Cómo superar el dolor por la pérdida de un hijo


Publicado en Diario Popular el 4 de enero de 2009 (http://www.popularonline.com.ar/nota.php?Nota=355836)

Una entidad ayuda a padres que pasan por esta terrible situación

Dónde acudir:  telefónicamente a siguientes números en Capital, desde donde se derivará al grupo más próximo al domicilio: 4572-2933 (Lidia), 4554-0913 (Carmen) y 4622-8023 (Olga). Página Web: http://www.renacerbuenosaires.org.ar

Por VIVIANA ROMERO

La muerte de un hijo es la prueba más insoportable que puede atravesar un ser humano. Quienes han pasado por este tipo de experiencia, más allá de la causa que produjo la pérdida -enfermedad, accidente, suicidio u homicidio- son arrojados hacia una profunda crisis existencial difícil de superar. Desde 1988 funciona en el país “Renacer”, entidad sin fines de grupo destinada a ayudar a los padres que pasan por esta experiencia. A partir de la colaboración de quienes padecen idéntica situación, es posible superar el dolor y volver a ser feliz. “Es cierto que se puede volver a ser feliz, pero de otra manera. La vida ya no vuelve a ser la misma después de la muerte de un hijo, pero se puede salir adelante”, explicó Graciela Canteros, integrante de “Renacer” quien, a partir de su propia experiencia, aprendió a transformar el dolor y la impotencia en amor hacia los demás. Cuando murió Diego, a sólo tres días de nacer, Graciela sintió que su mundo se derrumbaba. Se enfrentaba, asimismo, a la necesidad de seguir en pie para cuidar a su hija mayor, que por entonces tenía tres años y medio. Casi de casualidad escuchó hablar de los grupos y se sumó a ellos. Atravesado su propio duelo, decidió continuar para ayudar a otros. Explicó que “el objetivo es ayudar a otros padres a aprender a vivir sin sus hijos y conectarse nuevamente con la vida”. Los grupos de “Renacer”, que funcionan en todo el país -pero que se extendieron a Uruguay, Chile, México, España y Paraguay- están conformados por entre 20 y 40 personas y consisten en “expresar el dolor de cada uno y enriquecerse con los testimonios de los demás”, señaló. “Lo que buscamos es conectar el dolor con los mejores recuerdos de nuestros hijos. No es fácil pero es posible, aunque es un trabajo de todos los días. A veces levantarse es un esfuerzo, pero hay que permitirse estar mal y llorar todo lo necesario”, sostuvo la representante de la entidad. Los grupos de “Renacer” son gratuitos, funcionan una vez a la semana e incluyen encuentros sociales, talleres y charlas. Los especialistas aseguran que el tiempo del duelo es individual y distinto en cada persona. Por eso, Graciela aclara que “hay que aprender a tenerse paciencia, porque es difícil soportar tanto dolor”. Los grupos permiten verse en el espejo de los demás, lo que resulta sanador: “Si otros pudieron yo también voy a poder”, es el mensaje que se trata de transmitir. “El dolor deja una marca que, poco a poco, se va transformando en una cicatriz”, sostuvo Canteros, para quien, “la muerte de un hijo es algo antinatural. Uno puede estar preparado para otras pérdidas, pero no para esta”. “Renacer” apunta a la transformación del dolor en algo positivo, “para lo cual tanto la fe como la posibilidad de ayudar a otras personas que atraviesan por lo mismo es fundamental. El mensaje que intentamos transmitir es que se puede volver a tener proyectos y sentirse pleno ante la vida”, dijo. Uno de los lemas de la entidad es que cada uno llega al grupo con dos bolsillos. Uno para guardar aquello que le hace bien y el otro para hacer lo propio con aquello con lo que no se está de acuerdo pero que, en otra ocasión, puede servir. Los grupos están conformados por personas de diferentes edades y experiencias de vida, pero con un dolor en común y, en los últimos años, se nutrieron con la llegada de nuevos integrantes, como muchos de los padres de las víctimas de Cromagnon. “Lo que pudimos comprobar es que, cuando se trata de muertes violentas, aquellos padres que ponen en manos de profesionales las cuestiones legales y se dedican a hacer el duelo, lo superan de mejor manera”, precisó Canteros, al tiempo de aclarar que “si bien muchos de los grupos funcionan en parroquias, están abiertos a toda la comunidad. No tienen asistencia médica, religiosa o psicológica, están y están sólo constituidos por padres que han perdido sus hijos, independientemente de la religión que se profese”. “Muchos padres -reflexionó- llegan enojados con Dios. Y, personalmente, creo que es positivo tener, al menos, con quien enojarse”. También aclaró que el hecho de pertenecer a un grupo de autoayuda no elimina la posibilidad de buscar ayuda profesional. “Todo vale y cada uno debe hacer lo que lo ayude a salir adelante. Cuesta volver a darse permiso de disfrutar de lo lindo de la vida. Por eso apuntamos a la lectura, al llamado telefónico donde del otro lado haya alguien que lo comprenda y a la contención”, concluyó la representante de “Renacer”, que últimamente ha sumado a su actividad los grupos para hermanos.

El esfuerzo debe ser personal.


Alicia y Gustavo Berti – Encuentro en Renacer Congreso  (2006)

Gustavo: Miren, creo que después de tantos años que nos conocen, nos  ven bien, ¿no es cierto?
Como padres y como personas nos sentimos bien, vivimos bien, disfrutamos de la vida; ahora bien, ¿ustedes creen que eso es un mérito de nuestro hijo Nicolás o qué nosotros vivimos bien después de su partida por un esfuerzo personal nuestro?

Padres: Es un esfuerzo personal.

Gustavo: Claro, es un esfuerzo personal.

Una mamá: Alguna ayudita les ha mandado…

Gustavo: Claro, pero en general, es un esfuerzo personal.
Tomemos el ejemplo inverso, Nicolás ha partido, si yo me destruyo ¿es responsabilidad de Nicolás? No.
Eso es responsabilidad mía, yo no puedo decir “yo estoy así porque he perdido un hijo”.
No, “yo estoy así, porque habiendo perdido un hijo quiero estar así”. Esa es la realidad.
Porque habiendo perdido un hijo elijo vivir de esta manera, elijo vivir sufriendo…
Sin embargo una cosa es la partida de un hijo y otra muy distinta es lo que yo hago después
con lo que me ha pasado.
Nadie puede decirme a mí “yo estoy mal porque he perdido un hijo”, me podrán decir “yo sufro, porque he perdido un hijo”, entonces yo le preguntaría: ¿cómo estás sufriendo? ¿estás sufriendo dignamente o estás sufriendo miserablemente? de la manera que sufres, ¿te hace mejor padre o mejor madre?