Las palabras son misteriosas, son como un resorte que está inactivo y que contiene energía latente que se libera cuando es accionado. Como dijo una madre, somos como una planta que va siendo alimentada por el aporte que cada uno va haciendo de cosas que jamás hubiera dicho en otras circunstancias o a otros oídos. Entre tantas palabras bien dichas y oídas, hubo dos que nos resultaron mágicas: “valor” y “libertad”; no, por no haberlas escuchado antes, sino por el significado que tienen ahora, al liberar la energía secreta que contienen. Valor, que da un sentido a la vida de nuestros hijos, bajo una circunstancia, que durante su vida terrenal, no se lo dimos tan abarcador como ahora en su estado de latencia potencial. Libertad, como el momento en el cual nos damos cuenta que la energía que generó esa circunstancia, nos enfrenta a decidir qué hacer con nuestras vidas. Un obstáculo en el camino, es para unos un escalón, para otros un abismo; sólo cuando es escalón nos permite descubrir nuevos horizontes y es, en ese instante, que, por ser escalón, adquiere valor. La libertad de decidir sobre nuestra vida se había opacado, oculta como la energía en el resorte; vivíamos absorbidos por las necesidades materiales, unas reales, otras inventadas, para sujetarnos a los intereses de la publicidad, en una cultura espacial basada en las necesidades físicas y coloreada por los deseos materiales. Ahora, a partir de que hemos sentido poseer la capacidad para decidir que es lo que queremos hacer de nuestras vidas, es que podemos sentirnos dueños de esa vida y construir un proyecto de futuro lleno de esperanza, de esa esperanza que creímos haber perdido en un instante al partir a nuestros hijos. Libertad para decidir; libertad para decir; libertad para sustraerse de los deseos materiales, no de todos por cierto; libertad para disfrutar de lo elegido; libertad de compartir… Ese es el nuevo concepto de vida que nos ayuda a ir descubriendo, en nuestro interior, la fuerza vital que mantuvo vivo a Frankl, que según Daisaku Ikeda es “nuestro sostén interior y la manifestación de un poderoso flujo vital”. Dice Daisaku Ikeda en su libro “La Vida un Enigma”: “El doctor Viktor E. Frankl, profesor de neurología de la Universidad de Viena, fue uno de los muchos judíos arrojados por los nazis en el campo de concentración de Auschwitz. Más tarde, el doctor Frankl escribió un libro en el que hacía la siguiente declaración: ‘Cualquiera que fuese incapaz de creer en su propio futuro estaba destinado a la destrucción. En ese campamento, si le faltaba un futuro no tenía nada a qué asirse y se derrumbaba por dentro, hundiéndose más y más, tanto física como espiritualmente.’ Sin duda, la confianza que el doctor Frankl sentía en el futuro fue lo que le permitió sobrevivir, pues las esperanzas, los sueños, la fe y un sentido de la propia misión son fuerzas que nos permiten abrir nuestro futuro.” Según sea el valor que demos a nuestros hijos, será nuestra libertad para vivir plenamente en el futuro. O, dicho de otra manera, según sea nuestra libertad para vivir plenamente en el futuro, será el valor que demos a nuestros hijos. Sólo podríamos agregar a esto una palabra también mágica: ¡gracias! Gracias a nuestros hijos por mostrarnos un camino y gracias a Nicolás que inspiró a sus padres para iluminar ese camino. Ulises, Ana y Enrique De Renacer Congreso “Por la Esencia de Renacer”
Valor y Libertad, dos palabras mágicas.
Domingo 15 Noviembre 2009 a 12:42 pm (Esencia de Renacer)
Nuestra Actitud Frente a la Vida
Sábado 31 Octubre 2009 a 9:05 am (Esencia de Renacer)
“Se nos ha dicho que cuando perdemos un hijo estamos tan llenos de dolor que no tenemos nada para dar salvo dolor y desesperanza y que ¿cómo podemos ir a un grupo a dar algo de nosotros?
Esto quizá haya sido cierto hasta que llegó Renacer proponiendo un cambio existencial al sostener que la pérdida de un hijo es una condición permanente, pero el sufrimiento que ello produce no debe ser permanente y que, aún inmersos en la más profunda crisis, siempre nos queda la libertad para decidir la actitud con la que hemos de enfrentar nuestro destino.
