ENCUENTRO DE LOS GRUPOS RENACER DE URUGUAY CON ALICIA Y GUSTAVO BERTI 31 DE MARZO Y 1º ABRIL DE 2006
Yo veo aquí a muchos hermanos y hermanas que a su vez traen a sus novios, novias o esposos, porque los chicos crecen; para mí es una alegría tan grande cuando veo a los hermanos porque están acompañando a sus papás, nos están recordando que ellos todavía están de este lado de la vida, por tanto, nos necesitan de una manera diferente a como nos pueden necesitar los otro hijos que no están físicamente.
Los otros hijos, nos pueden necesitar espiritualmente pero estos hijos nos necesitan enteros, espiritualmente, físicamente, afectivamente y tenemos que estar ahí para ellos.
¿Por qué están estos hermanos aquí? Ellos están diciéndonos papá, mamá aquí estamos, estamos con ustedes, los acompañamos, pero acuérdense, siempre, que aquí estamos.
Y todos los hermanos se sonríen ¿están contentos porque dije esto? a ver, levanten la mano… o mejor, por favor, ¿pueden pararse los hermanos?… (aplausos) les encanta… pero… ¿no les dio un poco de vergüenza porque todos los miraron?
Gustavo: A los hermanos les toca una situación aún más difícil que a los padres, pues muchos hermanos han tenido una vida en la que el hermano o hermana que partió no hubiese estado.
Nosotros hemos tenido una vida previa en la que nuestros hijos no figuraban, no existían, pero es real para muchos de los hermanos, que prácticamente, no han pasado tiempo de su vida sin la presencia del hermano o hermana que partió.
Por otra parte, tienen el temor de que sus padres no vuelvan a ser los mismos que antes, es decir, que no solamente perdieron un hermano sino que pueden perder la familia, verla destruida, ese es otro pensamiento que los aflige, que los perturba.
Nosotros no podemos darnos el lujo de encerrarnos en nuestro propio dolor y no prestar atención al dolor de los demás, sobre todo, al dolor de los hermanos.
Hemos visto muchos hermanos que nos dicen cómo sus padres se han destruido, que sus padres se olvidaron de ellos, inclusive hoy mismo hubo una llamada a Ana de una madre que le dijo que su hija le había dicho “qué tenía que hacer para que se acordaran de ella”; y la frase tan conocida que figura en tantos libros de un hermano que le dice a sus padres “papá, mamá, ¿tengo que morirme yo, para que ustedes se acuerden de mí?
Todos estos peligros están ahí delante y si uno se cierra sobre su propio dolor, es como el corta pluma cerrado, termina viéndose el ombligo y no puede ver lo que está frente a uno y así es probable que se destruya la familia.
Todo esto se puede evitar, requiere esfuerzo, requiere tenacidad, requiere voluntad y requiere para nuestra opinión la participación en los grupos.
La única manera de resolver el sufrimiento inevitable, es a través del servicio.
Alica: A aquellos padres que quizás no están en un grupo, que hace muy poco que han pasado por la
experiencia, que puede ser meses, pude ser un año, no hay tiempos, pueden pensar y preguntarse ¿cómo estoy viviendo mi vida? ¿soy capaz de sonreír, pero sonreír desde adentro? ¿estoy realmente disfrutando de los momentos hermosos que la vida todavía me presenta?
Cierta vez, nos decía un papá “me doy cuenta que, en realidad, la gente ve la vida en un televisor en colores y yo la veo en un televisor en blanco y negro”. Esa es la manera como él describió su vida, para él ya no había momento de plenitud ni momentos de alegría, de esa alegría sincera que nace desde el corazón.
Se dio cuenta que, en realidad, había un camino a recorrer y quizá él no estaba en el camino correcto, que le faltaba algo para que su vida tuviera ese plus que es lo que hace que la vida valga la pena ser vivida.
Es lo que yo les decía al comienzo, si yo sentía que no podía reírme nuevamente, para mí la vida no valía la pena, entonces ¿cómo podría reconciliar la idea de que no tenía a mi hijo y sin embargo quería tener una vida con alegría? ¿cómo reconciliar las dos cosas? Parecía que era imposible.
A los papás nuevos ¿no les parece que es como imposible? Pensar que, realmente, quiera uno estar otra vez bien, querer sonreír, querer ser feliz, pero ¿cómo serlo si no tengo a mi hijo?
Nosotros siempre lo repetimos, como dice Víctor Frankl, la única manera de resolver el sufrimiento inevitable, aquel que no podemos evitar, es a través del servicio.
Construyo ese puente cuando me allego al otro, cuando renuncio a algo que es propio de mi yo, cuando renuncio a lo que yo siento, cuando renuncio a como estoy, por los demás.
Cuando renuncio a mi yo, por algo que no soy yo, estoy renunciando a algo menos elevado, por algo más elevado y lo hago por aquellos que me necesitan y en última instancia lo hago por ese hijo que me está mirando y me está diciendo “Ma, Pa, ¿eso es todo lo que puedo esperar de ustedes?
Yo sé que eso no es todo lo que mi hijo espera de mí y sé, igualmente, que ninguno de sus hijos esperaría de ustedes la línea del menor esfuerzo.
La tristeza viene sola, la podemos cultivar como una manera de ser en el mundo, el vivir a medias, también podemos vivir así toda la vida, pero ¿Quieren, realmente, vivir así?
Yo quiero renunciar a esa manera de vivir, por una mejor manera y lo hago por todos, lo hago por ellos, lo hago por los que me rodean y lo hacemos cada día de nuestra vida por todos.
El esfuerzo debe ser personal.
Gustavo: Miren, creo que después de tantos años que nos conocen, nos ven bien, ¿no es cierto?
Como padres y como personas nos sentimos bien, vivimos bien, disfrutamos de la vida; ahora bien, ¿ustedes creen que eso es un mérito de nuestro hijo Nicolás o qué nosotros vivimos bien después de su partida por un esfuerzo personal nuestro?
Padres: Es un esfuerzo personal.
Gustavo: Claro, es un esfuerzo personal.
Una mamá: Alguna ayudita les ha mandado…
Gustavo: Claro, pero en general, es un esfuerzo personal.
Tomemos el ejemplo inverso, Nicolás ha partido, si yo me destruyo ¿es responsabilidad de Nicolás? No.
Eso es responsabilidad mía, yo no puedo decir “yo estoy así porque he perdido un hijo”.
No, “yo estoy así, porque habiendo perdido un hijo quiero estar así”. Esa es la realidad.
Porque habiendo perdido un hijo elijo vivir de esta manera, elijo vivir sufriendo…
Sin embargo una cosa es la partida de un hijo y otra muy distinta es lo que yo hago después
con lo que me ha pasado.
Nadie puede decirme a mí “yo estoy mal porque he perdido un hijo”, me podrán decir “yo sufro, porque he perdido un hijo”, entonces yo le preguntaría: ¿cómo estás sufriendo? ¿estás sufriendo dignamente o estás sufriendo miserablemente? de la manera que sufres, ¿te hace mejor padre o mejor madre?