¿Pero cómo hago para transitar este camino que Renacer me ofrece?


Extracto de la carta de Alicia y Gustavo Berti titulada “Renacer no debe terminar siendo un grupo de duelo” del 15 de abril de 2010.

Luego de todas estas consideraciones estamos en condiciones de responder a una pregunta que en ustedes debe haber estando gestándose desde hace tiempo: todo esto parece muy lindo, ¿Pero cómo hago para transitar este camino que Renacer me ofrece? Pues bien, el camino está en la esencia de Renacer y tiene ojos, voz y rostro: es el hermano que sufre y está frente a mí, pues si todo mi dolor sirve para que un hermano sufra menos, entonces habrá valido la pena de ser vivido. Pero ¿Cómo hacer para sacar a los integrantes de estados de profunda concentración en sí mismo y preocuparse por el otro?

Pero la pregunta que aparece ahora es: ¿como si el que sufre soy Yo puedo desapegarme de mi sufrimiento? ¿Cómo puedo trascender mi yo psicológico y ver al sufrimiento como un fenómeno que hace a la esencia de la humanidad, que hace, al decir de Buda, a la Verdad de la Existencia? Ciertamente esto es imposible en la medida en que el ser sufriente permanece aislado experimentando el sufrimiento como existente en él mismo, únicamente en él. Solamente si deja vibrar su corazón en resonancia con otro corazón sufriente, sólo si, como decía Unamuno “Al oírle un grito de dolor a mi hermano, mi propio dolor se despierta y grita en el fondo de mi conciencia”, es decir merced a uno de los fenómenos humanos por excelencia: el servicio por el amor y a través de él la ayuda mutua. 

Para llevar a cabo esta tarea se debe comenzar por aprender nuevas maneras de comunicación que partan desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro, aprender en ese proceso a ver al otro como aquel para quién yo soy el otro. Debemos darnos cuenta que no puede existir grupo de ayuda mutua alguno sin la presencia del hermano que sufre — ¿qué clase de grupo sería si yo fuese el único integrante?— Y lo mejor de cada uno es ese amor que aún tenemos, por nuestros hijos, por la vida, por Dios o por uno mismo, puesto que si los corazones estuviesen secos, sin nada de amor, nadie estaría en grupo alguno. Es entonces, a través de ese amor por el hermano que sufre y que está frente a mí, que podemos darnos cuenta que, en homenaje a nuestros hijos, hemos comenzado a reemplazar el dolor y desesperación por amor.

Elizabeth Lukas nos deja la convicción de que “toda persona, aunque psíquicamente sea sumamente contrahecha y acorralada, podrá salvar su alma por la entrega de un poco de amor” Y el amor es humilde, es desapegado y es autorrenuncia, y estas tres características humanas han estado eventualmente ocultas, o aún ausentes en la existencia de muchos de los integrantes de los grupos, y las tres son fenómenos que reflejan la autotrascendencia humana. Hemos llegado así a “descubrir”, desocultar, que la respuesta del hombre al sufrimiento yace en la trascendencia, y se hace evidente una conclusión más: el sufrimiento no puede ser curado, ni resuelto, ni elaborado, el sufrimiento sólo puede ser… trascendido

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