No se hacen excepciones con la gente buena


Del Libro “Cuando la gente buena sufre” de Harold S. Kushner, Capítulo 4

Se cuenta una historia de un niño que regresó a su casa de la Escuela Dominical donde le habían enseñado la historia bíblica del cruce del Mar Rojo. Su madre le preguntó qué había aprendido en clase y él le respondió:
-Los israelitas huyeron de Egipto, pero el Faraón y su ejército los persiguieron. Llegaron al Mar Rojo y no podían cruzarlo. El ejército egipcio se aproximaba. Entonces Moisés se comunicó con su walkie-talkie, la fuerza aérea israelí bombardeó a los egipcios y la marina israelí construyó un puente para que la gente pudiera cruzar el mar.
La madre se quedó atónita.
-¿Así es como te contaron la historia?
-Bueno, no -admitió el niño-, pero si te la
contara como nos la contaron a nosotros, jamás la creerías.
Hace cientos de años, las historias de milagros ayudaban a que la gente se sintiera más segura de la existencia de Dios. Se decía, por ejemplo, que Dios había dividido el mar para que los pudieran cruzarlo sobre tierra seca. Se relataban historias que afirmaban que Dios había hecho llover en respuesta a las oraciones de un hombre justo, o cambiado el curso de un río y hasta la dirección en la que gira el Sol. Se recordaba el relato de Daniel que salió ileso de la cueva de leones, y de Shadrach, Meshach y Abednego, que sobrevivieron a las llamas. El mensaje de todas esas historias era asegurarnos que Dios se preocupaba tanto por nosotros que estaba dispuesto a suspender las leyes de la naturaleza para apoyar y proteger a sus favoritos.

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Boletín Grupos Renacer: Año.IX, Nro. 102, Octubre de 2008


Contenido
Un cambio de actitud en nuestras vidas – Cristian y Claudia

Perdón y gracias SEÑOR… – Beatriz D. Escobedo

Cuando termine setiembre – Claudia Calamari

Carta a Gero – Magdalena Lopez Naon

Buena suerte, mala suerte – Ricardo Gonzalez

Como podre seguir…? – Amigos compasivos

In Memoriam – Elisa Llano

Poema – Irvin Martin

Silencio como alimento de vida – Kitimbwa Lukangakye