Sentir a tu hijo y hablar con él


Este documento de trabajo tiene como objetivo promover la relación” vital” con el hijo muerto. En numerosas ocasiones hemos oído decir que con frecuencia los padres dialogan con su hijo muerto, algunas veces hablándole a una foto, otras veces dirigiéndose al vacío o a la naturaleza, tomando algún objeto que pertenecía al hijo, o de otra manera, y “sienten” que mantienen ese diálogo en forma real. Sin embargo, a poco de manifestar ese sentimiento tienden a sentirse inclinados a rechazar la idea, rectificar sus expresiones, o a sufrir contradicciones, señalando que simplemente se han hablado a “ si mismos”, o que lo ocurrido es sólo imaginación. Con el presente documento se persigue promover la reflexión y el análi-sis en los Grupos de este tema en particular. Tomando como guía algunos conceptos pueden motivar el intercambio de experiencias, de ideas y de sentimientos.                                                            Daniel y Gabriela Vítolo

COMO SIENTO LA AUSENCIA DE MI HIJO

El sentido de la “ausencia” se expresa generalmente, bajo la idea de “no tener a alguien conmigo”. Como “falta de presencia”. A su vez la “presencia” tiene gran vinculación con las “formas” y los “sentidos”. Ver, tocar, palpar, besar, acariciar, escuchar. Con ello el sen-tido de “presencia” tiene muchos ingredientes sensoriales.
Sin embargo ello no es siempre sólo así, toda vez que la “presencia” toda vez que la pre-sencia tiene también elementos racionales y temporales, o-dicho de otro modo-vinculados al conocimiento y al tiempo. Difícilmente sintamos la “ausencia” de un hijo cuando está de vacaciones o vive en otra ciudad. Lo “extrañamos” , pero por lo general, no hay sentido de “ausencia”. Ni esta ausencia provoca “ansiedad” o “angustia vital”. Y ello es porque “co-nocemos” que “está”;podemos visitarlo y verificar “sensorialmente” sus “formas”.
Cuando un hijo ha muerto, los padres sienten verdaderamente esa sensación de “ausen-cia”.en toda su dimensión; y más la sienten cuando el tiempo comienza a correr. No suele haber sensación de “ausencia” en los primeros tiempos, toda vez que las reacciones típicas de shock, negación, o bloqueo emocional, impiden que la comprensión real de lo ocurrido, o la idea de “definitividad”, pueda aprehenderse.
Es recién cuando se asume la muerte del hijo, el momento en que la sensación de “ausen-cia” se materializa en toda su dimensión.

LA AUSENCIA :UN SENTIMIENTO

Con cuantas dificultades nos encontraríamos si tuviéramos que “definir” la “ausencia”. Tendríamos que recurrir a comparaciones, a sensaciones  provocadas por esa “ausencia”
(derivaciones de ella), a explicar qué entendemos por “presencia”, pero difícilmente llega-remos a poder definir el concepto. Y ello ocurre porque la “ausencia” es un sentimiento, una sensación.
Si la “ausencia”, entonces, es un “sentimiento”, tienes manera de contrarrestarla en función otro “sentimiento”, que es –justamente- el sentimiento opuesto: la “presencia”…
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