Sobre papás que han perdido bebés

Pregunta respondida por Alicia y Gustavo Berti en el Encuentro por el 20 Aniversario de Renacer – Huerta grande – Córdoba – Septiembre de 2008.


Alicia

Tenemos varias preguntas sobre papás que han perdido bebés y ustedes se preguntarán ¿por qué?, han perdido bebés que recién nacen o bebés de horas o de días o de meses y quizás un año o un poquito más y se encuentran con la incomprensión de muchos otros papás que aun siendo papás y habiendo perdido hijos, les parece que sufren menos porque, claro, no vivieron tantos años con sus hijos.

Estos papás, que pierden sus bebés, sienten ese dolor lacerante porque con ese bebé hicieron tantos proyectos, a ese bebé se lo sintió crecer en la panza, a ese bebé se le quiso dar el pecho y por ahí no se pudo  y se quedaron esos pechos llenos de leche y el bebé ya no está.

¡Cuánta cosa para esa mamá y ese papá!

Esa cunita que a lo mejor no fue realmente usada, esos peluches que quedaron allí, o esos peluches que el bebé llegó a tocar  y  llegó a sonreír, tantas cosas, pero enseguida se fue.

Papás, tenemos que ser generosos con nuestro abrazo y con nuestra comprensión; todos los papás que pierden un hijo, independientemente de la edad, siempre lo decimos en Renacer, siempre, e independientemente de la forma en que se van, todos son importantes y esos papás aunque sea un bebé, ese bebé va a ser recordado siempre, siempre como un hijo, como si ese hijo hubiera vivido toda la vida con esos papás, por lo tanto, reflexionemos acerca de cómo tratamos o cómo hablamos a los papás que pierden a su bebé.

Hay acá una frase que dice: “no tengo recuerdos de mi bebé” esto sucede cuando el bebé apenas nació y murió, se juntan en un punto el nacimiento y la muerte, ¿qué significado dar o qué sentido dar a esto?

Justamente, en un momento cuando habló Gustavo dijo “los hijos pasan por nuestra vida como estrellas fugaces”, algunos mucho más fugaces, su existencia con nosotros es mucho más breve de  la que hubiéramos querido.

Ningún ser pasa en vano por nuestra vida, no importa cuan breve haya sido su existencia, no importa, porque nos tocan y nos tocan para siempre y profundamente; el tema es cómo elegimos nosotros que sea ese toque profundo que nos dan, si es para nuestra transformación interior y profunda, para abrirnos a la vida y a nosotros o si me voy a replegar en el dolor.

Todos los seres tienen importancia, absolutamente todos.


A los padres de bebés fallecidos

Por Alicia y Gustavo Berti.

Los padres que ven partir a su hijo de solo unas horas, días o pocos meses de vida, y aún aquellos que vieron nacer a su hijito ya muerto en el vientre de la madre, muchas veces viven su dolor en soledad. Luego de trascurridos los primeros días después de la partida, familiares y amigos van espaciando sus visitas y finalmente la pareja queda sola. Y esto se cumple aún antes que en los duelos que involucran niños de más edad o adolescentes.

