Un Aporte en Busca de Un Lenguaje Común


Republicación, publicado originalmente el 12 de junio de 2009


     Es propio de la ESENCIA DE RENACER no hacer ninguna diferencia con respecto a la causa de la muerte de sus hijos y partir de este hecho, que es lo que verdaderamente une a todos los padres, trabajar sobre la transformación que representa para el futuro de nuestras vidas, la perdida sufrida.

     Sin embargo, es frecuente que se pregunte  a los padres con más experiencia, cómo tratar a aquellos papás cuyos hijos se han suicidado, y aún más, pues en el encuentro de Huerta Grande 2008 se ha formulado la pregunta ¿por qué no nos referimos siempre al suicidio con el término suicidio?

    Ante tal pregunta Gustavo Berti dijo: “No hay nada de malo en decir “yo perdí un hijo por suicidio” y agrega “en última instancia cada papá o mamá lo nombrará como mejor le parezca.”

     En esta respuesta hay por lo menos una apertura al uso de “un lenguaje común”; suponemos que Berti intuye que es posible, también en este caso, utilizar la capacidad de hacer las cosas distintas a como parecen ser o dicho de otra manera, para ver las cosas distintas a lo que aparentan ser por los paradigmas vigentes relativos en este caso  al suicidio.

     Paradigmas a los que Jasper describe con precisión al decir “todos los despotismos, todas las iglesias, toda violencia que salió del hombre y pasó por el hombre, han rechazado con horror el suicidio.”

    Conocemos el caso de un padre de Renacer que acudió a un cura en procura de consuelo y el cura le dijo: “su hijo está en el infierno.”

    En busca de un leguaje común, nos atrevemos a realizar una reflexión acerca del uso de la palabra suicidio en los grupos Renacer.

     Nos arriesgamos a que pueda tildarse de “eufemismo”, es decir, según el diccionario, “una forma de expresar con decoro, conceptos cuya franca expresión se considere dura o desagradable”, aún ante ese riesgo, si usamos términos menos duros o menos desagradables, nos acercaríamos más a  lo que nos inspira el amor al ser querido que toma esa decisión, fuente de nuestra intuición.

    Siguiendo a Víctor Frankl, que proclama como esencial en el hombre su libertad y su consecuente responsabilidad, Gustavo Berti nos dice: “Si decimos que el hombre es un ser libre, podríamos preguntarnos inmediatamente ¿Cuál es el límite de esa libertad? ¿A dónde termina? ¿Tiene una persona  derecho a determinar cuál va a ser el momento en que su vida tenga final? ¿O la libertad llega hasta ahí y ya no es libre para decidir?”

      La palabra “suicidio” deriva del latín y significa “matarse a sí mismo” de la misma manera que fratricida significa “matar a un hermano”, homicidio “matar a otro ser humano” y así sucesivamente, de donde “suicidio” es sinónimo estricto de “matarse”.

     ¿Podemos ligar el ejercicio de la suprema libertad de disponer de su propia vida, al sentido atribuido a la palabra “suicidio”, nacida en la misma época en la que Platón sostenía que las palabras ocultan más sobre la naturaleza interna de las cosas de lo que revelan?

     Precisamente, la palabra “suicidio”, al dejar oculta la libertad implícita en la decisión de quien asume la actitud de librarse de su cuerpo, oculta más de lo que revela de la naturaleza interna del hecho que pretende describir.

     Por el contrario, Jasper le asigna dignidad a tal decisión cuando dice: “En el hecho de que el hombre, sólo el hombre, pueda quitarse la vida con una decisión clara, pura, sin enturbamiento por los afectos, sino más bien siendo fiel a sí mismo, en este hecho reside su dignidad.”

    ¿Podemos afirmar, entonces, que la palabra “suicido” respeta al ser humano libre y digno?

    Nosotros, Ana y Enrique, tenemos una experiencia al respecto, vivida antes de saber que existía Víctor Frankl, Jasper o los Grupos Renacer.