Frente a lo irreversible, frente a aquello que no puede ser cambiado, el hombre tiene aún la última de las libertades individuales: la de elegir la actitud con la que ha de enfrentar su destino, a la vez, hacerse responsables de esa elección, y se podrá vivir como si los hijos fueran los artífices para arruinarnos la vida o convertir a los hijos que partieron en un valor, es decir, en algo que nos arrastre hacia nuevos valores orientados hacia el futuro.
La pérdida de un hijo es la crisis existencial más severa por la que un ser humano puede pasar, sin embargo, dentro nuestro, hay recursos interiores tan fuertes, tan increíbles, que se descubren, justamente, frente a una crisis como ésta y nos damos cuenta que se puede, hay cosas hermosas que uno descubre a partir de lo que nos pasó.
Si a nuestro hijo sólo lo dejáramos en el recuerdo del pasado, nos haría daño pues nos tendría atrapados entre recuerdos y sentimientos que no nos ayudarían a enfrentar el presente, el aquí y el ahora; pero, si yo, por mi libre elección lo convierto en un valor, lo veo adelante de mí, como algo que me arrastra, exigiéndome que actúe, que me esfuerce, se convierte así en una fuerza impulsora que me obliga a la acción, a salir para adelante.
Cuando muere un hijo, lo que importa es lo que hacemos de allí en adelante, lo que importa es cómo vivimos nuestra vida a partir de lo que nos pasó.
El vacío que dejan los hijos que se van, a veces lo queremos llenar con algo y no sabemos con qué y lo primero que se nos ocurre es llenarlo con más dolor, con lágrimas, con el llanto desesperado, con depresión o llenarlo con pastillas; si están tomando pastillas por que están tristes, están postergando lo que tarde o temprano han de enfrentar sin pastillas.
Si hay tantos padres que han podido salir, les aseguramos que ustedes también pueden salir, no abandonen la lucha, porque los hijos se lo merecen.
Hemos trabajado con el convencimiento que al enfrentarnos a situaciones límites nos damos cuenta, quizá por primera vez, que somos seres históricos, envueltos en nuestro propio devenir, que la historia ya realizada no puede ser cambiada, que no tiene sentido continuar rumiando eternamente sobre ese pasado, y que la salida existencial yace por delante nuestro, en lo que aún queda por realizar de nuestro futuro, en otras palabras, que la única manera de eliminar la oscuridad es dejando que entre la luz.
Alguien puede tomar la pérdida de un hijo y decir que el hombre es lo que recibe y que el destino lo ha castigado y ahí se terminó todo, o podemos decir que nosotros somos lo que damos a la vida y que la memoria de nuestros hijos es lo que vamos a entregar a la vida.
Tenemos que pensar muy bien que es lo que vamos a entregar a la vida, entonces podemos darnos cuenta que lo que el destino nos ha brindado es una realidad de la vida y que a nosotros nos queda la libertad interior de decidir qué va a hacer cada uno con el dolor que le ha producido la pérdida de un hijo, porque una cosa es lo que a mí me ha pasado y otra cosa es lo que yo decido hacer con eso que me ha pasado, que no es lo mismo.
Nuestros hijos han partido antes de lo que quisiéramos, pero aunque uno se muriera en vida, uno no pode decir que se muere porque se murió su hijo ¡me he muerto porque he elegido morirme después que mi hijo partió!, que es muy distinto, es pues responsabilidad de cada uno de nosotros la actitud que asumamos.
Los papás de Renacer tenemos la responsabilidad de trasmitir una actitud de solidaridad, de amor incondicional, de rescatar el valor de la vida por encima de todo lo que nos pueda pasar, lo tenemos que llevar en nuestra actitud todos los días de la vida, es nuestra responsabilidad trasmitir alegría de vivir, es nuestra responsabilidad trasmitir el valor de la vida y no importa lo que pase afuera, no importan los problemas que haya, yo tengo que tratar de mantener siempre mi mejor actitud y dar siempre lo mejor de mí, en todas las situaciones de la vida.
Al descubrir una vida nueva, al descubrir una persona nueva en nosotros, nuestra conciencia despierta y ya no podemos vivir irreflexivamente ningún momento de nuestra vida, porque ahora sabemos que esto es transitorio, lo sabemos desde adentro, entonces, aunque estemos bien tenemos que estar siempre alertas, siempre con la conciencia despierta, porque si no podemos volver a los vicios anteriores y los falsos valores vuelven a introducirse en nuestra vida y entonces, el dolor por la partida del hijo vuelve a hacerse presente.
