A los padres de la vida


Gladys y Edgardo – Papas de Gastón- Renacer en las diagonales

En estos días que se viven, días de fiestas, festejos, brindando por
una mejor prosperidad.
Viviendo un ritmo de vida como todos los días.
Pero hay muchos padres, que no sienten esa misma alegría.
Padres que sienten que le han quitado parte de su vida.
Que les es igual el día, la noche, el verano, el invierno.
Buscando respuestas a tanto dolor.
Esas respuestas las encontramos solamente en nosotros mismos.
Somos los únicos que podemos darlas.
Desde lo mas profundo de nuestro ser, ¿qué queremos hacer?
En nuestra actitud esta la respuesta.
¿qué debemos hacer para transformar tanto dolor en amor?
¿cómo queremos recordar a nuestros hijos?
Nuestros hijos que fueron la fuente de nuestra alegría.
Si fueron fuente de alegría, amor en cada día.
Nosotros los papas orgullosos de ellos.
Si fueron fuente de alimentación.
¿por qué recordarlos con tanta tristeza?
La partida de nuestros hijos, si nos cambia la vida.
Nos enseña a vivir de otra manera, a pensar y actuar distinto de lo
esperado.
Ver y saber que a pesar de…………..
Somos padres y madres que seguimos viviendo
Que tenemos que ser la presencia permanente de nuestros hijos cada
día
Aprende a caminar con ellos
Que sabemos que nunca se separan, que ven a través de nuestros ojos.
Por eso queridos padres que el dolor no nos derrumbe
Que el amor este por encima de toda tristeza
De todo dolor, bronca e impotencia
Y que cada uno brinde por su hijo a su manera, como lo sientan,
aunque hayan transcurrido días, meses o años. Ellos lo merecen.
El amor de un padre nunca muere por un hijo
Que todos los padres sientan que nos estaremos acompañando,
En cada momento el uno al otro,
Y que tengamos bien claro que,
La memoria de nuestros hijos es lo que nos impulsa
A seguir viviendo día a día a pesar de todo
Gracias por enseñarnos el camino de la vida, el amor y la humildad.
Queridos padres tengan el corazón y la mente abierta para nuestros
hermanos de la vida,
Que en cada lugar que haya un papa doliente debemos estar junto a el.
Eso es darle un sentido a la partida de nuestro hijo.

RENACER: es darle un sentido
a la falta de sentido

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Las respuestas yacen únicamente en nosotros mismos.


Alicia y Gustavo Berti – Encuentro en Renacer Congreso  (2006)

Gustavo: Cuando muere un hijo, se nos presentan toda una serie de problemas nuevos que, realmente, no sabemos como resolver.

Si nos ponemos a pensar, nos damos cuenta que esto no es nuevo; esto viene, por lo menos para occidente, desde el comienzo de la historia.

Todavía occidente no ha logrado poner un nombre a los padres que pierden hijos. No tienen nombre; es decir, no ha habido la capacidad, en ningún idioma occidental, de darle un nombre a los padres que pierden hijos.

Eso es un reflejo de la gravedad, de la severidad de la pérdida de un hijo, de la impotencia de la sociedad, pero el hecho de que la sociedad sea impotente para resolverlo, también nos plantea como contrapartida ineludible que la respuesta yace únicamente en nosotros; no yace en ningún otro lugar.

La pérdida de un hijo, como dijimos hoy en la televisión, no es algo de lo que uno tenga conocimiento; todo el mundo tiene conocimiento de lo que significa perder un abuelo, un padre o una madre, pero la pérdida de un hijo no es un conocimiento, es una vivencia, es una experiencia que solamente la tiene aquel que ha pasado a través de ella.

Si nosotros vamos con esta pérdida, con esta tragedia, a un psiquiatra o a un sicólogo, nos van ayudar de acuerdo a lo que ellos conocen, no de acuerdo a lo que ellos han experimentado, entonces, frente a esto todo el conocimiento queda corto.

Entonces nos sentiremos desamparados y no tenemos a donde acudir.

Si somos católicos acudimos a un sacerdote, pero como los sacerdotes no tienen hijos, también nos dirán por lo que ellos conocen, no por lo que ellos han experimentado porque ni siquiera han podido experimentar lo que significa el amor de padre.

Entonces también nos quedamos cortos y vemos de pronto que no hay ayuda y cunde la desazón y los caminos empiezan a cerrarse.

Tenemos que darnos cuenta que hay sólo dos alternativas, una alternativa es la individual, personas de mucho coraje, de mucha fortaleza espiritual y la otra alternativa es la de agruparse con otras personas que hayan atravesado por idéntica experiencia de vida y aprender de ellos.

Una de las primeras cosas que aparecen, cuando nosotros podemos dejar un poquito de lado el dolor y nos ponemos a pensar, es no saber quienes somos.

Uno se mira en el espejo y dice ¿quién es esta persona que está acá frente al espejo? Y luego vienen otras preguntas ¿quién voy a ser dentro de un tiempo? y ¿cómo voy a ser?

Y tenemos que responder a esas preguntas, no puedo quedarme sin hacer nada, a pesar de que lo más fácil después de perder un hijo es no hacer nada y estar mal; para estar mal no necesito hacer nada, ni siquiera tengo que levantarme.

Para estar bien tenemos que luchar, tengo que levantarme, tengo que decir como decimos nosotros en Renacer, “a pesar de todo sí a la vida”.

A pesar de todo me levanto, a pesar de todo me baño, a pesar de todo voy a trabajar, a pesar de todo sonrío, a pesar de todo en mi trabajo atiendo a la gente con cordialidad, a pesar de todo sigo viviendo.

Pero ¿cómo?, ¿cómo hacerlo?

Éstas son las primeras cosas que uno se pregunta.

Las respuestas yacen únicamente en nosotros.