PALABRAS PARA EL ENCENDIDO MUNDIAL DE VELAS 2013.


RENACER BUENOS AIRES – PLAZA DE LA REPUBLICA – OBELISCO

Rouss. Mamá de Manu

 Hola a todos. Mamas y papas, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, familiares y amigos.  Me han pedido que diga unas palabras. Y espero poder representar el sentir de la mayoría de los que estamos aquí, ya que sólo hablo para manifestar el amor a nuestros hijos. Y dar testimonio de nuestro camino a partir de su ausencia. Estamos aquí para homenajearlos, para  invocar la vida a través de su amor y su maravilloso recuerdo.

Una vez los tuvimos físicamente con nosotros, y compartimos con ellos momentos maravillosos que fueron motor para nuestra vida. Y a  la hora de su partida no comprendíamos nada. Nos sentimos  confusos, inseguros, desanimados, desgarrados por la pérdida. Aprendimos que el dolor no  es sólo físico. Sino que es psíquico, moral, espiritual.  Nos parecía imposible tolerar el sufrimiento que nos atravesaba.  Todo lo otro que también era parte de nuestra vida, perdió sentido. Sólo éramos nuestra tragedia. Porque la tragedia, invirtió el orden natural y lógico  del ciclo de  la vida.

Pero alguien, en algún momento, nos tendió su mano. Y conocimos y aprendimos las enseñanzas de RENACER. Ahí encontramos a otros, muchos, que habían pasado por lo mismo que nosotros, y que habían sobrevivido, y que estaban bien, y se ofrecían a acompañarnos en este doloroso y oscuro camino, este camino en el que debíamos aceptar la muerte de nuestros hijos, y entre otras cosas, debíamos renunciar a la pregunta : POR QUE? Por qué a mí, por qué ahora, por qué a ella o a él? Por qué tan rápido? Por qué antes que yo? Entendimos que esa pregunta no nos  llevaba a ninguna salida.

Renunciar a estas preguntas, fue  iniciar nuevamente el camino hacia la vida. Aprendimos que  la muerte aparece de repente, no podemos impedirla, y cuando la realidad se nos impone,  debemos aceptarla. Y entendimos que la decisión de volver de la muerte a la vida, se basaba en el amor. En el amor profundo e incondicional a nuestros hijos. Entendimos que a veces, no somos nosotros los que tenemos derecho a hacer las preguntas, pero sí  somos los que podemos dar las respuestas.

Y la primera respuesta que vino fue la de tomar una decisión, la de nuestro compromiso con la vida. Al principio débil,  con enojo, un poco ambivalentes.  Nos parecía que seguir viviendo era una traición.

Debimos hacer el duelo, no sólo por la pérdida de nuestros hijos, sino también por esa parte nuestra que perdimos con ellos. Pero también aprendimos a darle la bienvenida, a esa parte de ellos que siempre vivirá en nosotros. No sólo su recuerdo, sino su legado de amor incondicional. Esa es una de las cosas en las que nuestros hijos fueron nuestros maestros. Aprendimos que la ausencia física no hace desaparecer el amor, sino que lo agigante, y en este agigantarse, nos transforma. Comprendimos  verdaderamente qué significa eso que dijo Saint Exupery en EL PRINCIPITO, que lo invisible a los ojos,  sólo se ve con el corazón,  porque eso es lo esencial

Ellos nos enseñaron a vivir sin ellos, pero también nos enseñaron a mirar más profundamente en nosotros. Nos hicieron más sabios, no sólo sobre el amor, sino también sobre el dolor. A partir de nuestro propio dolor, nos volvimos más sensibles al dolor y al sufrimiento de los demás. Nunca más la muerte de otros y el dolor de los que quedan, fueron para nosotros números vacíos.  Nos volvimos más compasivos. Aprendimos a salir de nuestro propio sufrimiento para ayudar a otros

