LA HORA ETERNA


El contorno delimitaba el espacio, su propio lugar de lado a lado le correspondía, le pertenecía.
Todo es tangible menos el dolor, se sale de los contornos, no lo vemos, no lo tocamos, pero está, se diluye, se condensa…


Su presencia es eterna, inmodificable, irremediable.
No podemos escapar de su envolvente opresión que cala por adentro y por afuera, hasta romper en pedazos el alma, la esperanza, la fe, el amor.
Nos desestructura hasta llevarnos al límite, que tampoco se ve y entonces el pie vacilante se apoya y la nada nos lleva al derrumbe total, a la caída abismal, que nos va golpeando en ramas de indiferencia y rocas de incomprensión.
Nunca llegamos totalmente al fondo, nunca reventamos contra ningún piso, la sangre vertida por las llagas del alma amortiguan el golpe, y  las olas que levanta la vida que se quiere escapar nos dan un empellón que nos lleva de nuevo al principio, al borde justo de la nada, para mañana, después o ya mismo volver a comenzar.
Reloj! , quejas son tus tic tac, no me perdonas que no detenga tu andar.
Tic tac, tic tac, mi vida otra vez sigue tu ritmo infernal, y la caída….la caída eterna.

ENVIA: NESTOR FORNERON

ANALISIS:
Hoy después de leer estos grandes autores quizás el  cuento ” La hora eterna”, nunca hubiese sido escrito.
Leer a los sabios modifica las vidas de las personas, porqué esos sabios han escrito desde sus propios dolores vividos con dignidad, y búsqueda incansable de los porqué y los para qué, haciendo que el resto de los mortales que andamos por la oscuridad podamos iluminar nuestra vida.
EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO
Viktor Frankl (fragmento)
El sufrimiento es otra cara consustancial de la vida y sin éste, la existencia no sería completa. En ocasiones, afirma Frankl, es el dolor el que “regala” el sentido a nuestra vida, aquello que nos toca vivir y debemos aceptar con la dignidad y el valor que nuestra existencia humana nos ofrece a nosotros. Además, añadiría la siguiente cita que introduce el autor en homenaje a Spinoza: ” El sentimiento que se convierte en sufrimiento, deja de serlo en cuanto nos formamos una idea clara y precisa del mismo”. Por lo tanto, la dimensión del sufrimiento, como de la felicidad, reside en la libertad de la que hablábamos antes. Es el hombre el que decide sufrir o no ser feliz en contraposición a formarse la idea mencionada por Spinoza y disfrutar, en la medida de lo posible, de su particular y única dicha.

La vida y la muerte (fragmento)
(Ensayo de Daisaku Ikeda publicado en 1998, en la revista de Filipinas Mirror.)
Nadie puede escapar de la muerte. La cesación de la vida es tan segura como la certeza de que la noche sigue al día, el invierno viene después del otoño, y la vejez llega cuando la juventud queda atrás. La gente toma precauciones para evadir el sufrimiento y no verse en apuros durante el invierno o en la vejez; pero pocas personas se preparan para la muerte, que adviene indefectiblemente.
La sociedad moderna aparta su mirada de este tema esencial. Para la mayoría de las personas, la muerte es una cuestión temible y fatal; para otras, significa la simple ausencia de vida, un estado en blanco, un vacío. Hay quienes hasta la consideran algo absurdo.
¿Qué es la muerte? ¿Qué ocurre con nosotros después de que morimos? Si nos empeñamos, podemos ignorar tales preguntas. Y en efecto, muchos lo hacen. Pero si no adquirimos profunda conciencia sobre la realidad de la muerte, terminaremos viviendo una existencia superficial y de poca estabilidad espiritual. Es posible que logremos convencernos de que, de alguna manera, lidiaremos con la muerte cuando llegue. Algunas personas se mantienen asiduamente ocupadas en todo tipo de tareas, para evitar reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte. Sin embargo, con una actitud semejante, la dicha que podamos experimentar siempre será efímera y nos veremos acosados sin cesar por la preocupación de una muerte inevitable. Estoy convencido de que encarar el tema de la muerte les permite a las personas gozar de una existencia estable, pacífica y profunda.

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