“Si yo hubiera…” es la antesala de la culpa imaginaria


Enviado por Enrique Conde

En Renacer, la mayoría de los padres se acercan con sentimientos de culpa, a veces muy indefinidos, a veces puntuales. Sabemos que este sentimiento es, en la mayoría de los casos, injustificado, pero debemos fundamentarlo en alguna medida para que el padre logre ver el error de concentrar valiosas energías en un camino sin retorno.
A una persona que se lamenta diciendo: “Si yo hubiera hecho…”, “si yo hubiera sabido…”, “si yo le hubiera dado…”, “si yo no le hubiera dado…” debemos recordarle que como padres siempre hicimos y vivimos de la mejor manera que supimos y pudimos. Seguramente no quisimos herir o causar daño alguno, todo lo que hicimos creímos hacerlo porque así debía ser. Somos humanos, y como tales, cometemos errores.
Sin embargo podemos observar a padres que se quedan anclados en el pasado, en el “si hubiera sabido”…, “si no hubiera dicho”…, “si hubiera actuado de otra forma”…, etc., que no progresan en el camino de regreso a una vida plena.
La pérdida se hace así atemporal, en 10 años, en 20 años, todo es igual y hoy, aún varios años después, a esas personas al hablar de sus hijos sus ojos se llenarán de lágrimas, y volverán a narrar con todo detalle el día fatídico en que el hijo fue arrancado de sus vidas.
También observamos a padres que más que llorar por la ausencia del hijo, por el dolor que les produce su partida, centran sus energías en reñir con el destino, “por qué justo a él o a ella”, o “por qué de esa manera”, “por qué ellos que siempre fueron buenos y dadivosos”, etc.
Ante estas preguntas o quejas sin respuesta, estos padres mantienen una herida abierta por espacios prolongados de tiempo, muchas veces de por vida.
En ninguno de estos casos se produce la aceptación del hecho y el saludable camino hacia el sentido, considerando nuestra vida desde este punto en adelante, ya que el pasado no puede ser cambiado.
Estos padres se debaten muchas veces en sentimientos de culpa ficticia o imaginaria.
Nicolás partió en un accidente de moto y durante un tiempo nos reprochamos haberle comprado la moto.
Un día fuimos a visitar a un matrimonio que había perdido un hijo, cosa que hacíamos todos los sábados por la mañana durante un tiempo, porque nos hacía sentir muy bien y la señora nos dice: acá a la vuelta, hay una mamá que perdió un hijo y está muy mal ¿por qué no van a visitarla?
Fuimos y la mamá se pone a hablar y en un momento nos dice: si yo lo hubiera dejado salir con la moto, mi hijo no se hubiera muerto.
Entonces le preguntamos: ¿cómo es eso? y ella nos dice: mi hijo, todos los días después de almorzar salía a dar una vuelta con su moto y ese día discutimos, nos enojamos y yo, en penitencia, le dije: hoy vos no usarás la moto.
Mi hijo se sentó en el zaguán, pasaron unos amigos con un auto, lo invitaron a dar una vuelta, tuvieron un accidente y el único que murió fue mi hijo.”
Y agregó: “si yo le hubiera dado la moto, mi hijo no estaría muerto.”
Y ahí a su frente estábamos nosotros que pensábamos que si no le hubiéramos dado la moto nuestro hijo Nicolás, no estaría muerto…
Entonces, ¿Quién tenía razón?
Las cosas suceden porque tienen que suceder.
Pensemos un poco juntos; cada uno de nosotros ¿tiene, realmente, poder sobre la vida o la muerte de otra persona?
¿Está en nosotros poder decidir cuándo y en qué minuto y momento puede morir una persona?
Cuántas veces hemos visto que se le aprieta a alguien el gatillo de frente y la bala pasa por acá, por allá y no lo mata y en una de esas, una bala perdida mata a una persona.
Nadie tiene poder sobre la vida o la muerte de otra persona, ese poder para el creyente vendría de Dios y para quien no lo es, es el destino, es la vida, es el minuto de esa persona, ni un minuto antes ni un minuto después, las circunstancias se van dando de manera que él o ella tuviera que estar en ese momento, o en ese lugar, en ese minuto.
