía, que Renacer es un imperativo ético, porque el resultado final para aquellos valientes que se animaban a dar el salto de  la trascendencia, era la transformación interior, era el acceso a la verdadera humanidad del hombre.

Dijimos luego que Renacer era una revolución cultural, y cultura significa la capacidad del hombre para hacer las cosas distintas a como son.

Aquí parémonos un segundo y analicemos esta frase, “la capacidad humana para hacer las cosas distintas a como son”, si podemos hacer las cosas distintas a como son, también podemos hacerlas mejor, no es obligatorio que las hagamos peor, entonces, si nosotros podemos hacer las cosas distintas a como son y elegimos, en el proceso,  hacerlas mejor, estamos dando un salto que nos lleva a la categoría de lo moral, de la tarea moral del hombre, porque, entonces, al elegir tenemos que optar entre lo mejor y lo peor.

No es como muchos papás nos decían, claro “antes era mejor, ahora todo es peor” y se movían en la categoría “del antes” y “el después” y en esas categorías, desde ese punto de vista, si nosotros analizamos la muerte de un hijo, bajo los conceptos de antes y después, no tienen salida, porque siempre antes fue mejor.

Pero si nosotros podemos movernos en la categoría de lo mejor y lo peor, estamos dando un salto cualitativo, que nos lleva a trabajar en el ámbito de lo moral y ser moral es, en el fondo, dar al otro el doble de lo que uno espera de ellos.

Esto está en relación con algo que habíamos dicho hace muchos años, cuando decíamos ¿qué es aquello que es absolutamente imprescindible para la existencia de Renacer? ¿qué es aquello sin lo cual la ayuda mutua no puede existir?

Es la presencia del otro, porque ¿qué clase de ayuda mutua es si yo voy a una reunión del grupo y estoy solo? Entonces, yo no tengo que cuidarme a mí, yo tengo que cuidar más al otro, tengo que preocuparme de ayudar al otro, para que el otro vuelva, porque sin el otro yo no soy nadie.

Y eso nos costó también, porque al principio la gente estaba muy apegada a sus propios sentimientos, a sus propias emociones, lo único que interesaba era “que yo estoy mal”, “yo extraño a mi hijo”,  “yo quiero a mi hijo y a míf no me importa el otro”, era lo que decían, pero, sin embargo, no había salida sin el otro.

Entonces, en el ámbito de lo moral nos movíamos hacia la valoración del otro, allí definitivamente, sabíamos, con algunos de los elementos que teníamos que trabajar y también sabíamos con que no trabajar.

Todos los modelos psicológicos sacando la logoterapia, se basan en la categoría “del antes” y “el después”.

Si usted va a un psicólogo y le dicen: “yo me siento mal”, le dicen: “a bueno, veamos ¿que le pasó antes?” Entonces, si hoy estoy mal es porque antes me pasó algo malo, si embargo, nosotros en Renacer, venimos a decir que la dimensión espiritual del hombre es aquella que nos permite trasformar esta tragedia en un triunfo, en un triunfo del espíritu humano, en un triunfo humano, entonces es un mensaje totalmente contradictorio al mensaje de todas las ciencias de la psiquis.

Eso también era una novedad y también era difícil, porque nosotros decíamos: no es necesario prestar atención a los sentimientos y a las emociones, son todas negativas, ya lo sabemos, no tengo que perder tiempo preocupándome de como me siento, tengo que utilizar toda mi energía para que el hermano que está sentado frente mío se sienta mejor, en el fondo, era el viejo dicho que también lo dijimos hace muchos años: “aquel que lleva la luz a los demás no puede separarla de sí mismo”.

Y decimos también “no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”.

Todas estas cosas nos iban llevando por un camino que iba muy lejos de la psicología, iba muy lejos del dolor, pero un camino que les decíamos aprovechemos esta oportunidad, porque nunca podemos volver a ser  la misma persona después de perder un hijo.

Y analicemos esto, tengamos 30 años, tengamos 40 años, tengamos 50 años, tengamos la edad que tengamos, se nos presenta una nueva oportunidad en la vida, vamos a ser una nueva persona, la persona que éramos antes ya no somos, haya sido buena, haya sido mala, haya sido perfecta, haya sido como haya sido, ya no somos más, somos una persona en blanco, pero tenemos la posibilidad de elegir lo que queremos ser y eso no solamente es un  desafío, sino que es una aventura, como Renacer fue una aventura.

Entonces, asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos en ese camino entre lo mejor y lo peor, porque podemos decidir, podemos elegir, no somos bebés recién nacidos, comenzamos una nueva vida pero ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decir que es lo que queremos ser, entonces, a través de esa transformación interior, como dijo Moñi, y como dicen todos ustedes, la muerte de un hijo no va a ser en vano,  esos hijos van a ser estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos, son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades.

La vida nos da segundas oportunidades cuando estamos cerca de la muerte y  nos salvamos, pero también nos la da cuando perdemos un hijo y decidimos vivir, pues como tan bien lo dijo Aldo una vez, si yo me muero con mi hijo, el mensaje que le estoy dando a la vida, es que mi hijo va a terminar siendo mi verdugo y ese es un mensaje que nadie quiere dar.