Necesitamos tener la conciencia despierta para no estar ausentes allí donde somos espiritualmente necesarios.
Esto es parte de la esencia de Renacer.”
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los
creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti, octubre de 2009.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer”
El homenaje a nuestros hijos es con nuestra propia vida.
Jueves 15 Octubre 2009 a 12:35 pm (Esencia de Renacer)
A quienes hemos sufrido la tremenda crisis existencial, que nos ha enfrentado al dilema de tener que vivir en adelante sin nuestros hijos, el Mensaje de Renacer nos dice que esa crisis existencial nos permite ver la vida de una manera distinta.
Si queremos hacer de ella un tránsito hasta el día de nuestra propia muerte en el cual la partida prematura del ser querido sea un martirio permanente, sea sólo angustia y llanto y no querer vivir más, haciendo de ellos quienes nos arruinaron la vida o, por el contrario, queremos que su partida sea un hito en nuestras vidas que a través de su amor, nos haga cambiar, que nos induzca a ser mejores personas en homenaje a ellos.
En Huerta Grande Gustavo Berti dijo: “No somos las mismas personas, no podemos; querer seguir siendo los mismos es una necedad, el sufrimiento no debe volvernos necios.” pocas veces Gustavo Berti utiliza términos de esta naturaleza.
Tenemos que aceptar que no somos las mismas personas y enfrentarnos a la gran responsabilidad de optar qué persona queremos ser.
Si queremos dejarnos llevar por las emociones, sumirnos en la angustia, cerrar puertas y ventanas, no queriendo vivir más o, por el contrario, queremos cambiar por completo y decidir que en homenaje de amor hacia quien partió prematuramente, ver al mundo y a nosotros mismos de una manera distinta, viviendo hasta el día de nuestra muerte una vida digna.
Caminamos de la mano de nuestro hijo.
Martes 6 Octubre 2009 a 7:43 am (Esencia de Renacer)
Cuando perdemos un hijo nos invade una nube de dudas y no sabemos que hacer con un dolor que nos parece que fuera más de lo que podemos contener; eso es lo que nos pasó hace hoy 16 años al partir Enriquito un 16 de setiembre.
Muchos papás y mamás empezamos a odiar a las túnicas blancas, cerramos puertas y ventanas, muchas veces apagamos la televisión, dejamos de escuchar la música que escuchaban nuestros hijos, las madres no cocinan más aquellos platos que tanto les gustaban a nuestros hijos, muchos toman la cama y no quieren levantarse, no vamos más a los cumpleaños de los familiares y amigos, muchas madres andan, ahora, desarregladas con luto en sus caras y padres que andan por la calle como si estuvieran buscando moneditas en el piso y es como si dijéramos que nuestros hijos nos han arruinado la vida…
Pero un día escuchamos una palabra: “Renacer” y con aquella angustia en nuestro corazón llegamos por primera vez a una reunión de Renacer.
Allí empezamos a escuchar palabras que jamás habíamos escuchado.
Oímos decir que la partida de nuestro hijo es un hecho del pasado. Y nosotros nos habíamos estancado en aquella fecha, en aquel día, en aquella hora… pero, para Renacer, la partida de nuestro hijo era un hecho histórico, un hecho del pasado, y nuestra vida es desde aquí para adelante…
Que aquellos ¿por qué? que nos habíamos hecho, ¿por qué a mí? ¿por qué a nuestro hijo? ¿por qué ahora que estaba lleno de esperanza, lleno de proyectos? u otras preguntas similares que millares de padres se han hecho en el mundo, jamás han tenido respuesta.
Que no somos nosotros los que tenemos que preguntarle a la vida, sino que es la vida la que nos pregunta a nosotros: tú padre, tú madre ¿qué vas a hacer con tu propia vida ahora que no tienes a tu hijo? nuestros hijos eran para siempre, pero la vida, el destino o lo que fuere, nos ha enfrentado a tener que vivir sin ellos.
Escuchamos decir que nuestro hijo no merece que lo tratemos como nuestro verdugo, que nuestro hijo puede ser nuestro guía para caminar con ellos de la mano… como expresa el lema de Renacer San José.