La idea general es que si no llegaron a conocerlo, a convivir con él o ella, si lo tuvieron tan poco tiempo, seguramente pronto se consolarán, tendrán otros niños, son tan jóvenes…” Estas ideas se basan en un desconocimiento de la situación real que viven un padre y una madre que han perdido su bebe. Ideas que hacen que la mayoría de las personas los contemplen incrédulos cuando luego de trascurridos años, estos mismos padres dejan escapar lágrimas ante la sola mención de su nombre. Verán a madres que después de la partida prematura continúan usando ropa de embarazadas como una forma de negar esa realidad tan dolorosa y prolongar la ilusión del pasado. Y serán testigos de padres que se sientan horas frente a la tumba de su hijito preguntándose “cómo hubiera sido de haber vivido”. O si hubo algo que la madre hizo mal por lo que el bebé murió tan pronto. Y las respuestas parecen no llegar. Estos padres se preguntan una y otra vez: ¿Para qué vino al mundo si se nos iba a ir tan pronto?, ¿Por qué Dios nos permitió concebirlo si luego nos lo iba a arrebatar así?. Este dolor no comprendido por otros, tiene que ver con largos meses de “títulos espera”. De planes y proyectos que incluían a ese ser que no conocían pero al que ya amaban. Planes y proyectos que se inventaron solo por él y para él. Tiene que ver con largos conciliábulos familiares para elegir un nombre, y con toda una vida soñada mientras ese ser crecía dentro del vientre de su madre. Los padres de estos niños logran expresar un vívido y tierno retrato de sus hijos y sus rostros se iluminan ante la oportunidad de hablar de ellos: “Él observaba todo con grandes ojos asombrados, como si quisiera abarcar el mundo en esa mirada, como si supiera que iba a partir…” “era un bebé tan especial, tenía una gran dulzura, siempre regalándonos sonrisas, siempre de buen humor…” “se comunicaba con nosotros a pesar de no hablar aún, con sus ojitos, sus sonrisas y sus llantos…” Y aún los padres que vieron nacer su hijito muerto, comentan con que vividez recordaban la forma en que se movía dentro de la madre: “me acariciaba o se sorprendía o me llamaba la atención cuando yo debía cambiar de posición porque se encontraba incómodo…” Si, hay recuerdos vívidos, dulces, intensos. Y hay muchas, muchísimas ilusiones truncas: proyecciones a un futuro que nunca llegará, no con ese ser. Hay un nombre que nunca será nombrado, hay una cuna vacía y un oso de felpa sin dueño. Y hay miedos. Miedo de no ser capaz de llevar a término un embarazo normal, de haber hecho algo mal que causara directa o indirectamente la muerte del niño. Y son tantas las veces en que las causas no se conocen con certeza, y son, en su mayoría ajenas a los padres. Estos sentimientos deben ser verbal izados, deben expresarse abiertamente para que no se conviertan en fantasma y llegue el esclarecimiento con el aporte o el enfoque positivo a través de aquellos que tienen la capacidad, amor y fortaleza para ayudarlos a discernir, a elaborar y superar esos miedos, esas culpas tan destructivas. Aquellos que pueden ver más allá del dolor, porque sobre estos sentimientos negativos no se puede comenzar a construir. Elisabeth Kubler-Ross sintetiza su experiencia de décadas en el campo de la tenatología en unas simples, claras y hermosas palabras. Ella llama a los niños al mundo por un breve momento con una misión específica: la de transformadores espirituales de sus padres. Viktor Frankl (padre de la logoterapia) dedicó una de sus obras a su hijito concebido solo cuatro meses antes de que su esposa fuera obligada a abortar en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Para Frankl, la breve vida de su hijo tenía un sentido muy importante, que trascendía la tragedia y el dolor, porque había sido concebido en el amor y era ese mismo amor el que le hacía decir en su libro “The Unheard Cry for Meaning” (El grito no escuchado por un sentido): “A Harry o Marion, un niño no nacido.” El sentido de la breve existencia física de estos seres, quizá tenga que ver con ese nuevo sentimiento de dulzura y alegría interior que los padres experimentan al concebir esa vida: con esa expandida capacidad de amar que los padres descubren en su interior y que siempre estuvo allí pero que fue a través de sus hijos que la despertaron. Y esa incrementada capacidad afectiva no desaparece con la partida del hijo. Es parte de nosotros y si ellos nos ayudaron a descubrir es en su homenaje que debemos cultivarla para dar, dar todo el amor de que somos capaces, y en nosotros reside el que, el paso de estos seres por el mundo, no importa cuan fugaz, no haya sido en vano. Que haya despertado en nosotros a seres más compasivos más fuertes, más solidarios, porque habremos aprendido, crecido, y madurado en el dolor, descubriendo, y para siempre, esa nueva e incondicional forma de amar.

Reconocimiento a los padres de bebés fallecidos

Carmen Velardi de Zorzoli -Mamá de Renacer Buenos Aires (Grupo Patrocinio de San José) – Publicado en el Boletín de Renacer Nº 11 (Haga Click aquí para ver el boletín completo).

A los padres que hemos perdido hijos pequeños adolescentes o adultos nos resulta difícil, en un primer momento, comprender el dolor que experimentan los papás que sufren la pérdida de un bebé nacido sin vida, de pocas horas, días o meses, o aún en gestación.

-Sin- darnos cuenta y sumergidos en nuestro dolor, creemos que nuestro sufrimiento es muchísimo más grande, sin pensar que el dolor por la pérdida de un hijo no puede medirse por sus edades.

