El denominador común . La historia del Grupo Renacer.


Estas reuniones con gran cantidad de padres se desarrollaron siempre desde la óptica del análisis existencial, mostrando los caminos que otros padres habían seguido para encontrar sentido en su sufrimiento. Era obvio, desde un principio, que esos padres que venían desde tan lejos, no lo hacían para contarnos su tristeza sino para ver cómo otras personas en idéntica situación existencial resolvían sus tragedias dignamente, con la frente en alto.

Esto nos llevaba a manejarnos en esas reuniones, y de modo casi rutinario más adelante, con la fase de análisis existencial, en la medida en que observábamos modificaciones en la manera de ser del hombre sufriente y en las relaciones con su mundo y su trascendencia, no solo como orientación a algo que no es él mismo sino al significado de levantarse por encima de su situación. Al mismo tiempo nos forzó a reafirmar la noción del común denominador para la tarea: en nuestra ecuación existencial el numerador era cada uno de los padres con pérdidas de mil maneras distintas, y el denominador era el sufrimiento; trabajar con cada uno de los numeradores era una tarea agotadora, y que invariablemente conducía al camino común del denominador; mientras que hacerlo con el denominador obviaba una etapa y permitía una mayor homogeneidad, tanto en el modelo como en el mensaje. Homogeneidad que se tornaba más importante a medida que los grupos crecían de manera imparable a lo largo y ancho del país y éramos convocados a dar innumerables charlas en las cuales desarrollábamos ambos, mensaje y método. El año siguiente, durante un seminario de la Dra. Elisabeth Lukas en Mendoza tuvimos ocasión de conversar con ella y compartir nuestra idea del común denominador en el trabajo grupal, con lo que ella estuvo plenamente de acuerdo.

Era obvio en esos momentos que nos movíamos en el terreno de la ontología aplicada a la existencia: el sufrimiento era lo esencial, lo universal a todos los padres, mientras que la manera de expresarlo y lo que cada uno decidía

hacer con él constituían el polo existencial. Estábamos funcionando en el terreno de lo moral —dar a los demás más de lo que uno espera de ellos—, de la antropología y de la ontología —fenomenología—, y no podíamos continuar llamándonos de autoayuda, por lo que cambiamos a grupo de ayuda mutua.

Alicia Schneider. Dr. Gustavo Berti.

gustavo solo

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