Y nos hablaron de Víctor Frankl, que nosotros no somos lo que la vida nos da, pues si fuéramos lo que la vida nos da, tendríamos que estar arrastrándonos por el piso como dice una madre: “yo, llegué a Renacer no por el piso, llegué por debajo del piso…”, pero Víctor Frankl dice que el hombre no es aquello que la vida le da, sino que el hombre es aquello que cada uno le da a la vida, y promueve en nosotros la pregunta ¿qué le vamos a dar a la vida en homenaje a nuestros hijos?
También Víctor Frankl, dice que se puede definir al ser humano como aquel ser, único en el universo, que es capaz de oponerse a aquello que lo condiciona. Y la pérdida de un hijo nos condiciona y nos hace pensar que debemos vivir permanentemente amargados por esa circunstancia y que reír es traicionar su memoria y estas palabras de Víctor Frankl nos dan esperanza pues descubrimos que como seres humanos tenemos la capacidad de oponernos a aquello que nos determina.
Al principio no entendemos ese nuevo lenguaje: que podemos cambiar de actitud… de no perder la esperanza… que no somos lo que la vida nos da…
Esas palabras no entraban en nuestro lenguaje, pero luego, como el agua mansa que penetra y fertiliza la tierra, el mensaje de Renacer va penetrando, también como agua mansa, en nuestros corazones.
Un padre dijo una vez “yo fui recogiendo herramientas en el camino, mientras iba una y otra vez a las reuniones de Renacer; al principio no podía entender aquello de que mi hijo era un hecho histórico en mi vida y no quería volver a las reuniones, pero un día me di cuenta que sí, que tenía que vivir el resto de mi vida aceptando que aquello había sucedido y ahora les digo que no importa cuantas veces oigan repetir esas cosas, yo estoy en Renacer por haberlas oído repetir”.
Cada uno de estos pensamientos de este nuevo lenguaje, fue calando hondo en nuestros corazones y entonces, empezamos a darnos cuenta que podemos caminar de la mano de nuestros hijos como guías y maestros.
¡Como no vamos a caminar de la mano de nuestros hijos si nos han enseñado una cantidad de cosas!
Nos han enseñado a no tenerle miedo a la muerte, si él ha pasado ese trance, empezamos a darnos cuenta que todas esas cosas que nos pasaban en la vida diaria en la cocina, en la calle, en la oficina no tienen importancia; si hemos perdido un hijo ¿qué más nos puede pasar?
Nos sentimos más tolerantes y en cada paso podemos aplicar lo aprendido en Renacer: que frente a aquello que no podemos cambiar, podemos cambiar de actitud, porque ante cualquier incidente que tengamos, ante cualquier pequeño percance que tengamos o cualquier contrariedad, también es un hecho del pasado y también a cada instante tenemos la oportunidad de cambiar nuestra actitud y ¿en homenaje a quién hacemos el cambio de actitud? en homenaje a ese hijo que ya no está con nosotros ¿cómo no lo vamos, entonces, a homenajear a cada instante?
Entonces, cuando salimos a la calle, cuando nos enfrentamos a los problemas que surgen en la calle, en la casa o en la oficina, en esos momentos podemos, en homenaje al hijo, cambiar de actitud.
A veces pensamos en nuestros hijos como que están allí en la cama del hospital, en el lugar del accidente, o donde se quitaron la vida, o fueron agredidos, ellos no están allí, ellos no están en el pasado, están en nuestro futuro, cualquiera sea la creencia que cada uno tenga sobre a donde nosotros mismos vamos a llegar el día que tengamos que pasar ese trance, porque lo vamos a tener que pasar, nuestros hijos están allí esperándonos.
Renacer es un acto de fe, un acto de esperanza…
¿Y cómo hemos de cubrir nosotros el tránsito entre hoy y el día que nos toque partir?
En Renacer nos empezamos a dar cuenta que tenemos que vivir una vida digna por ese hijo que partió, pues se lo merece, pero también tenemos que vivir una vida digna por nosotros mismos como seres humanos y Renacer nos recuerda que la vida nuestra es de aquí para adelante, no la podemos dejar en el pasado.
Comprendimos que Renacer no es el paño de lágrimas donde vamos a descargar todo nuestro dolor y menos aún trasmitir ese dolor a los demás, por el contrario, es el ámbito para trasmitir este nuevo lenguaje que contiene esperanza y compromiso.
