El alma de Renacer


25 Aniversario de Renacer – 8, 9 y 10 de noviembre de 2013 -Huerta Grande – Córdoba – República Argentina

Transcripción: Enrique Conde, Sara Orellano, Karina Auil

alicia_huerta_grande_2003

Gustavo: Yo quiero decir que Renacer podría haber existido sin mí, pero no podría haber existido sin Alicia.

Alicia es la luz, es la alegría, es el disfrute de la vida que es posible para todos los padres que perdemos hijos.

Ella es la que pone el alma y le pone la vida a Renacer. (Aplausos sostenidos)

Yo quiero agradecérselo y dejar que ella continúe esta charla y luego contestaremos preguntas. (nuevos aplausos tibios)

Alicia: Muy tibio fue es aplauso a Gustavo… (Caluroso aplauso)

En realidad, Gustavo creó un clima… ¿verdad?

Nadie lo esperaba, quizá ustedes esperaban que yo contara esas cosas, pero Gustavo contó esa parte que algunos que hace muchos años que nos conocen la saben, pero es la primera vez que, realmente, cuenta que él tenía momentos de una relación difícil con Nicolás y, seguramente, que le puede pasar a los padres que tienen hijos adolescentes, porque como él dijo, los dos tenían un carácter muy fuerte.

Nicolás creo que ya no lo tiene porque está en otra dimensión, (risas) pero vos todavía lo tenés (carcajadas)

Bueno, volvamos a ese clima, tan hermoso que se ha creado acá, que se creó con esto que Gustavo conversaba de su relación con Nicolás.

Son 25 años, papás y mamás, y cuando Nicolás partió, cuando Nicolás murió yo no pensé nunca que podía sobrevivir 25 años màs.

Es gracioso porque en realidad es una dualidad que uno experimenta, porque yo sabía que iba a vivir estos 25 años màs y sabía que, seguramente viviría muchos años más porque la historia de mi familia, en general, es muy longeva.

Pero la pregunta era ¿cómo? ¿cómo iba a vivir? Y ahí estaba Luciana ¿cómo hacía para ser, otra vez, esa persona tan alegre? Y me daba cuenta que, en realidad, yo no sólo estaba triste por la ausencia de Nicolás, eso era evidente, también estaba triste por mí misma, que estaba sumida en una tristeza que no conocía.

Cada uno de ustedes lo ha experimentado ¿verdad? Algunos están todavía en esos primeros tiempos.

No, pensé que, realmente, podría llegar a sobrevivir así, me acuerdo que tragaba los libros, un libro tras otro – veo a muchos papás que hacen que sí con la cabeza ¿verdad Karina? – hay que buscar, hay que buscar, esa es la forma.

Cuando parte Nicolás no había Renacer, no había nada, papás… nada…

Lo único que teníamos, era la gente que se acercaba y con el sincero deseo de ayudar nos decían “se puede”, “se puede”, vas a ver… vas a ver que con el tiempo… tenés otra hija…

Pero también ella estaba triste y estaban tristes mis padres, tíos, los otros abuelos, primos… era un mar de tristezas.

Yo buscaba alguien que me dijera algo que me iluminara un camino, entonces, se me puso en al cabeza, que Nicolás a mí me había dejado un mensaje, estaba convencida que su partida no era porque sí, tenía un sentido y debíamos descubrirlo y a eso es a lo que nos abocamos.

Al principio con Gustavo no hablábamos entre nosotros, tal era la tristeza y ————–entre los dos hablábamos con Luciana, tratando de decirle que por un tiempo iba a tener padres tristes que nos comprendiera, que nosotros también íbamos comprender que ella estuviera triste y ella nos dijo algo que a nosotros, realmente, nos dejó como despertando de lo que era la realidad nuestra.

Nos dijo “Ma Pa, ustedes tenían una vida antes que llegara Nicolás, yo no, Nicolás es mi hermano mayor, cuando yo llegué a la vida Nicolás ya estaba, entonces me parecía que no podía ser, ¿cómo vamos a seguir viviendo? si falta esa persona que integraba la familia ya que estaba cuando yo llegué.”

¿Se dan cuenta de la lógica contundente, de es pensamiento?

Entonces, luego de ahí se suceden tantos sentimientos y emociones tan encontrados, tan intensos, en esos primeros tiempos, que si nos dedicamos a desmenusarlos para ver si de esa manera logramos acomodarlas, nosotros les decimos, por experiencia y seguimos sosteniendo, que no es así.

Fue muy pronto, pero muy pronto que supimos que nosotros teníamos que dar el salto cuántico, ese salto me lleva, desde este lugar de dolor, a la luz a la esperanza al amor increíble que aún tenemos por nuestros hijos, ese amor increíble que tenemos por los hijos y ahora por los nietitos.

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