En busca de la luz


Por Enrique Conde.

Entonces, de la misma manera que de su mano recorrimos todos los caminos en busca de la luz para su mente turbada, ahora de la mano de Ana buscamos la luz en la oscura noche de nuestras almas y volvimos a golpear todas las puertas y a toca­r todos los timbres.

Pero encontramos que las puertas estaban cerradas; nosotros queríamos hablar de Enriquito pero el mundo no quería hablar de él, hubimos de escuchar la voz de la Iglesia que nos dijo, “su hijo está en el infierno”.

Hacía poco que el Liceo Aiguá, en el que había cursado mis estudios, había cumplido 50 años de inaugurado, allí recorriendo los caminos de la juventud, encontramos a los viejos compañeros de entonces, pero ellos tampoco querían hablar de Enriquito, si bien ellos aceptaban que nos refiriéramos a nuestro hijo, era el silencio lo que prevalecía cuando sacábamos el tema y el intento murió en la orilla.

Con los compañeros de trabajo era muy difícil compartir la experiencia que estábamos viviendo; lo mismo con los amigos que dejan de venir a casa porque no sabían qué decirnos y hasta se cambian de vereda al vernos venir.

Entonces, recordamos que pocos meses antes de su partida, Enriquito había traído a nuestra casa un extraño mantra en sánscrito “Nam myojo rengue kyo”, cuyo significado nos había dicho que era el siguiente: “Me siento una manifestación de la fuerza vital cósmica que, a través de la ley, reina armoniosamente sobre todas las funciones de nuestra vida”.

Pusimos nuestra atención en el enigma de ese mantra y la búsqueda nos llevó a los libros del filósofo japonés Daisaku Ikeda: “La Vida Un Enigma”, “La Noche Anuncia la Aurora”, “Escoge la Vida”, “Los Valores Humanos en Un Mundo Cambiante”.

Lo tomamos como un legado de nuestro hijo y allí nos nutrimos de la filosofía de Daisaku Ikeda que propone que ejercitemos en nuestras vidas el altruismo, dejando atrás aquellos estados que nos perturban.

Fue como beber en la fuente de la sabiduría.

Dice Daisaku Ikeda “El amor es la fuente última de la vida cósmica.”

Allí, oculto bajo el manto de misterio que rodea al pensa­miento oriental, envueltos en la bruma del simbolismo y re­vestidos de un halo mágico, yacentes en lo más profundo del conocimiento humano, descubrimos los principios de una forma de vida desti­nada a iluminar las conciencias.

El camino propuesto para llegar a la verdad, es vivir en un estado predominante de altruismo. donde lo más importante es el otro.

La profundidad y pragmatismo del altruismo de esta filosofía, expresado hace más de 3.000 años, quedó evidenciado para nosotros al proclamar la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer, como seres espirituales eternos, contenidos en un cuerpo temporal.

Veamos algunos de los conceptos vertidos en sus libros por Daisaku Ikeda sobre la importancia de alcanzar el estado predominante de altruismo en nuestras vidas.

Dice Ikeda: “El ser humano se encuentra en estado de altruismo cuando sus mejores cualidades sabiduría, determinación, amor y coraje, se funden con la energía de la fuerza de la compasión para hacer el bien a otros.

El modo en que las personas comunes pueden lograr la meta última, es cultivarse por medio de actos altruistas, con lo que la energía de la compasión brota de las fuentes más íntimas de la vida.

A fin de compartir el dolor ajeno, es preciso experimentarlo en carne propia. La compasión es un tipo especial de conocimiento, que implica identificarse con el estado fundamental de la vida de otro.

Todos nacemos con una tendencia   a la compasión, aunque rara vez nos damos cuenta de ello hasta que se presenta una ocasión especial.

Si uno se atrinchera en el egoísmo, no habrá forma de encontrar la felicidad, sin embargo, cuando uno rompe su propio cascarón y sale a actuar en bien de los demás, su vida se renueva con vibrante vitalidad.

En el caso del ser altruista, la lucha por ayudar a otros es, en sí, un ataque frontal al yo egoísta.

Hacer el bien es el mejor modo de mejorar el propio carácter y encontrar una mayor felicidad.

A fin de aliviar el sufrimiento de otra persona, uno debe identificarse con ella y compartir su sufrimiento, es un caso de identificación con el estado fundamental de la vida de otro.

Al ayudar a otros, el ser altruista se modifica a sí mismo, pues al hacer el bien suprime el egoísmo latente en él, permitiendo que la luz de su sabiduría interior ilumine la maligna oscuridad del mundo circundante.

Una vida dedicada a ayudar a otros, en vez de buscar la ventaja propia, vierte la luz de la verdadera “sabiduría y la inteligencia.”

De esta manera, con Ana intuimos la presencia espiritual de nuestro hijo conduciéndonos hacia la búsqueda de ese estado de altruismo descripto por Ikeda, ese era su legado, pero nos preguntábamos ¿cómo llevarlo a la práctica? ¿en qué ámbito? ¿de qué manera? ¿Cómo hacer para ejercitar el altruismo?

El camino propuesto por Ikeda, es la adhesión a una institución plagada de ritos e invocaciones, sujeta a una institucionalización, que constriñe la libertad.

Pero nosotros, jamás renunciaríamos a nuestra libertad, “En libertad; como tú querías.” le habíamos jurado a Enriquito.

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