Desprenderse de la angustia


Del libro “En la tristeza pervive el amor” de Elisabeth Lukas .
Hay impedimentos que alteran un «trabajo del duelo» saludable. En la mayoría de los casos, no tienen nada que ver con el motivo mismo del duelo, sino con la predisposición del doliente.
Un ejemplo clásico es el de la predisposición angustiosa («nerviosa») que, en términos científicos, se expresa mediante una «repercusión desproporcionada del organismo frente a los estímulos, combinada con interpretaciones espontáneas irreales». Dicho de modo más sencillo, el problema reside en el hecho de que el afectado reacciona de manera extremadamente sensible (incluyendo reacciones corporales como temblores, sudoración, diarrea, etc.) a cosas insignificantes y teme automáticamente una amenaza, tal como se ilustra en los siguientes ejemplos.
Un padre oye que sus hijos quieren encender una hoguera en el parque y piensa inmediatamente en un incendio catastrófico. Entonces, en vez de averiguar si el sitio donde se va hacer la fogata ofrece garantías de seguridad, prohíbe terminantemente el plan de los niños. En un segundo caso, un conductor tiene que frenar en seco porque el remolque de un camión se sale de su carril delante de él, hecho que lo deja durante horas sumido en un estado de shock y, en lugar de alegrarse porque la carrocería de su coche no ha sufrido daños, el conductor no deja de cavilar sobre el horrible accidente del que se ha librado. Finalmente, tenemos a un hombre que adolece de espasmos, viéndose mermada así su capacidad para articular claramente sus palabras. Cuando va a pedir información a un funcionario, éste lo toma por un borracho, y aunque le pide disculpas tras escuchar sus explicaciones, esta persona se mortifica durante días a causa de los malvados congéneres que lo quieren humillar continuamente.

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