Caminamos de la mano de nuestros hijos


La palabra de los padres y hermanos en encuentro de San José.

Abril de 2006, en el marco del “ENCUENTRO NACIONAL  DE  LOS  GRUPOS  RENACER  DE  URUGUAY” realizado el 31 de mayo y 1º de abril del año 2006.


Raquel, mamá de Juan Carlos y Gonzalo por Renacer Ecilda Paullier

Soy Raquel, pertenecemos al grupo Renacer de Ecilda Paullier y llevamos tres años de existencia.

Nuestro padrino es el grupo Renacer de San José, a ellos nuestro agradecimiento, el eslogan es: Caminamos de la mano de nuestros hijos, los que han partido.

Paradójicamente, los que hasta el día del infortunio estábamos preparados para que ellos fueran de nuestra mano, hoy se han invertido las reglas y ellos nos llevan, nos guían, pues los tenemos alojados en lo profundo del corazón.

Frente a tal impacto no existe edad, nivel social, cultural o económico y solamente quien atraviesa esta experiencia puede entendernos.

La partida de esos seres tan especiales, nos hacen ver, aún más claro todavía, la existencia de los hijos que nos quedan, ellos como hermanos, sufren lo suyo propio y lo nuestro.

Nosotros, muchas veces, atormentados por el dolor, los descuidamos; por eso es que en nombre de los que partieron, debemos mantenernos atentos a sus necesidades especialmente morales y espirituales y hacerlos ver y sentir que estamos, más que nunca, incondicionalmente a su lado, junto a ellos, conteniéndolos, que entre caer y levantarnos hemos elegido levantarnos, empezando por nosotros mismos, aumentando nuestra autoestima, renunciando, cuantas veces se pueda, al dolor para ser solamente un ser humano atesorando el recuerdo amoroso de nuestros hijos que han partido, sin renunciar, en absoluto, a los momentos que la vida nos regala, a cada instante, junto a nuestros seres queridos ya sean alegres o difíciles.

También agradecemos a Gustavo y a Alicia Berti, pioneros de estos grupos, por esta gran idea, gran idea que nos permite reunirnos; que tengan una acogedora y plena estadía y puedan llevar una buena imagen de los frutos que ellos mismos sembraron porque es dando que se recibe.

En este ámbito nos abrimos con total libertad, lloramos, reímos y porque no también levantamos una copa ya sea en Navidad o cualquier otra oportunidad que de aquí en adelante se nos presente y pedirle, cada quien a su Dios, que nos de fuerza suficiente para seguir diciendo: Sí a la vida.

Sólo nos resta decir, que así sea, gracias, gracias.

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