Un homenaje con la propia vida


   Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises, con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida y dulce Ana.   


 

 

          Si bien, los padres que hemos perdido hijos, podemos homenajear a nuestros hijos llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, etc. como es habitual en la cultura a  la que pertenecemos, a través del mensaje de Renacer, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlos, que es hacerlo con la propia vida.

          Es seguro que cada uno, en su momento, hubiera ofrecido su vida a cambio de la de su hijo y no le fue concedido, pero hoy podemos ofrecer vivir nuestra vida en su homenaje

          Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que cuando se dan ya son hechos del pasado y, por lo tanto, no podemos cambiar, en homenaje a nuestros hijos, sí podemos cambiar de actitud y asumir una nueva actitud exenta de ira, de fastidio o de violencia.

          Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos cuando en la cocina nos pasa algo, o frente a cualquier contrariedad, podemos cambiar de actitud sin fastidio, sin ira o violencia.

          En poco tiempo nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye, en gran medida, ser mejores personas, gracias al homenaje que le estamos haciendo, calladamente, a nuestro hijo.

           Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil vivir amargados, desilusionados, llenos de pena, angustia y desesperanza?

           Entre dos cosas difíciles podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

           La semilla es buena, dependerá de cada uno que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca.

          Cuando resolvemos vivir en homenaje a ese hijo, empezamos a descubrir valores; valores que ya los teníamos, pero estaban ocultos, como larvados, como la crisálida, en espera de su ciclo de vida, nosotros teníamos esos valores en nuestro corazón, que ahora despiertan.

          También empezamos a ver al dolor ajeno de una manera distinta, empezamos a darnos cuenta que en el mundo hay mucho sufrimiento y quisiéramos ayudar a quienes sufren y sobre todo empezamos a entender a los padres que sufren.

          Nuestros hijos empiezan a transformarnos; ya no son aquellos hijos que nos causaron una tragedia, ya no son aquellos hijos que nos llenaron de angustia, ya no son aquellos hijos que nos llenaron de dolor, sino que son hijos que nos enseñan  a ver la vida de una manera distinta.

           Es entonces que se cumple la afirmación de Elisabeth Kúbler Ross de que aquellos hijos que vienen al mundo por breve tiempo, lo hacen “con una misión específica: la de transformadores espirituales de sus padres”

          Víctor Frankl, que fue un padre que perdió a su esposa, perdió a un hijo en gestación en un campo de concentración nazi, perdió a su madre, a su padre y a dos hermanos, dice “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano.”

          Si cada uno de los actos en nuestra vida, los hacemos en homenaje a nuestros hijos, haciendo el bien, ayudando a los demás, comprobaremos la diferencia que hay entre vivir así o creyendo que el homenaje a nuestros hijos sea llorar, vivir angustiados o tomando medicamentos, drogas o alcohol.

          Si nosotros resolvemos vivir en homenaje a nuestros hijos, ¿a quién se le puede ocurrir hacer mal o tratar mal a alguien?

           No hay la menor duda, que nuestros hijos quisieran vernos con la frente en alto, viviendo dignamente.

           Vivir dignamente no sólo por nosotros mismos, vivir dignamente también para la sociedad, dignidad para el entorno, porque la sociedad nos mira.

            En “Buceando en el aljibe” sólo trasmitimos el mensaje y lo hacemos imbuidos de gratitud hacia los iniciadores de Renacer, asegurando que es posible hacerlo realidad.

           Renacer es la avanzada de una humanidad distinta, y como partes de esa avanzada, nos transformaremos, demostrando al mundo que se puede vivir dignamente en homenaje a un hijo que ha partido prematuramente.

                                                               Viernes 26 de junio de 2015

 

 

 

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

 

 

 

 

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