Eso es todo, ninguno de nosotros es tan omnipotente.
Todo lo que ha pasado no se puede modificar y continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lado.
Cuando uno pierde un hijo, es un proceso normal buscar la responsabilidad, así como cuando una persona se enferma, lo primero que hace es mirar para atrás a ver qué comió, con quién estuvo, qué hizo, en qué pudo haber sido responsable de eso, o si se golpeó o si se cayó, entonces, si uno le pregunta cuando empezó su enfermedad, dice: ¡ah! mi enfermedad comienza, aunque sea un cáncer de huesos, mi enfermedad comienza cuando comí una pizza en tal lugar.
Es normal eso de buscar siempre la causa del efecto, entonces, cuando muere un hijo uno siempre busca la causa ¿por qué pasó esto?, ¿quién fue el responsable? ¿fue el médico? ¿fue el que conducía? ¿fue el que lo indujo? ¿fue el que lo introdujo en tal cosa? Todas las especulaciones que uno pueda hacer.
Y poco a poco, generalmente durante las noches que no se puede dormir, uno va descartando algunas de estas causas y finalmente se queda con un culpable: uno mismo.
Entonces, aparece una culpa que es una culpa imaginaria o ficticia, la culpa real es cuando, realmente uno ha dejado de hacer algo o es responsable, en alguna medida, de lo que sucede.
Puede ser que la persona sea responsable, es muy difícil saberlo.
Generalmente, cuando uno no encuentra a quien culpar, surge la culpa ficticia, la culpa imaginaria, se culpa, primero, a Dios y cuando después piensa que no es así, termina echándose la culpa a sí mismo.
Y luego, ¿qué he hecho para merecer esto y una noche uno dice: si esto es un castigo, pues junto con la culpa aparece el concepto de castigo, ¿he hecho algo de lo que me siento culpable?, y la muerte de mi hijo es el castigo que recibo ¿lo han pensado ustedes así?
Tenemos noticias para ustedes, si lo que están buscando es sobre la culpa y el castigo, evidentemente, el que castiga debe ser un ser superior, pero ese ser superior, a su vez, tiene que tener un cierto grado de justicia para castigar, entonces si uno comete algo por lo cual se le debe castigar, el castigo debe ser para él, pero no puede ser, que por un acto que uno cometa, se castigue a él, a su mujer, a sus hijos y a todos los parientes, porque eso sería una cosa absolutamente injusta; entonces, si se tiene que castigar a alguien quedaría mudo, sordo, rengo o se muere, pero el castigo tiene que ser personal, no puede ser general.
¿Se dan cuenta ustedes de la importancia de esto?
Lo razonable es pensar que si hay una noción de castigo, el castigo tiene que ser hacia la persona, no puede ser hacia el resto de las personas ¿por qué se va a castigar a toda la familia, por algo que cometió uno de ellos?
Entonces no puede ser un castigo y si no puede ser un castigo tampoco es lógica la noción de culpa, que hemos imaginado, entonces piensen en otra cosa ¿por qué se van a estar amargando por una cosa tan absurda como ésta?
Para Elisabeth Lukas existen cosas más importantes que hacer que desenterrar errores del pasado; el presente debe ser utilizado y el futuro planeado”.
Esto nos recuerda una frase de Séneca: “El hombre feliz archiva su pasado, pone en orden su presente y está en condiciones de reformar su futuro, cuantas veces crea necesario”
Nosotros compartimos plenamente este criterio, de aquí se desprende que el “trabajar” y “elaborar” los sentimientos negativos, reactivando momentos dolorosos, no solo no es positivo, sino que impide que se vea con claridad cuales son las opciones hoy.
El pasado no puede ser cambiado, pero lo que existe aún es la libertad de elegir la actitud con que me enfrentaré y resolveré mi culpa real si existe y desechar la imaginaria que nunca existió.
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
bertilogoterapia@gmail.com
Viernes 25 de Julio de 2014

