Falleció Norma, mamá iniciadora de Renacer Congreso.


             En la noche de ayer, 5 de junio, partió a reunirse con su hijo Ricardo, Norma, co-fundadora del Grupo Renacer Congreso y la más antigua de los integrantes de Renacer en el Uruguay.

              En su homenaje recordamos lo que escribió en “Mi Renacer “ y  en homenaje a su hijo en “Ricardo”“

MI RENACER

Por Norma

Un día, mirando la televisión veo a tres padres integrantes del grupo “Renacer Uruguay”; anoté un número de teléfono, el de Reneé, la llamé y me dijo que el próximo lunes había una reunión del grupo y me pidió que fuese y en la mañana me llamó y me recordó que me esperaba.

Así lo hice buscando un consuelo a tanto dolor, buscando una explicación, una repuesta a tantos ¿Por qué?.

Todo había empezado el último día del mes de Octubre de 1994, cuando  el destino asestó la cruel puñalada en lo más profundo de mi corazón y comenzaron los ¿por qué?.

¿Por qué a mi hijo, que tenía toda una vida por delante?

¿Por qué no yo, que creía había cumplido mi misión?

¿Por qué él, que tenía tantos proyectos y sueños?

¿Por qué no yo, que ya había quemado esas etapas?

¿Por qué él, que tenía su esposa y su hija pequeña?

¿Por qué?, ¡Por qué, Dios mío!, ¿Por qué?…

Y comenzaron a pasar los días hundida en ese profundo dolor… no quería hablar con nadie… quería estar sola… sólo la presencia de mi pequeña nieta me daba un poco de aliento  y me estimulaba a seguir adelante.

En “Renacer” encontré un grupo de padres, no más de 25, llenos de amor que trataban de sacar de lo más hondo de su ser las fuerzas y las palabras para ayudarse mutuamente.

¡Era difícil! todos eran noveles en esta ardua pero hermosa empresa que se habían propuesto llevar adelante.

En ese primer día sentí y comprendí que mi dolor no era el más grande, que otros sufrían tanto como yo.

Tres realidades me hicieron pensar y reaccionar:

Había padres que habían perdido más de un hijo; segundo, yo había disfrutado a mi hijo 36 años, era en ese momento la mamá  que había perdido al hijo de más edad, y la tercera,  una joven mamá me dijo: “tu tienes una nieta; yo no tengo nietos ni voy a tenerlos; he perdido a mi única hija y no podré quedar más embarazada”.

Seguí concurriendo a todas las reuniones, ya que era la única motivación para salir de mi casa, allí  encontraba quienes me comprendían, pues en las palabras que decían otros padres, yo sentía que expresaban lo que a mí me sucedía, aunque no sabía manifestarlo.

Una mañana, escuchando la radio, en la que la audiencia llama para referirse a lo bueno y a lo malo de la vida, se referían a esto último, por un pozo en la calle… un ómnibus que no pasaba…  un caño roto… todas cosas intrascendentes, problemas que la mano del hombre  puede solucionar.

Entonces llamé y dije que lo único malo en la vida era la pérdida de un ser querido y lo máximo, la de un hijo, y que a pesar de ese dolor tan inmenso, había un grupo de padres que estaban tratando de superarlo, ayudando a otros padres: el Grupo “Renacer”.

Me pidieron mi teléfono y el del grupo, así nacía la comunicación con Omar Gutiérrez. A los pocos días recibí la llamada de una mamá desesperada y, ante mi propio asombro, nacieron de mi interior palabras de aliento y consuelo, eran las palabras que había escuchado en el grupo y que estaban grabadas en mi  corazón y brotaban llenas de amor para ayudar a esa mamá. En ese momento comprendí que yo también podía hacer algo por los demás, me sentí útil, encontré un “para qué” había quedado en este mundo; luego a un papá se le ocurrió darme otras tareas para realizar en el grupo, así trabajando y dando amor he comenzado a trascender en mi dolor.

Han pasado los días, los meses, más de un año, he visto llegar al grupo a muchos padres sufrientes, mamás que no habían vuelto a sus trabajos, que habían dejado de hacer los quehaceres de sus casas, que dormían a fuerza de pastillas, que hoy han vuelto a trabajar, a ser las amas de casa que eran antes, que han cambiado las pastillas por una sonrisa con amor.

Papás con una gran rebeldía, que a los pocos meses realizaban junto a otros padres, el Primer Encuentro Nacional de Renacer Uruguay; padres que recorrieron cientos de kilómetros a los pocos días de perder su hijo, buscando consuelo a su dolor, que hoy ya formaron en sus ciudades de origen, grupos “Renacer”; padres que a pesar de haber pasado mucho tiempo de la partida de sus hijos, impugnaban la justicia o la injusticia del destino cruel; otros después de haber asistido a distintos grupos encontraron en “Renacer” la paz espiritual, la comprensión y el amor; padres que llorando pedían les dijesen qué tenían que hacer para aliviar ese enorme dolor… y hoy todos están tendiendo sus manos y dando una palabra de aliento a los nuevos padres que llegando sufrientes, se vuelven solidarios.

Muchos más ejemplos podría dar.

Así estoy renaciendo en este hermoso grupo al que me trajo la gran bondad de mi hijo, porque sabía que aquí encontraría todo el amor que él ya no podía darme, donde encontré una hermosa familia, ahora tengo más de un hijo, una hermana y más.

Un grupo en el que todo es humildad, espiritualidad y amor.

Amor puro, sin egoísmo.

Amor de dar, sin recibir.

Amor de ofrecer, sin pedir

Amor sin barreras ni fronteras

Amor tierno y dulce

Amor de manos abiertas y brazos tendidos

Amor de no a la materia y sí a la espiritualidad

Amor, más amor

Humildad, más humildad

Y espiritualidad hasta el más allá.

Este es mi renacer, el mejor homenaje que le puedo hacer a mi querido hijo Ricardo.

Norma

R I C A R D O:

Recuerdo… tus ojos dulces

como miel de abejas,

puros como el agua cristalina,

penetrantes cn lo oscuro de la noche

y brillantes como estrellas en el día.

Recuerdo… tu sonrisa amplia y clara,

que alegraba mi existencia todo el día,

tu voz sonora y fuerte,

tu decir justo y bullanguero,

tu palabra cariñosa al ser querido

y tu consejo sincero al compañero.

Te recuerdo fuerte por fuera, como el roble,

donde buscaba yo, protección segura,

y en tu interior guardabas,

cual el algodón, suavidad y ternura…

Recuerdo… todo lo que me dejaste:

tu mirar, tu quehacer, tus alegrías…

y, así, recordándote, tal cual eras,

viviré hasta el último de mis días.

Estás en el sol, en las estrellas,

en lo oscuro de la noche, en la luz del día,

en el canto de los pájaros, en el perfume de las        flores,

pero más que en todo eso, ESTÁS EN EL ALMA MÍA.

Mamá Norma

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