El mensaje de Renacer podría reducirse a muy pocas palabras y decir que el mensaje de Renacer es una opción; o dejarnos llevar por las emociones y terminar arruinando nuestra propia vida y la de quienes nos rodean o asumir una actitud positiva y vivir una vida digna por nosotros mismos, por todos los que nos rodean, en homenaje a ese hijo que ya no está físicamente con nosotros, que es como una estrella fugaz que ha pasado por nuestras vidas para transformarnos.
Entonces nuestra vida empieza a cambiar.
Esa es la opción que muestra Renacer; por un camino seremos peores personas, por el otro seremos mejores personas.
No será nunca motivo de vanidad sentirnos mejores personas, pues el verdadero sentido de ser mejores personas es sentirse mejores personas que uno mismo, no mejores que los demás, no nos vamos a comparar con los demás, nos tenemos que comparar con nosotros mismos.
Hoy recordamos a Enriquito, como la estrella fugaz que pasó por nuestras vidas para transformarnos, quien nos trajo de la mano a Renacer, porque no queríamos seguir viviendo como estábamos viviendo.
Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay
“Por la Esencia de Renacer”
Lo que buscamos no está en el pasado
Viernes 25 Septiembre 2009 a 1:58 pm (Esencia de Renacer)
“Todo lo que ha pasado no se puede modificar.– Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer
Continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lugar, vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.
La respuesta no está en el pasado, está adelante nuestro, en lo que todavía nos falta por hacer.
Siempre hemos dicho que no nos detengamos en lo que nos ha pasado, sino tratemos de canalizar nuestras energías acerca de la multitud de posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, una serie de caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero que están allí esperando ser recorridos por nosotros.
Si no los recorremos es por dos razones o porque no tenemos la voluntad o porque tenemos miedo.
Esos caminos están ahí,esperando que los transitemos.
Simplemente, preguntémonos, nosotros que supuestamente somos la creación más perfecta que existe en este planeta, ¿por qué razón tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?
Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.
Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, tienen dos significados: primero, no me puedo mirar a mí mismo; para mirarme a mí mismo tengo que doblarme y lo único que puedo ver es el ombligo y voy a terminar quebrado.
La otra razón por la que tenemos los ojos adelante es porque tengo que mirar hacia adelante, tengo que mirar y caminar para adelante.
Tengo que mirar hacia el futuro.
Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.
John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice “El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio.”
En el fondo, la tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces su muerte fue en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.
Como padre tengo la obligación de que no sea de esa manera y sólo cada uno lo puede cambiar, solamente cada uno puede decidir qué es lo que va a aprender de esto, si voy a llorar, hasta que pueda regar las plantas del jardín, es decir, que el dolor nuestro y nuestra tragedia sea en vano y no tenga sentido.
Seguir mirando hacia atrás, no conduce a ningún lado, vas a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un montón de sal.
¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot? Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.
La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa? Se convierte en una estatua de sal.
¿Cuál es el significado de esta metáfora? Que al mirar a su pasado se cristalizó en lo que quedaba atrás. Ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.
El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.
Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivimos, no tenemos otra cosa, no hay otra manera.
¿Cómo vivo mi vida? ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?
Sirve para una sola cosa, para hacerte más solidario y ayudar a otra persona a que sufra menos.
Pero si quieres ayudar a otra persona a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo tal y cual otra cosa…
¿Qué clase de ayuda es esa?
Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que olvidarse de su dolor, tiene que decirle yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti, setiembre de 2009.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso
Vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos
Viernes 28 Agosto 2009 a 2:26 pm (Esencia de Renacer)
“Hay una realidad en la que, muchas veces, poco pensamos y es que, por más que un hijo haya partido, así sea el único, esto no nos priva a nosotros de la condición de padres. Seguimos siendo padres pues los hijos son para toda la vida, estén o no estén con nosotros; ellos siguen siendo nuestros hijos y nosotros sus padres, por lo cual tenemos que pensar qué clase de padres queremos ser.
Seguramente que lo habíamos pensado antes, cuando los hijos estaban al lado nuestro, nos habíamos hecho el propósito ser un padre digno para este hijo o hijos, un padre que muestre valores, que enseñe valores o ¿dejábamos que se criaran solos sin ningún ejemplo?