    Cuando, luego de varios intentos frustrados, nuestro hijo Enriquito, partió como se diría en términos orientales, o dicho en términos usado en occidente, “cometió suicidio”, intuimos que él estaba ejerciendo su derecho a liberarse de su propio cuerpo y, entonces, en un libro que titulamos “Sueños de Libertad”, en la última página bajo el título “Camino a la Libertad”, expresamos lo siguiente:

 

        “De tu mano recorrimos todos los senderos en busca de la luz… nos detuvimos en cada estación… en cada piedra del camino… gol­peamos todas las puertas, toca­mos todos los timbres.

     Tú veías que los capítulos de tu vida estaban inconclusos… en el deporte, en el canto, en la cerámica, en el trabajo, en el estudio, en la religión, en el amor…

     Debo cerrar mis capítulos, dijiste una y otra vez… y yo veía que los fantasmas rondaban tu mente y mi mente.

     A cada instante lo leía en tus ojos que, profundos y tristes, me miraban como pidiendo permiso y perdón a la vez… para irte de nuestro lado…

     Yo siempre te negué el permiso, pero no te negaría jamás el perdón.

     Mi corazón ya lo ha hecho.

     Esta mañana  salimos a buscar flores para mi jardín, como en la adolescencia y tú apro­vechaste para irte… en silencio…

     Luego besamos tu cuerpo tibio aún…

     Por siempre recordaremos  la serenidad en tu rostro, tu risa que aún retumba en nuestros oídos, tu mirada, tu estampa y la bondad de todo tu ser.  

     Fue un acto de amor de tu parte sustraer­nos al dolor de  cada instante,  para quedar alojado para siempre en nuestros corazones.

     Y allí, después de llorarte con ansias,  te adoraremos, por siempre, con amor.

     Así se manifiesta Dios en ti y en noso­tros.

     Y si detrás de cada sufrimiento hay una enseñanza… gracias por habernos enseñado a amar como te amaremos de hoy hasta la eterni­dad.

     En libertad; como tú querías.”

 

   Dos años después, el 31 de octubre de 1995, asistimos por primera vez a una reunión de Renacer y cuando una mamá nos hizo la ficha de ingreso, al preguntarnos la causa de la partida de nuestro hijo, Ana adelantándose dijo: “Por decisión propia”, lo cual fue una sorpresa pues nunca lo había comentado anteriormente.

    ¿Que resortes de la intuición pudieron inducir a una madre a decir impensadamente “por decisión propia” en lugar de suicidio?”

    Cuando la madre que hacía la ficha escuchó la expresión “por decisión propia”, levantó la vista y miró  con una expresión de dulzura en sus ojos.

    Desde entonces, desterramos de nuestro vocabulario la palabra suicidio.

   A partir de esta reflexión se nos hace cuesta arriba  aceptar la reiteración con que en Renacer se insiste  en la sumisión a la palabra suicidio equivalente a “matarse”, tan alejada de la libertad que preside la esencia de Renacer como una nueva cultura, basada en ver que las cosas pueden no ser como parecen ser y, a partir de ahí, mejorarlas dando un salto a la categoría de lo moral, en la que no sólo se inicia, sino que también se cierra el fenómeno de la ayuda mutua.

    Por eso, en busca de un lenguaje común, levantamos hoy nuestra voz en procura de darle un significado más profundo a esa decisión tan extrema, desechando  los paradigmas que pretenden determinarnos.

   Quizá sea necesario tener una experiencia existencial para captar la diferencia o, en su caso, aceptar la intuición  de quienes hemos pasado por este trance.

   Quizá, para ello sea necesario llegar a descubrir el verdadero significado de la expresión tantas veces oída en Renacer “la fuerza indómita del espíritu”, que podría estar amaneciendo en la cultura occidental, sintetizado en la expresión del científico Brian Weiss, a través de este pensamiento: “No somos seres humanos que estamos viviendo una experiencia espiritual, si no que somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana.”   

Con todo Cariño:

                          Ana y Enrique

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

 

         “Por la Esencia de Renacer”

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2 pensamientos en “Un Aporte en Busca de Un Lenguaje Común”

  1. Al final, nuestro hijo dejò este mundo fìsico/material, para pasar al nivel espiritual, indipendientemente cual hubiese sido la causa, ya no està tangible entre nosotros pero si eternamente en nuestro recuerdos y en el corazòn. Nos incumbe como podemos continuar viviendo en nuestro entorno, en donde todo sigue igual.

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