Frente a la violencia que nos rodea


A lo largo de 26 años se ha generado mucho material. El Grupo Renacer evolucionó, creció y se nutrió de los aprendizajes de las reuniones y de recursos teóricos provenientes de la filosofía, antropología, la sociología y la logoterapia. Este artículo fue  publicado en el Boletín Nº 30 de Grupos Renacer del mes de Octubre de 2002 y forma parte de libro de recopilaciones realizado por Enrique Conde “Tributo a Renacer en sus 23 años“, disponible para su descarga en la sección Libros de este Blog.


Por Alicia y Gustavo Berti 

            No nos cabe duda alguna sobre la terrible situación por la que atraviesa nuestro maltrecho país. La anarquía en la que estamos inmersos tiene su cara más desgarradora en los hermanos que comen basura y su cara más infame en los asesinatos que, sin razón alguna se suceden a diario, en especial en el con-urbano bonaerense, enlutando a muchas familias y entre ellas a muchos padres que han perdido y perderán sus hijos víctimas de una violencia delirante.

            Adelantándonos en el tiempo podemos prever que en un futuro no muy lejano este ha de ser uno de los principales problemas con los que tengan que trabajar los grupos Renacer, y en una reciente reunión del grupo José. C. Paz, de la que participamos, nos manifestaron que esto es ya una realidad para los grupos del con-urbano bonaerense.

            Esta realidad nos obliga, a su vez, a plantearnos algunas cuestiones, no ya de manera coyuntural, sino como un problema que está para quedarse y que debe ser encarado de la manera apropiada.

           ¿Cuál debe ser la conducta de los integrantes de los grupos Renacer frente a aquellos padres cuyos hijos han sido asesinados?

          ¿Cómo ayudarlos a superar este trance sin que el odio los destruya?

          ¿Es posible acercarnos a ellos con un mensaje de amor?

          ¿Debemos persistir con un mensaje de amor y esperanza aún a riesgo de ser rechazados y de que esos padres no asistan o abandonen a Renacer?

            Estas preguntas plantean serios dilemas cuya solución no es simple y menos factible de ser normalizada o esquematizada, pero nosotros no podemos permanecer ajenos a estos interrogantes y nuestra tarea debe ser acompañar y, si es posible, adelantarse a los tiempos que corren y prever respuestas a una comunidad que en esto, como en tantos otros aspectos sociales y económicos, marcha a la deriva.

            No es tarea sencilla puesto que nosotros mismos nos sentimos amenazados y a veces respondemos de maneras paranoicas a la presencia latente y omni-abarcadora de la violencia y estas maneras de responder van, a su vez, contaminando, destruyendo el mundo nuestro y el de nuestras relaciones. Por eso queremos introducirnos en el tema con una breve síntesis de nuestra relación con la violencia que nos rodea, de los sentimientos que en nosotros despierta, para luego pasar a nuestra propuesta para los grupos Renacer en estas circunstancias.

             Antes que nada, vale decir que en Renacer Río Cuarto hace ya algún tiempo que venimos trabajando sobre las razones por las que, nosotros que hemos perdido hijos, debemos continuar llevando un mensaje de amor, a pesar de la violencia que nos rodea.

            Entendemos por sentimientos, los estados interiores del hombre que pueden o no responder a estímulos externos y que, al mismo tiempo, influencian la manera en que ese hombre se abre, se vincula, simultáneamente, al mundo en el que vive y a sí mismo. Cae de maduro, entonces, que el mundo del melancólico es distinto al mundo de la persona alegre o jovial.

            Esta breve introducción nos está dando ya la pauta que, así como el hombre tiene muchas maneras de ser en el mundo, cada manera de ser abre un mundo propio, así el mundo del delincuente es distinto al del resto de las personas y, a su vez, para esas personas el mundo del delincuente es ininteligible, oscuro, inaccesible, amenazador y por esa misma razón se torna temible y angustioso al mismo tiempo.

            Ahora bien, una vez que el hombre no delincuente es expuesto al mundo delictivo, sea por experiencia vivida o incorporada mediante la información proporcionada, lo hace a partir de sentimientos de temor y angustia a través de los cuales ese hombre se ha de vincular luego a su mundo, a un mundo que hasta entonces era, por así llamarlo, un mundo normal. Vale la pena, por lo tanto, explorar los sentimientos que prevalecen en un mundo vivido con temor y angustia.