¿Ejemplo de qué les dimos a nuestros hijos cuando estaban vivos?
Si entonces les dimos ejemplo de dignidad, ¿Por qué vamos a dejar de darlo ahora que no están?
Es importante darse cuenta que, en ese sentido, seguimos teniendo la misma obligación que teníamos cuando nuestros hijos estaban presentes físicamente.
Hay que elevarse como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, que significa hacer el esfuerzo de ponerse de pie, significa elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.
Esto no significa que no se pueda estar triste, pues es natural estar triste, es natural llorar un poquito, extrañarlo, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que uno no puede estar consigo mismo ni dentro de sí mismo, siendo un extranjero o una extranjera dentro del propio cuerpo; eso es lo que no puede ser.
¿Hay algo que podamos hacer por los hijos que no están físicamente con nosotros?
A veces alguien puede pensar que ya no se puede hacer nada por él o ella.
¡Cómo que no se va a poder hacer nada! Se puede sí, porque una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con esto que nos pasó.
¿Qué podemos hacer con esto que nos pasó?
Se puede renunciar al dolor desesperado, se puede renunciar a sentir esa pena prolongada, se puede hacer el esfuerzo de hacerlo pues ellos lo merecen, se merecen nuestro mejor esfuerzo, y cuando hablamos de dar el mejor esfuerzo es que tenemos que renunciar a nuestras lágrimas cuando las hemos puesto en el lugar del hijo para que ese hijo se sienta libre, libre del peso de nuestro dolor y de nuestras lágrimas y siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida de aquí en adelante.
Venimos a Renacer a dar algo de nosotros mismos en recuerdo, en memoria, de ese hijo que partió; tengo que dar algo hermoso, no voy a dar tristeza, llanto, bronca o rabia, y, si voy a dar algo hermoso en memoria de mi querido hijo, lo único que tengo para dar es amor.
Así, cuando nos toque partir, no nos haya quedado nada sin hacer, ni nos haya quedado amor por dar.
Como ustedes ven, todavía podemos sentir y dar amor en nombre de los hijos que no están, pues estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque habiendo perdido un hijo, no queremos seguir viviendo como estábamos viviendo, y para que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para recuperar, sin lágrimas, el recuerdo de nuestros hijos.
De esa manera, aprenderemos a vivir de una manera digna, que incluya amorosamente a nuestros hijos.”
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti. Julio de 2009.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer
Lo que descubrimos en Renacer
Viernes 14 Agosto 2009 a 9:59 pm (Esencia de Renacer)
Cuando perdimos a nuestro hijo Enriquito, en medio del dolor, nos enteramos por la televisión que existía el grupo “Renacer” de padres que enfrentaban la muerte de sus hijos de una manera distinta a como lo hacíamos nosotros y, llenos de esperanza, concurrimos a una reunión cuando hacía ya más de dos años de la partida de nuestro hijo.
Lo primero que nos llamó la atención fue que nos dijeron que había dos caminos por los que podíamos optar, uno era dejarnos llevar por las emociones, encerrarnos en nosotros mismos, cerrar puertas y ventanas, tirarnos en la cama no queriendo hablar con nadie, no queriendo ir a trabajar, llenar nuestro corazón de resentimiento, de odio, de amargura y todos los sentimientos negativos que sumergen en la oscuridad al alma humana y otro camino era descubrir que nos había pasado algo que no podemos modificar y, a partir de ahí, podíamos optar por modificar nuestra actitud frente a la vida y, gracias al poder de transformación emanado de la fuerza indómita del espíritu, vivir una vida plena.
La nuestra no era la situación descripta en primer término pero, de cualquier manera estábamos a la búsqueda, pues queríamos encontrar algo que nos ayudara a salir adelante por nosotros y por nuestra familia, pero no sabíamos como y transitamos por la filosofía oriental a través de los libros de Daisaku Ikeda.
Todo dolor trae consigo una enseñanza
Viernes 31 Julio 2009 a 5:00 am (Esencia de Renacer)
“El hombre no puede evitar su destino, pero a él y únicamente a él le corresponde decidir con que actitud lo confrontará; sólo suya será la decisión de dejarse arrastrar como una hoja en la tormenta de otoño, o levantarse fuerte como un árbol que se dobla pero no se rompe durante esa misma tormenta.
