La ayuda mutua como una expresión existencial


 

 

 Por Gustavo Berti , Diario  “Puntal” de Río Cuarto, 21 de enero de 1995  en Conde Enrique, Tributo a Renacer en sus 23 años., Disponible en:  https://gruporenacer.wordpress.com/libros/


“Para otros, descansa en mí el noble bien,
no puedo ni quiero ocultar ya el tesoro.
¿Por qué busco el camino con tanto afán
si  no lo he de mostrar a mis hermanos?”
Goethe

            El propósito de este trabajo es analizar el fenómeno de la ayuda mutua, considerándolo como una expresión de la existencia del ser humano, enfocándolo desde el punto de vista de sus fundamentos filosóficos y antropológicos, puesto que si pensamos en la ayuda mutua como un instrumento de utilidad sólo para el hombre enfermo, dejaríamos de lado la extraordinaria riqueza de este fenómeno aplicable, según las circunstancias, a todo ser humano.

            Pero no sólo eso, puesto que al limitarlo al aspecto enfermo del hombre, correríamos el riesgo de considerar como enfermo a todo aquel que pueda usar un grupo de ayuda mutua, a raíz de una crisis existencial, o dicho de otra manera, negaríamos la posibilidad de la ayuda mutua a aquellos seres  no enfermos, que pueden atravesar una situación límite demasiado severa para una salida individual.

            La línea de pensamiento Frankliano, sostiene que la autorrealización se concibe como resultado de una actitud, que es la ayuda a otro y sólo puede lograse a través de la autorrenuncia, al estar orientado a algo o a alguien que no es él mismo y la auto-trascendencia, la capacidad de distanciarse de sí mismo y ambas se funden en la ayuda mutua.

            Al levantarse el hombre por encima de su propio dolor para ayudar a un hermano que sufre, asciende a su dimensión espiritual, donde tienen origen esos fenómenos específicamente humanos que son la autorrenuncia y  la auto-trascendencia.

              El beneficio de considerar la dimensión humana del hombre, pone sobre sus hombros la responsabilidad, que como hombre que es, no puede dejar de lado, no importa cuánto sufra o cuán enfermo esté, ayudándole, en ese camino, no a dejar de sufrir, sino a encontrar un sentido en su sufrimiento.

            Si le preguntamos a un hombre corriente ¿qué piensa cuando escucha la palabra ayuda mutua?, es muy probable que por su mente pasen diversos conceptos, no necesariamente compatibles entre sí.

            Es casi seguro que lo primero que vendrá a colación sea “Alcohólicos Anónimos” seguido muy de cerca por la noción de enfermedad, y quizás también se cruce la idea de incurabilidad, al menos mediante los recursos disponibles por la medicina oficial.

            Más difícil, por otro lado, es que ese mismo hombre piense en la ayuda mutua, como una expresión existencial del ser humano confrontado a situaciones límites, para las que no existen referencias previas en su vida, aunque Jasper nos diga que experimentar situaciones límites y existir es lo mismo, porque en la experiencia de una situación límite, una existencia posible se convierte en real.

            Estas situaciones conducen al análisis de la existencia humana al desnudo, con todas las dificultades inherentes, pero que, al mismo tiempo, cuando no pueden ser resueltas a nivel individual, debe servir para que, apoyados y acompañados por aquellos con  quienes un destino común los ha hermanado, pueda el hombre, encontrar el campo de sus libertades, que le han de servir, en una vuelta de tuerca existencial, para enfrentarse y oponerse a ese mismo destino, haciendo objeto del análisis, compartido por el grupo, no a “las vivencias pasadas, que, presuntamente, tanto determinan nuestra personalidad, sino las posibilidades de poder crecer por encima de  tales condicionamientos” (Elisabeth Lukas).

             Estamos, en realidad, hablando de un proceso de auto-experiencia que, acompañado por un grupo, llevan a cabo sus integrantes.

            Lukas nos dice que la verdadera experiencia sólo se produce a través de  un camino indirecto, o sea, solamente al mirar lo que no es uno mismo, “el Yo deviene Yo, solamente a través de Tú”, nos dice  y continúa Lukas “El grado de una  dedicación con amor determinará, finalmente, qué vallas, el hombre, es capaz de “saltar”, haciendo frente a perturbaciones psicofísica, en caso de necesidad.

           Este análisis nos abre las puertas a lo que  se propone como fundamento antropológico de la ayuda mutua, es decir: en vez de auto experiencias, autorrenuncia; en vez de auto observación, observación del mundo . (Elisabeth Lukas).

       La autorrenuncia se refiere a la capacidad, exclusivamente humana, de distanciarse de sí mismo y cuando se llega a eso, poder, nuevamente, trascenderlo en camino al desapego de sí mismo, desapego éste que, provisto de intencionalidad, se transforma en sacrificio personal; en palabras de Nietszche: “Quien alcanza su ideal, justo por ello, va más allá de sí mismo”.

            Por eso, porque los miembros de los distintos grupos no, pretenden “curar” un sufrimiento al que sólo puede o no dotarse de sentido, porque al verse enfrentados con un hecho inmodificable, son capaces de demostrar su humanidad, no enferma, precisamente, en el dominio de esa situación, dan testimonio de lo que el ser humano puede hacer, demostrando, finalmente,  que lo que cuenta es la actitud con la que se encaran los golpes del destino en la vida, por eso, los miembros de los grupos son capaces de arrancarle a la vida un sentido y por eso pueden decir de manera incondicional: a pesar de todo, sí a la vida.

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