Entonces, viendo las cosas desde este punto de vista, nos damos cuenta que cuando perdemos un hijo, hablar en términos duelo, hablar en términos de elaboración de emociones y elaboración de sentimientos, son palabras muy pequeñas para lo que nosotros podemos alcanzar, son logros que si uno mira, son bien subterráneos, pero tienen que tener su lugar y su lugar es a ras del suelo, no es un lugar elevado.

Por supuesto que algunas personas, algunos papás querrán hacer esto y no hay nada malo en que lo hagan, claro que hagan un duelo y que trabajen elaborando el duelo y priorizando sus emociones y sentimientos, la tragedia, en el fondo, sería que el grupo Renacer no pudiese mostrarle a esos papás que hay algo que trasciende a todo eso, que hay algo que cualitativamente es superior a todo eso.

Porque fíjense una cosa, ¿ustedes conocen a algún ente viviente animal o vegetal que haya sido puesto en este mundo  y no se le haya dado un mecanismo de defensa?

Todo ente viviente tiene un mecanismo de defensa ¿estamos de acuerdo en esto?

Síí…

A ver, nosotros que somos el ente viviente más superior, nos creemos que somos los más superiores, ¿cómo puede ser que nos arrojen al mundo y no tengamos ningún mecanismo de defensa?

¿Cómo puede ser que frente a una crisis, seamos absolutamente incapaces de defendernos? Sería absurdo, ¿nos cierto?

Tenemos que tener un mecanismo de defensa, pero a su vez, como somos el único ente viviente que se pregunta por su ser, que se interroga por su ser y se pregunta ¿quién soy? y ¿a dónde voy? Ese mecanismo de defensa tiene que estar, no para lo físico ¿verdad?, sino para las crisis existenciales.

Tenemos que tener un mecanismo que nos defienda en las crisis existenciales y ese mecanismo es la fuerza indómita del espíritu.

Es este el mensaje que nosotros hemos llevado a lo largo de 20 años y a la gente le costaba creer, a los papás les costaba creer que hubiese algo en nosotros que nos permitiera defendernos, que nos permitiera enfrentarnos y oponernos a este dolor.

Sin embargo, hoy sabemos que existe, hoy lo vemos, lo vemos en los rostros de ustedes, ustedes lo ven en los rostros de otros padres que entran a los grupos y entran con los rostros desfigurados de dolor y salen con una sonrisa en los labios, esa es la fuerza del espíritu.

Y cuando nosotros accedemos a la dimensión espiritual, cuando nosotros tomamos poder de nuestra dimensión espiritual, nos encontramos en la verdad y como contrapartida se nos brinda la iluminación y la paz interior.

Esa es la tarea que los grupos Renacer han hecho, es la tarea por la cual nosotros hemos bregado y ustedes han dicho sí a es mensaje.

Nuestra esperanza es que ustedes, a su vez, decidan  trabajar por un Renacer para dentro de otros 50 años, porque nosotros vamos a ir pasando pero el mensaje debe quedar, entonces, llegaremos a algo que también lo dijimos hace muchos años, por primera vez lo dijimos en Mercedes, Uruguay, todos nosotros estamos aquí haciendo la memoria colectiva de nuestros hijos, pero estamos haciendo una memoria colectiva muy peculiar, porque no está dirigida en contra de algo, es una memoria colectiva a favor de la vida y pueden imaginarse esa memoria colectiva como un hermoso jardín donde cada uno va a plantar algo en recuerdo de su hijo y cada uno deberá decidir si va plantar una rosa, si va a plantar un jazmín o si va a dejar que crezca una ortiga, esa es responsabilidad nuestra, pero lo que hoy estamos haciendo nosotros, sepamos eso, es forjando la memoria colectiva.

Si quieren verlo de otra manera, es decir, que todos nosotros somos de un club, somos socios de un club al que nadie quiso entrar, pero del que nadie puede salir, a no ser que me saquen, en lo que a mí respecta, con los pies para adelante en un cajón,  entonces voy a dejar de pertenecer a este club, pero  pertenezco a un club para toda la vida, ¿por qué no tratar de hacerlo lo mejor posible? ¿por qué no tratar de hacerlo lo más bello, lo más humano, lo más reconfortante, lo más acogedor posible?

¿Por qué  tratar de hacer un club donde haya tantas lágrimas y tanto dolor? ¿Por qué no tratar de embellecerlo, de hacerlo lo mejor posible?, porque ese es el legado nuestro, ese es el legado que nosotros hacemos a nuestros hijos.

Bueno, como tenemos algunas preguntas para contestar, vamos a terminar pidiéndoles a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años para que traten de que los papás nuevos que llegan al grupo sigan ese camino que ustedes pueden mostrarles, un camino de humanización y no un camino de rencor, un camino de bronca, un camino de odio,  sino, como dijo Moñi, un camino pleno de amor, porque lo merecemos nosotros, lo merecen nuestros hijos y hoy, por sobre todas las cosas, lo merece  el mundo, lo merece la humanidad, porque es necesario que en esta vida, en este mundo, haya seres compasivos y solidarios que trabajen pensando en los demás.

Muchas gracias. (Aplausos sostenidos)

2 Comments

  1. 1
    andres Says:

    Soy Andrés Abecasis, hijo de Eduardo y Ester, hermano de Edu y de Nacho.
    Por esas causalidades llegué a esta página.
    Aprovecho para agradecer a todos los amigos de Renacer. Es reconfortante saber que siempre están.
    Cuenten conmigo como reemplazo de Eduardo para el equipo de basquet.
    Abrazos,
    Andrés


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