La memoria colectiva: Renacer como un lugar donde vamos a dar algo nuestro en memoria de nuestros hijos.


Extracto de la carta de Alicia y Gustavo Berti titulada “Renacer no debe terminar siendo un grupo de duelo” del 15 de abril de 2010.

Vale la pena analizar en detalle el aspecto de la memoria colectiva, noción que parte de los labios de una madre uruguaya en un encuentro nacional de Renacer Uruguay en Mercedes, Uruguay, en 1997. Allí esta madre cuyo nombre no recordamos nos dijo que durante mucho tiempo luego de la muerte de su hijo temió que, siendo solo ellos dos sin familia alguna, al morir ella desaparecería el recuerdo de su hijo de la faz de la tierra, pero luego estando en Renacer se dio cuenta que eso no sucedería puesto que el rostro, el nombre y anécdotas de la vida se su hijo permanecerían en la memoria de todos los padres del grupo. Cuando ella terminó de hablar un papá se levanto y comentó que cuando iba a misa nombraba a cada uno de los hijos de  los padres de su grupo y fue en ese día en que nos dimos cuenta que en los grupos se estaba forjando la memoria colectiva de los jóvenes que habían partido prematuramente y fue un sentimiento muy particular, mezcla de alegría por el descubrimiento y al mismo tiempo  una gran responsabilidad.

Seguramente ustedes han de preguntarse el porqué de una gran responsabilidad. Para contestar a este interrogante es necesario imaginar a esta memoria colectiva como un hermoso jardín al que vamos a plantar una planta o un árbol en memoria de nuestros hijos, jardín en el cual cada uno deberá elegir si planta una planta hermosa, de coloridas flores o una ortiga o algún yuyo. Obvio es decir que las plantas que uno elige representan los sentimientos que cada uno añade a esta memoria colectiva. Y esto está en concordancia  con esa manera de ver a Renacer como un lugar donde vamos a dar algo nuestro en memoria de nuestros hijos.

En  instancias en que ni la religión ni la medicina pueden aportar las respuestas que ese hombre que sufre y pugna por salir airoso necesita, es cuando cabe lugar para la Ayuda Mutua, ayuda con mayúsculas, sin eufemismos; ayuda que sólo puede provenir de otro hombre doliente que ha sido capaz de elevar su mirada por sobre el propio dolor y darse cuenta que, en palabras de Antonio Machado, el ojo que él ve no es ojo porque él lo vea, sino que es ojo porque a él lo ve, es ojo porque existe alguien al frente para mirarlo. Y así, porque un hombre doliente encuentra sentido a su tragedia en el servicio y otro reclama esa ayuda que sólo un igual puede brindarle, nace Renacer y nos ofrece  la oportunidad de llegar a ese encuentro con el otro y sí, merced a éste encuentro, ambos, ayudador y ayudado logran elevar la mirada y dirigirla hacia el mundo, en vez de pensar cada uno en su propio problema, entonces, juntos habrán alcanzado la autotrascendencia en su modalidad más noble: la renuncia a su propio sufrimiento, a su propio dolor.  Ustedes dirán ¡Renunciar a mi dolor! No solo es imposible sino que no queremos hacerlo; a veces es todo lo que me queda de mi hijo. Pues bien, recuerden por un lado que somos portadores de una memoria individual que debe integrarse a una memoria colectiva y debemos decidir qué aportar a esa memoria.

Por otro lado, en esos momentos en que pareciera que ya nada tiene o puede tener sentido, cuando experimentamos nuestra vida como vacía, es justamente entonces que  estos grupos presentan la particularidad de ofrecer una posibilidad de sentido colectivo, es decir trabajo, afecto, creación y capacitación para el grupo y esto puede ser igual para todos los miembros y mantenerse hasta que cada uno de ellos encuentre el sentido único e irrepetible en su propia vida. Renacer representa ese espacio de lo inefable de manera colectiva: ahí está para quien quiera asumir el desafío. Esto no significa que este sea el único camino que Renacer muestra, sino que, por el contrario, es un camino que no se le puede negar a quien quiera asumir ese desafío que es, a la vez, expresión de ese habitar en el amor del que habla Buber y, por extensión,  del mensaje de nuestros hijos, quienes han atravesado la puerta del  amor y la compasión total. Es por esto que los grupos deben hacer un esfuerzo  para mostrar a los padres que hay un camino distinto del camino del dolor pues este el que primero convoca, el más aparente y que menos riesgos conlleva, pero… ¿Es acaso el mejor camino? ¿Es el camino que hubieran elegido nuestros hijos?

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