4 comentarios en ““Si yo hubiera…” es la antesala de la culpa imaginaria”

  1. Hola ,les confieso que no entro con mucha asiduidad a ésta página porqué lloro al leer los comentarios de otros padres que están sufriendo .De mi amado hijo Alejandro el próximo 26 de octubre se cumplirán 22 años de su partida a causa de un suicidio .Les quiero contar que siempre me he sentido culpable ,sí ya se que no estarán de acuerdo pero tienen que reconocer también que cuando perdemos un hijo/a por una enfermedad o un accidente es algo que no podemos evitar ,pero pienso que las madres deberíamos tener ese “presentimiento”y darnos cuenta cuándo “ellos”piensan partir de esa manera.Hay veces que me digo a mí misma :tú no merecías un hijo como él ,tán bueno ,tán cariñoso .Fué mi primer hijo ,lo tuve muy joven ,a los 16 años y prácticamente fué mi madre quien se ocupó de él.Quizá (o sin quizás) no le presté la atención que merecía .Estoy muy arrepentida ,aunque ahora poco importe.No existe el día en que no piense en él.Si pudiera daría lo que me quede de vida para verlo un solo instante y preguntarle:¿porque?.Mi vida ya nunca será la misma ,se terminaron para siempre las fiestas ,las navidades ,fin de año, año nuevo .Para mí son todos los días iguales ,la palabra felicidad la he eliminado para siempre de mi excistencia.Puedo estar alegre,contenta,divertida ,pero feliz :nunca .¿Que padre ,madre pude decir ,soy feliz si ha perdido un hijo/a ,no importa el tiempo transcurrido?.Ese es mi sentir ,gracias por leer mis palabras ,se despide ……..Rocío….mamá de Alejandro.

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    1. Hola Rocio, respeto todos tus sentimientos, aunque no los comparta, pero no estoy escribiendo para disentir, sino que al leerte, me dije”somos padres” o debemos ser super padres, las cosas pasan cuando tienen que pasar, Néstor se enfermo y nunca se curo, tampoco me di cuenta que se iba a morir, NO ME SIENTO CULPABLE, la vida me siguio dando momentos y hoy puedo decir que tengos muchos momentos de felicidad, te mando un abrazo y espero que puedas tener momentos felices, Alejandro no hizo lo que hizo para que su madre sufra, el seguramente tenia una esperanza de algo mejor.

      Luis
      Papá de Néstor

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    2. hola rocio entiendo perfectamente tu dolor, tu historia es similar a la mia madre joven y ayudada a criar a mi hija por mi abuela, vos sabes que yo supere eso pensando que no hubo mejor felicidad para mi hija que tener dos mamas y eso hoy me llena,porque la hice feliz, y por la culpa, todos sentimos un poco de culpa por lo sucedido, mi hija tuvo leucemia y yo pensaba porque no me di cuenta cuando me decia estoy cansada, o me salen moretones, y sabes que aun asi no se si la hubiera ayudado, entonces deje de torturarme para vivir en homenaje de ella, de nada vale sufrir y sufrir, al contrario, tu hijo no queria eso para vos, y hay un reencuentro rocio, mi hija dias antes de morir se levantaba de la cama e iba diciendo simon hijo mama esta yendo esperame no corras, ella hoy esta con el. y el suicidio mi media hermana tomo esa desicion y yo hoy la respeto por eso y digo porque no? porque debemos imaginar que fue una tortura, noooo rocio nuestros hijos nos dejaron amor, no dolor.y te digo que si se puede ser feliz en esta vida, dando amor a quien lo necesite, y esperando ese dia anhelado. no juzgo para nada tu sentir, pero se puede. tu hijo quiere que vos hoy digas si puedo, obvio que seguimos de otra manera, y siempre ellos en nuestros pensamientos, no te niegues a una vida sin dolor rocio. aca somos muchisimas las mamas que perdimos a nuestros hijos y aun asi, pudimos de otra manera desde otro lugar lograr ser feliz, no completamente eso seguro,pero se puede. te mando mucha luz, ah y pensa que entrastes aca porque de alguna manera no queres ese sufrimiento. abrazo gigante,gigante. analia

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    3. Yo pienso que todo el tiempo que tuvimos a nuestros hijos fue de amor, ya sea que uno hubiera estado con ellos las 24 horas del dia o solo un poquito, como el caso tuyo, mio y de muchas mamás que salimos a trabajar, pero esos momentos en que estuvimos con ellos, fueron para darnos amor, y por ese gran amor yo creo que debemos levantar el espiritu y tratar de vivir dia a dia, recordando todos esos bellos momentos, pensando que un dia nos reencontraremos nuevamente con ellos.
      recibe un abrazo y un abrazo al cielo para nuestros angeles de amor
      mey mami de Dieguito

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