             Enfrentado a este nuevo mundo el hombre, al mirar en torno, ve lo temible, precisamente, porque se encuentra abierto a ese mundo a partir de un sentimiento de temor y lo que se teme es la irrupción de un mundo violento en el nuestro, que es conocido y amigable, es decir, un mundo en el que la costumbre nos acuna y protege en sus brazos.

             Lo primero que notamos es que el temor se adueña de nosotros, nos posee, nos controla, nos vuelve inseguros frente a las demás cosas y personas, nos ofusca y nos hace perder la cabeza. Notamos, además, que hay una serie de estados de ánimo afines al temor, como son el espanto, el terror y el pánico, así como también la timidez, la pusilanimidad, la medrosidad y la zozobra.

            Hemos procedido a describir estas maneras en las que el hombre se relaciona con el mundo, pero sucede que en ese mundo habitan también otros seres humanos, de donde surge que el hombre presa del temor y sus variantes, se ha de vincular con los otros a partir de esos sentimientos y entonces su relación estará basada en la desconfianza, el recelo, la cautela y la falta de solidaridad.

             Pensemos ¿qué automovilista se ha de parar para auxiliar a alguien caído en una calle oscura?, en síntesis, una relación empobrecida y deshumanizada, si no embrutecida y que, al ignorar al otro como persona, genera aún más violencia.

            Los estados de ánimo tienen otras características existenciales importantes, como es el hecho que están presentes antes de todo conocer y querer; que sólo pueden ser reemplazados por un estado de ánimo opuesto y, aspecto que quiero rescatar en este ensayo, que son contagiosos y que pueden ser inducidos por la publicidad intensiva, lo que nos introduce de lleno en el tema de la responsabilidad de los medios masivos de difusión, en especial la televisión, en la generación de una mayor violencia.

            El papel de la publicidad masiva en la formación, o deformación, de los sentimientos es ampliamente conocida, baste recordar la capacidad de figuras del espectáculo para imponer modas y costumbres, o el hecho, también reconocido, que la tasa de suicidio aumenta con la mayor difusión.

             Estas apreciaciones nos obligan a preguntarnos si es necesario que los medios de prensa, oral o escrita, den tanta difusión a hechos aberrantes de violencia y, al mismo tiempo, tan poco espacio a hechos positivos.

            Elisabeth Lukas, discípula de Víctor Frankl, nos dice que cuando acusamos al mal éste no ocurre con menos frecuencia, pero centra sobre él la atención de todo el mundo, y las múltiples maneras en que el mal se presenta descorazonan a aquellos que luchan por el bien, pero si prestamos atención al bien, éste no sucede más a menudo, pero despierta la esperanza de todo el mundo, y aún el pequeño bien que ve la gente los fortalece en su lucha contra el mal.

            Estas palabras de Lukas, escritas años ha, parecieran calcadas de las declaraciones de Juan Pablo II en Polonia, publicadas en el Diario La Nación el día Domingo 18 de Agosto de 2002, de las que transcribo el párrafo inicial de la nota : “Donde predominan el odio y la sed de venganza, donde la guerra lleva dolor y muerte de inocentes, es necesaria la gracia de la misericordia” y continua … “el mundo necesita de la misericordia de Dios” En otras palabras, el mundo necesita del amor.

            En la primera parte de este ensayo hemos descrito el mundo que descubren los sentimientos de temor. En esa dirección se encamina nuestra sociedad. Debemos pensar si queremos vivir en ese mundo o si queremos legarlo a nuestros hijos. Si este camino no nos agrada debemos cambiar nosotros, debemos tratar de vivir con coraje en vez de temor, porque el coraje también tiene sentimientos afines y entonces podremos relacionarnos con los demás sobre una base de firmeza, confianza, seguridad, resolución, determinación y honor y deberemos, además, reclamar que cambien de igual manera nuestros medios de difusión, que atemperen la magnitud, el volumen de espacio y el tono que dan a la violencia porque en el fondo ambos, nosotros y la prensa, somos responsables por el Qué, qué hacemos, decimos y decidimos, así como por el Cómo, cómo vivimos, amamos y trabajamos y también, porqué no, cómo informamos.

             Este ensayo es parte de un trabajo nuestro publicado en el Diario Puntal de nuestra ciudad, y sirve como introducción para hacernos ver como es el mundo de la violencia, cómo nos afecta y, por sobre todo, ver que somos responsables por la manera en que vivimos.


En Boletín Nro. 30 de Renacer Tucumán – Octubre 2002

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