Un salto a la luz y a la esperanza


25 Aniversario de Renacer – 8, 9 y 10 de noviembre de 2013 -Huerta Grande – Córdoba – República Argentina

Transcripción: Enrique Conde, Sara Orellano, Karina Auil

Nosotros decíamos, así como amamos a Luciana, amamos a Nicolás, el hecho de que Nicolás no esté físicamente, no significa que no lo amamos más, que lo dejamos de amar, que no tenemos más responsabilidades para con él y ¿cuál sería nuestra responsabilidad principal para quienes partieron?

Yo quiero escuchar, no quiero timideces, estar bien, dar amor, recordarlos con alegría ¡esa es la voz que me gusta, recordarlos con alegría, qué más, homenajearlos, ser felices, qué más, ayudar a otros papás, se dan cuenta, lo que nosotros hicimos con Gustavo fue dar un salto cuántico, no nos detuvimos en lo mal que me siento, en que hoy siento culpa, en que hoy me siento peor que ayer, en porqué le dije esto, en porqué, en si yo hubiera hecho esto o aquello otro, pero ya está es un hecho consumado, Nicolás no está físicamente.

No estaba más Nicolás, pero nuestra vida empezaba de nuevo, continuar es imposible, los sabemos, el salto cuántico significa todo eso que ustedes nombraron ahora, la alegría, el amor, todo eso.

El salto cuántico lo podemos dar todos y no significa que neguemos lo que sentimos, significa que más allá de esto que yo siento, está el amor verdadero, está el amor incondicional aquel que ni siquiera la presencia física del ser amado para amarlo y para que ese amor siga creciendo hasta abarcar toda la vida.

No hay necesidad de desmenuzar lo que me está pasando, de contar una y otra vez lo que me pasó, no es así, es pararme, decirle sí a la vida, porque todavía estoy de este lado de la vida.

¡Cuántos papás decidieron morirse con sus hijos! Tenemos varios casos como anécdotas, demás muy graciosas, hay un papá de nuestro grupo Río Cuarto, por ejemplo, Jorge que lo conocemos todos los papás de Río Cuarto, que dijo “yo me tiré en la cama y dije me voy a morir, total se murió mi hijo, yo me muero, no me levanto más” y se tiró a la cama para morir; pasó un día, dos, tres, entonces vino la esposa y le dijo “¿te vas a levantar en algún momento?” No, le dice él “me voy a morir como Marcelo, no” entonces ¿qué pasó? un día se dio cuenta que no había muerto todavía y ya habían pasado varios días, entonces, se dio cuenta que no se íba a morir, entonces, nos contó, “es evidente que voy a seguir vivo, porque matarme no me voy a matar” entonces se dijo “voy a hacer algo, no quiero vivir así”.

Entonces, se decidió a hablar, ya la esposa concurría a Renacer, se daba cuenta que sonreía, que se sentía mejor, “voy a ir a investigar que hacen en ese grupo” dijo y así se acercó y así, luego siguió por muchos años.

Hay otras anécdotas.

Entre ellas había un padre que era verdulero que el homenaje a su hijo que lo ayudaba en el trabajo era poner frente a su foto como un altar de frutas y verduras, para él ese era su homenaje, pero su señora nos decía, claro, la verdura se echaba perder toda y no la sacaba, entonces, se dio cuenta que, realmente, tampoco ese era un homenaje para su hijo.

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