Y así comenzamos nuevamente a ver, y a valorar a los seres queridos, que teníamos cerca y  todo lo que  la vida aún nos tenía reservado. Debimos y LO HACEMOS, cada día, construir una nueva vida. Debimos, de los escombros, de nuestros pedazos rotos, RENACER.  Saber que esos que fuimos no seríamos nunca más. Como dice el poeta Pablo Neruda,…nosotros los de entonces, ya no somos los mismos. Aceptamos nuevos desafíos, soñamos nuevos sueños, construimos nuevos proyectos, , nuevos ideales. Y es en ellos, donde nuestros hijos viven…

Aprendimos que NO importa cuántas veces nos caemos, lo que importa es que a pesar de todo, cada vez nos levantamos. Aprendimos que NO importa cuánto miedo tenemos de dar el próximo paso. Lo  importante es que juntamos el coraje para hacerlo. Y todo esto lo hacemos en compañía de otros papás y mamás de RENACER.

Así, nos levantamos por encima de nuestro dolor, y al empezar a caminar, vimos cómo nuestros amigos, y familiares se sorprendían de vernos bien. Y ellos se levantaron a nuestra par.  Como dice Víctor Frankl, …” el factor determinante es la decisión, la libertad de elegir a pesar de las peores condiciones”… Y agrega …”de las cosas que más orgulloso me siento, son aquellas que nadie me envidiaría, son los sufrimientos vividos con dignidad”…

Y hemos construido en RENACER un mensaje entre todos, con nuestro dolor, pero también con nuestro amor, con la memoria de todos  nuestros hijos, que como las estrellas para los navegantes, son nuestra guía.

Y el tiempo fue pasando, entre reuniones que incluían lágrimas, abrazos, risas. Construimos teorías para aliviar un dolor terrible para el que al principio no encontrábamos explicación. Entonces construimos nuevos mundos. Uno para cada duda. Uno para cada ausencia. Uno para cada herejía. Un mundo para la indignación, otro para el delirio. Otro para la locura. Pero también construimos permisos para seguir. Para seguir viviendo, para seguir amando. Permiso para el llanto y el dolor, permisos para la vida y para la muerte. En el camino cayeron creencias, amigos, ideales. …Y aquí estamos. Reconstruidos con vaya a saber qué extraños materiales de amor, de potencia creativa, de remiendos agujereados. Algo de incomprensión, de bronca, de  finitud. Tolerancia y paciencia. Con un dolor que tendrá eternamente la forma y el nombre de nuestros hijos. Se llama como ellos su presencia y su ausencia. Su enseñanza y su recuerdo. Extraños aprendizajes de una vida inesperada. Y un profundo agradecimiento por el paraíso de haberlos tenido. Algunas puertas se cerraron. Otras se abrieron. Decidimos no enloquecer del todo, tanto como para tener que salir del mundo. Elegimos quedarnos: vivir, disfrutar, amar. El Universo siempre nos ronda: canciones, pájaros, plumas, estrellas, tibiezas y heladas. Noches y días, a veces interminables. Y  aquí estamos. Un poco rotos y un poco enteros. No siempre la vida nos alcanza, pero muchas veces, sí.

Si respiramos hondo en este momento, todos juntos, sentiremos profundamente la vida que entra con el aire. En esta vida que inspiramos están ellos.  Nuestros amados hijos están llegando ahora, en este momento a nosotros, vienen a acompañarnos,  a estar al lado nuestro. Vienen a compartir un instante lleno de amor, vienen  a saber, cómo la vida que estamos viviendo a cada instante, es la más bella posible. Vienen a ver cómo su amor nos pone alas en los pies, y llena de emoción nuestros corazones. Vienen a ver cómo aprendimos a ver y a caminar con el corazón. Se acercan a compartir con nosotros este momento luminoso, un momento único e irrepetible. Estamos todos juntos entre nosotros y junto a ellos, y con este espíritu y para que su luz brille por siempre vamos a encender nuestras velas.

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