El sufrimiento, el sufrimiento intenso, ese sufrimiento que lleva en él la capacidad de aniquilar al hombre, presenta, en cambio, la posibilidad de llevarlo a recorrer un camino existencial distinto, dado que puede hacer que seres humanos retrocedan a la categoría de entes al padecer un sufrimiento al que no han sabido encontrarle un sentido, pero también puede hacer que otros seres al haber logrado perder su angustia por una decisión que ya ha sido tomada por el destino, asumir una respuesta diferente y, en ese proceso, adquirir un conocimiento del ser tan intenso, tan profundo, que los lleve a un estado de iluminación, de trascendencia del propio destino.
La muerte de un ser muy querido es y será motivo de hondo pesar, pero la decisión de morirse con ese ser, es únicamente del mismo hombre, como lo será la decisión de caminar con la frente en alto desafiando la adversidad, pues si bien el destino es quien hace las preguntas, siempre le quedará al hombre la libertad de cómo responderlas.
Ante la partida de un hijo, a quien difícilmente estaremos preparados para despedir, el dolor es demasiado intenso, desconocido; pareciera que la vida no debería continuar y que el tiempo, en su eterno fluir, se hubiera detenido en un punto en el espacio, un punto de total incredulidad e irrealidad.
Una Puerta Abierta a la Dimensión Espiritual
Miércoles 15 Julio 2009 a 8:27 am (Esencia de Renacer)
Para Víctor Frankl la libertad del individuo se manifiesta a partir de su dimensión espiritual y sostiene que ni la situación psicofísica ni la posición social son decisivas en la posición en que se halla una persona, sino que lo decisivo radica en la persona espiritual, en las actitudes personales que cada uno adopta frente a las circunstancias que se le presentan en la vida.
Descartes ha dicho que “pocos errores contribuyen tanto a alejar a los espíritus débiles del camino recto de la verdad, como el que sostiene que el alma de los animales es de la misma naturaleza que la nuestra y, por consiguiente, que no tenemos nada que temer ni esperar después de esta vida, lo mismo que las moscas o las hormigas.”
Sin embargo ¿No fue acaso, la lógica cartesiana la que condujo de la mano a la ciencia, para “erigirnos en dueños y señores de la naturaleza”, como lo expresa el mismo Descartes, y luego sumergirnos en el materialismo deshumanizante, falto de espiritualidad que inunda hoy al mundo?
Así sucedió pese a que para el propio Descartes el alma racional humana no puede haber sido sacada de la fuerza de la materia, “No basta, que el alma racional habite en el cuerpo humano como un piloto en su navío, sino que es necesario que esté unida íntimamente a él para tener sentimientos y pasiones y formar así el hombre verdadero”, dijo.
No todo termina cuando se va un hijo
Viernes 3 Julio 2009 a 10:30 am (Esencia de Renacer)
“No todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan.
Esa es la tarea; descubrir qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo, qué es lo que comienza que valga la pena, qué es lo que comienza que tenga el mismo valor que ese hijo que se fue, ese es el desafío para todos nosotros.
¡Cuánto tenemos todavía para vivir! ¡cuánto! cuánto valor hay todavía en la vida! ¡cuánto para hacer, para dignificar y para proteger la vida, comencemos a hacerlo ya, si no lo hemos hecho antes, y si ya lo hicimos, sigamos haciéndolo, no nos quedemos cortos, porque nuestros hijos, los que están, los que no están, los que nos rodean, todo, la vida merece nuestro mejor esfuerzo siempre y por toda la vida.
Yo elijo lo que voy a hacer con mi vida, yo elijo como voy a llevar mi dolor, si lo voy a llevar buscando moneditas por el suelo o lo voy a llevar con dignidad porque así se lo merece mi hijo, porque así se lo merecen los hijos que me quedan.
Hubo sí un momento en que se rompió mi conexión con el mundo, se rompió mi conexión con el otro. Cuando parte un hijo, de repente, uno se encuentra aislado, solo con su dolor, solo consigo mismo, todo cambió; se rompió el puente que me unía al mundo y a los demás.
Entonces tengo que volver a construir ese puente que me va a llevar otra vez a relacionarme con el mundo, con los demás.