A través de tantos testimonios escuchados en el grupo, pude comprender que así como la forma en que mueren, al tiempo deja de tener importancia, las edades de nuestros hijos no influyen en la intensidad de nuestro dolor.

Esas mamás y papás con pérdidas de bebés se acercan a Renacer buscando lo mismo que buscamos todos: Ayuda y Contención para transitar el duelo.

Sus testimonios nos hablan de la desprotección que sufren en su entorno familiar y de amigos que, a veces, acuerdan un pacto de silencio o presionan para que se recompongan rápidamente, creyendo que al ser hijos que han vivido tan poco tiempo, deben ser olvidados.

Escuchamos frecuentemente que les dicen frases como: “Son jóvenes”, “Ya tendrán otros hijos”, ‘Tienen la vida por delante”…

¿ Es que acaso por ser jóvenes se sufre menos?

¿ No podríamos pensarlo a la inversa, que justamente por ser jóvenes se está menos preparado para un dolor así?

¿ Pueden otros hijos reemplazar al que se fue?

¿ Qué se quiere decir con tener toda la vida por delante?

Esos hijos que ya no están, cualquiera sea su tiempo de vida, fueron concebidos con amor, fueron amados antes de nacer, desde el primer momento se elaboraron proyectos, expectativas, ilusiones.

Han pasado fugazmente por la vida, pero esos padres quedaron al igual que nosotros con un montón de esperanzas truncas.

Ayudémoslos con nuestro amor y nuestra comprensión para que encuentren el camino que vinieron a buscar. No nos equivoquemos discriminando su dolor, pues nadie posee la vara para medirlo.

Abramos nuestros brazos para que encuentren refugio y puedan con nosotros decir :”SI A LA VIDA A PESAR DE TODO”.

Cuando muere un bebé

Fuente: First Candle/SIDS Alliance (When a Baby Has Died)

Cómo sobrellevar el proceso de duelo
La muerte de un niño es la peor tragedia que puede acontecer en una familia. El impacto que causa este tipo de fatalidad es muy intenso y alcanza a todas las personas que de una u otra forma se relacionaban con el niño: los padres, los hermanos, los abuelos, los amigos y los integrantes de la comunidad. La muerte de un niño produce un desequilibrio en la armonía familiar y amenaza la estructura de la comunidad y la sociedad.
Como mencionamos con anterioridad, el fallecimiento súbito e inesperado de un niño es una experiencia devastadora que golpea y confunde a la familia. El sentimiento de culpa resulta insoportable y casi no existe energía para buscar ayuda de otras personas. No existió forma de predecir la muerte del niño ni de prepararse para la tragedia. Tampoco existen respuestas a la pregunta “por qué”.
La familia requiere información precisa y actualizada para disipar dudas. Cada familia necesita de una ayuda especial que debe planificarse de antemano.

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Oración para un bebé querido

Extraído del “Capítulo 2 – El comienzo de la Vida” del libro “La muerte y los niños” , de Elisabeth Kübler Ross.

 

  

No te conocí nunca, pero te amé.

No te tuve en brazos, como hace una madre.

Contigo enterré mis esperanzas y sueños por un hijo desconocido al que nunca vi.

Pero también enterré el amor en mi corazón y la tristeza de saber que debemos separarnos.

Y ruego a Dios que haga por ti todo lo que yo hubiera hecho.

Que guarde a mi bebé a salvo

para que ría y juegue cuando llegue la primavera.

 

 

 

Un amigo, 1977.

Talleres de especificidad: Palabras de cierre

Resumen del cierre del evento por Juan Francolino, Papá de Luciana, Grupo Avellaneda

Hoy nos reúne “Los Talleres de especificidad” los cuales se realizan anualmente desde el año 2003.
El objetivo de estos talleres es compartir con otros padres vivencias y problemas comunes con los que podemos vernos enfrentados día a día.

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Interrupción del embarazo, muerte en el nacimiento

Documento de Compassionate Friends traducido por Daniel y Gabriela Vítolo. 

 

La muerte de un bebé es una de las más dolorosas y traumáticas experiencias que los padres pueden afrontar a lo largo de su vida. Aunque nadie pueda alejar de ti el dolor que sientes en ese momento, puede resultarte de ayuda conocer como otras personas han atravesado tu misma experiencia, o han encontrado al menos una manera de lidiar con ese intenso sufrimiento que les ha provocado la muerte de su bebé.

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