Las dos caras de la existencia


 


En solo un par de días nos hemos encontrado hermosa y brutalmente con el devenir inevitable del universo, y como parte de él, de la vida misma. La nuestra, la de cada uno de nosotros, la que nos permite abrir los ojos cada mañana y comenzar con un día más que nos es otorgado. Nuevas oportunidades de hacer algo constructivo para nosotros y la vida.

El encuentro más hermoso: un nacimiento. Sentimientos preciosos se suceden en las personas que se hallan directa e indirectamente involucrados en tamaño milagro (sin connotación religiosa). Sueños, proyectos y amor a montones. Nuevos seres que llegan a contribuir al mundo, cada uno a su manera única e irrepetible. Y esperamos siempre que esa contribución haga una pequeña-gran diferencia en la salud del planeta y en consecuencia, de la humanidad. 


Y a la vez nos encontramos con la muerte de seres, quizá, muy queridos. Los que ya hicieron su contribución, sin importar el tiempo de estadía en la tierra. Sin dudas, la cara más dura de la existencia. La ausencia física de esos seres es difícil de aceptar, no solo con la razón, sino también con todo nuestro ser. Con lo que implica la certeza de, nunca más lo veré, lo escucharé, lo abrazaré, discutiré…pero jamás podré decir que nunca más lo amaré. Sentir muy adentro que esos seres en realidad nunca se van ya que encuentran un lugar exacto para ellos en nuestro interior y allí se quedan para siempre, donde solo habita el amor.


Y este es el resumen de la existencia, los ciclos que se cumplen, y los que comienzan. Resistirse a este hecho ineludible, inconmensurable, es un desgaste inútil de energía. Saber en cambio que aún así siempre tenemos la libertad de elegir la actitud con la que nos enfrentamos y vivimos ambos hechos incontestables, bellos y dolorosos, es lo que le da sentido a la vida. Y la vida de por si, ya tiene un sentido incondicional. Los abrazo querida familia, queridos
amigos.

Alicia Schneider – Gustavo Berti
15 de julio de 2017

Encontrar el sentido de la propia vida.


Enrique Conde.


       Por la magnitud y el misterio de su naturaleza, el hombre siempre ha indagado sobre su origen y el sentido de su existencia, siendo objeto y eje de especulación filosófica, desde los comienzos de los tiempos.

           En definitiva, lo que el hombre más ansía no es riqueza o poder o aun felicidad, sino ser capaz de encontrar una razón para vivir, capaz de encontrar sentido, no sólo a su destino, sino también a las posibilidades que esperan ser realizadas por él.

           No se trata del sentido abstracto, referido al sentido último de la vida, sino al sentido concreto, que según Víctor Frankl tiene la vida para cada uno y que cada uno de nosotros debe encontrar en su vida como seres únicos e irrepetibles que somos.

          En la medida que encontremos y percibamos interiormente valores, que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo, cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a como viva su vida.

          Víctor Frankl dice que el hombre, como ser único e irrepetible que es, es capaz de levantarse, en las alas indómitas del espíritu, por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos y responder responsablemente de una manera única, como expresión de su libertad.

          Ser libre significa libertad de opción, no libre de los condicionamientos, sino, precisamente, libre para enfrentarse a ellos y asumir una actitud positiva.

          Para Frankl la vida tiene un sentido incondicional que no se pierde en circunstancia alguna, ni aún cuando el hombre se enfrente con la tríada trágica de su existencia, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte, los que pueden ser enfrentados con la adecuada compostura y actitud.

          En la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, se pone al servicio de una causa superior a él o amar a otra persona, vive la autotrascendencia, una cualidad esencial de la existencia humana, pues ser humano significa estar orientado a algo o a alguien que no es el mismo.

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Todo va a estar bien.


La imagen puede contener: una persona, de pie

Por Monica y Daniel Cortina, padres de Maxi, Renacer Banfield.


Queridos hermanos de Renacer,

En los tres años y medio que llevamos en el Grupo Renacer de Banfield nunca habíamos asistido a una Jornada de Consolidación de la Esencia de Renacer, nuestros compañeros más antiguos nos habían sugerido hacerlo, pero por nuestra forma de vida, lo fuimos postergando.

La 7ma Jornada, a la cual hemos asistido, nos ha aportado muchas herramientas y reflexiones, que fueron nuevas en algunos casos para nosotros y otras las hemos refrescado, ya que se nos habían explicado, pero estaban medio desordenadas en nuestras cabezas. Como toda Jornada, del tipo que sea, el primer beneficio fue permitirnos dedicarle el tiempo al tema expuesto sin interrupciones y como comentamos con otro asistente, que buena forma de incorporar, acomodar, ordenar y reordenar conceptos.

La claridad con que han preparado y expuesto los compañeros de camino, sobre cuales son la esencia y los pilares nos hizo pensar que ojalá todos los que estamos en los grupos pudiésemos vivir este tipo de jornadas, no por un inútil objetivo de “para tenerla más clara”, sino para estar más seguros y poder ser más útiles al momento en que nos ponemos al servicio de otro papá nuevo que ingresa al grupo.

Nos re-cargaron las pilas los papás que compartieron el deseo de crear un nuevo grupo, la experiencia de los grupos nuevos, el compartir de los hermanos y como frutilla del postre las reflexiones de Aldo Ponce, quien pertenece al grupo original de Renacer y que compartió con Alicia y Gustavo Berti esa aventura de ir haciendo camino al andar.

La organización y el lugar impecables e ideales para sacarle el jugo cómodos a lo que íbamos recibiendo en cada charla.

Desde lo emocional, hermosos sentimientos en el abrazo de reencuentro con otros papás que fuimos conociendo en este tiempo y también ese fraternal saludo con quienes no conocíamos, la mayoría hermanos del interior.

 Volvimos recordando a nuestro hijo en lo que fueron casi sus últimas palabras antes de “mudarse de casa” (otro regalo de la jornada) cuando nos  dejó un legado muy claro, el cual en su momento para nosotros fue solo una frase: “Todo va a estar bien”. Él nos dejó un camino a recorrer, esta jornada fue una estación más de ese recorrido.

Gracias a todos por lo que nos hicieron crecer y sobre todo vivir.

Abrazos.

Mónica y Daniel

Papás de Maxi

Grupo de Ayuda Mutua de padres que enfrentan la muerte de hijos.

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