El duelo no se elabora, el duelo se trasciende
Jueves 2 Julio 2009 a 8:55 am (Esencia de Renacer)
“Recuerden nuestra aseveración que la muerte de un hijo es un acontecimiento nuevo en la vida de una persona, acontecimiento al que no le cabe la palabra duelo porque ésta implica, en el fondo, un volver a lo normal, a lo previo y sabemos que eso es imposible, al menos para quienes creemos que Renacer tiene una esencia concreta.
Cabe destacar que “los acontecimientos” crean nuevos mundos, mundos con nuevas lógicas, lo que implica desafíos y aperturas de la mente y del espíritu necesarios, no sólo para comprender esos nuevos mundos y situarnos en ellos, sino para comprometernos existencialmente, para darnos cuenta, entre otras cosas, del verdadero significado de la compasión y la solidaridad que demanda de nosotros: “la búsqueda y el conocimiento de quién y qué no es infierno, en medio del infierno, y hacer que dure y darle espacio.” (Ítalo Calvino)
En nuestra cultura es conocido que la muerte cuando llega de visita a un hogar da un nombre a los deudos de la persona que ha fallecido, así es de uso corriente que, de un momento para otro, alguien se transforme en viuda, viudo o huérfano, quienes prontamente pasan a estar en duelo, pero hay un caso puntual en el que la muerte no ha sabido aún como nombrar a quienes permanecen de este lado de la vida, es el caso cuando muere un hijo y cuando esto sucede todos se estremecen y recuerdan entonces que la muerte de un hijo no tiene nombre…
Un Aporte en Busca de Un Lenguaje Común
Viernes 12 Junio 2009 a 6:17 pm (Esencia de Renacer, Material de Lectura)
Es propio de la ESENCIA DE RENACER no hacer ninguna diferencia con respecto a la causa de la muerte de sus hijos y partir de este hecho, que es lo que verdaderamente une a todos los padres, trabajar sobre la transformación que representa para el futuro de nuestras vidas, la perdida sufrida.
Sin embargo, es frecuente que se pregunte a los padres con más experiencia, cómo tratar a aquellos papás cuyos hijos se han suicidado, y aún más, pues en el encuentro de Huerta Grande 2008 se ha formulado la pregunta ¿por qué no nos referimos siempre al suicidio con el término suicidio?
Ante tal pregunta Gustavo Berti dijo: “No hay nada de malo en decir “yo perdí un hijo por suicidio” y agrega “en última instancia cada papá o mamá lo nombrará como mejor le parezca.”
En esta respuesta hay por lo menos una apertura al uso de “un leguaje común”; suponemos que Berti intuye que es posible, también en este caso, utilizar la capacidad de hacer las cosas distintas a como parecen ser o dicho de otra manera, para ver las cosas distintas a lo que aparentan ser por los paradigmas vigentes relativos en este caso al suicidio.
Paradigmas a los que Jasper describe con precisión al decir “todos los despotismos, todas las iglesias, toda violencia que salió del hombre y pasó por el hombre, han rechazado con horror el suicidio.”
Conocemos el caso de un padre de Renacer que acudió a un cura en procura de consuelo y el cura le dijo: “su hijo está en el infierno.”
En busca de un leguaje común, nos atrevemos a realizar una reflexión acerca del uso de la palabra suicidio en los grupos Renacer.
Una Historia de Amor
Viernes 29 Mayo 2009 a 7:10 am (Berti, Alicia y Gustavo, Esencia de Renacer, Material de Lectura)
Homenaje a Nicolás
Estrella fugaz que surcó el firmamento, iluminado nuestro camino
De parte de quienes vinimos, entramos, nos ayudaron, nos abrazaron cuando
“Renacer era una cosa ya hecha”
Por Ulises, Ana y Enrique de Renacer Congreso- Montevideo Uruguay
“Por la Esencia de Renacer”
20 de Mayo de 2009
“A través de estos años que fueron años duros y difíciles, tuvimos muchas
dificultades y tuvimos problemas y tuvimos enemigos; tuvimos problemas
de afuera y tuvimos problemas de a dentro […] queremos contarlo, porque
para muchos de ustedes Renacer era una cosa ya hecha que estaba
cuando vinieron, entraron, los ayudaron, los abrazaron, pero se preguntaron
¿cómo nació Renacer? ¿cómo se originó? ¿qué dificultades tuvo que pasar?
¿cómo creció? ¿cómo llegó a ser lo que es ahora?”
Gustavo Berti en Huerta Grande 2003







