SURGEN PROBLEMAS . Aparición del poder . La historia de Renacer.


A lo largo de los años notamos como una constante, el sentimiento de los padres de ser incomprendidos por la sociedad. Manifestaban que prontamente los amigos, la familia y los compañeros en el trabajo seguían con sus actividades y ellos quedaban marginados. Esto creaba en muchos padres un sentimiento de rechazo que se veía compensado por la aceptación incondicional que encontraban en los grupos. Tratábamos de hacerles ver que ellos eran como los hermanos mayores del resto de la sociedad, que habían vivido experiencias desconocidas para los demás y por lo tanto eran ellos quienes debían comprender y aceptar el comportamiento de los otros y no al revés.

Esta solidaridad grupal, acrecentada por la experiencia de una pérdida común, si bien se acrecentaba por el sentimiento de pertenencia, corría el riesgo de fomentar los comportamientos de intolerancia y hostilidad hacia los otros, “los extranjeros con familias integras”.

Lo mismo ocurría a partir del momento en que se les mostraba a los padres que, aun en medio del más profundo dolor, era necesario elegir su manera de sufrir. Entonces se les decía que debían elegir entre sufrir dignamente, con autorespeto, o hacerlo de manera miserable. Resulta obvio decir que la elección era por un modo digno.

Se hizo necesario insistir en la necesidad de evitar caer en un sentimiento de superioridad como resultado de la exaltación de la dignidad en el sufrir y con ello transformar a los grupos en ghetos. Aunque en realidad esto no representó problema alguno como se pudo observar en las segundas Jornadas de Capacitación en Río Cuarto en 1996, “Gente que hace para la gente”, dando así a entender el profundo sentido de la trascendencia adquirido por los padres y expresado en el compromiso social de los grupos.

Además, para esa época eran patentes y complicados los problemas de personalismo, curiosamente derivados del “enamoramiento” de algunos padres con los grupos, lo que los llevaba a proponer actividades, modos de funcionamiento, adherencia a creencias religiosas determinadas y otras cuestiones o aspectos ajenos a Renacer.

Se esbozaban también, aunque veladamente, diferencias metodológicas con respecto a la Logoterapia por parte del grupo de Mar del Plata. De tal manera que los problemas, aunque no fueran serios, se sumaban y ya había que bregar con el personalismo, el psicologismo (emocionalismo), el religionismo, el enamoramiento y el significado de la Logoterapia en los grupos. Era imposible lidiar al mismo tiempo con todos ellos, problemas que eran lógicos y esperables en un movimiento que, sin estructura alguna, en 7 años había cubierto gran parte de Argentina y cruzado el charco hasta Uruguay. Pensábamos que algunos de los problemas se resolverían solos con el correr del tiempo, por lo que decidimos centrar nuestros esfuerzos en combatir los personalismos y en sostener con firmeza nuestra diferenciación del psicologismo, problemas que han subsistido en el tiempo. El psicologismo camuflado en elaboraciones del duelo y de las emociones, pero el personalismo continúa vigente, tal cual lo hace en muchos ámbitos de la vida en nuestro país. El hecho que los problemas que aparecían fuesen esperables no por ello resultaban menos dolorosos.

Hoy podemos afirmar que en el desarrollo de esta tarea fuimos extraordinariamente generosos. A medida que ésta tomaba estado público a nivel nacional a partir de 1992, debimos decidir entre derivar a los padres a los grupos que se iban creando o crear un centro en nuestra ciudad, bajo nuestra dirección, para recibir a quienes se acercaban a nosotros. Después de todo no existía nadie que en ese momento tuviera mayor capacidad para ayudar a padres en su noche más oscura, pero en ese momento primó el interés común por sobre lo personal y trabajamos arduamente para que se crearan grupos en otros lugares, en especial en la ciudad de Buenos Aires.

Durante años creímos que la crisis que indefectiblemente se producía en los padres era siempre para bien, que todos quienes perdían hijos se transformaban en mejores personas, sin envidia, sin rencores y sin apetitos de poder.

¡No pudimos estar más equivocados! Pero el tiempo y la experiencia nos llevaron a aceptar esta realidad como parte de la vida.

La referencia a nuestra generosidad no es hecha para recoger aplausos sino para mostrarle a quienes participan de los grupos que así debía ser hecha la tarea, generosamente, con los brazos abiertos en un abrazo fraterno, sin distinciones.

Desde hace tiempo les decimos a los padres que Renacer no es, como muchos dicen, un regalo sino que es un préstamo que debe ser devuelto, no a nosotros sino a quienes vienen por detrás de ellos y debe ser devuelto con la misma generosidad con la que les fue entregado. Esto no fue comprendido por muchos padres en grupos donde predominaba el lamento continuo y todos los esfuerzos estaban puestos en la elaboración del duelo. En esas circunstancias muchos dejaban de asistir aduciendo que les hacia mal escuchar los lamentos de los padres más nuevos. Esto representaba no solo una falta de generosidad sino de compasión. Pero no debemos culpar a esos padres puesto que esa actitud era un resultado esperable cuando la tarea se emprendía desde una cosmovisión psicologista donde lo único que se exploraba eran los sentimientos individuales sin prestar atención a lo universal en los grupos representado por el sufrimiento común a todos los integrantes.

Alicia Schneider. Gustavo Berti.historia de Renacer

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