Autotrascendencia, sacrificio y autorrenuncia. La historia de Renacer.


Insistíamos en que otra de las maneras más valiosas, de evitar las dificultades descritas era la de comprender adecuadamente el significado de lo que Frankl llama autotrascendencia y notábamos que este término generaba dificultades para su comprensión por muchos padres, por lo que incluimos en este trabajo las siguientes consideraciones sobre dicho término:

1- El grupo se debe, por encima de todas las cosas, a los padres nuevos y a los que más sufren. Para hacerlo propone una tarea basada en la autotrascendencia, el sacrificio y la autorrenuncia. El siguiente análisis sobre la trascendencia debe servir para un mejor entendimiento de su significado:

1-1 El hombre como ser humano es trascendente (autotrascendente), no puede no serlo. Esto quiere decir que está siempre orientado hacia algo o alguien que no es él mismo, hacia una tarea que cumplir, una misión que llevar a cabo, alguien a quien amar, es decir hacia tareas o personas que están en el mundo, un mundo independiente de él mismo, en nuestro caso otro padre a quien ayudar.

1-2 El ser humano puede ilusionarse y creer que no es autotrascendente, hacer como si no lo fuese, negar su autotrascendencia. Hecho este que lo lleva a la desesperación o angustia y un anclaje en un sufrimiento que puede ser interminable.

1-3 La sociedad de consumo fomenta la renuncia (ignorada o no) a la trascendencia. El individuo desea tener cosas para sí mismo, lleva a un ser para sí mismo. La trascendencia implica sacrificio, autorrenuncia, renuncia a cosas por otra persona; lleva a un ser para otro.

1-4 El sufrimiento incorrectamente vivido impide la emergencia de la autotrascendencia al cubrirla con oleadas de hiperreflexión—exagerada preocupación por sí mismo—. Esto lleva a un ser egocéntrico, un ser para sí mismo. Produce hombres y mujeres excesivamente preocupados por sus

emociones y sentimientos, en vez de estar orientados hacia el mundo en el que deben buscar el sentido concreto de cada situación.

1-5 El sufrimiento correctamente vivido despierta la trascendencia dormida: “el hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano” (Frankl). Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. Aquí vemos a un hombre orientado hacia el mundo, más aún, orientado a la búsqueda de sentido en ese mundo que lo rodea.

1-6 La autotrascendencia emerge con el despertar espiritual, cronológicamente hablando durante la adolescencia, momento de la vida en que se toman misiones o tareas ” con toda el alma”, época en la que todo se comparte con los compañeros de ruta; también emerge en los grupos de ayuda mutua.

1-7 El adolescente en soledad existencial no puede desplegar su autotrascendencia, por eso se drogan, matan a otros y a sí mismos.

1-8 La trascendencia necesita de otro ser humano, del mundo o de Dios para poder desplegarse, es decir que la trascendencia es siempre intencionalizada.

1-9 Los grupos de ayuda mutua existenciales como Renacer ofrecen a sus integrantes una manera simple y evidente de autotrascender genuinamente: el dolor de un hermano que sufre y necesita ayuda.

Toda autotrascendencia es, como hemos visto, intencionalizada —dirigida hacia— y necesita, por lo tanto, de algo o de alguien para poder ser llevada a cabo. Así pues podemos dirigir nuestro desprendimiento hacia una persona a quien amar, una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien emanan del hombre, no están dirigidos a él mismo, sino a la vida o a Dios, o a nadie en particular. Al respecto Frankl suele decir que ” al que se ayuda Dios lo ayuda y, sin darse cuenta, ayuda a los demás” Estos tres sentidos de nuestra intencionalidad autotrascendente confluyen en uno solo, como quizás en ninguna otra ocasión en la vida, en los grupos de ayuda-

mutua en los que “el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud”.

Alicia Schneider. Gustavo Berti.

villa maria

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