Perder a un hijo: cómo superar la tragedia menos pensada


Nota publicada en el Suplemento Comunidad del Diario La Nación de Argentina el día 14 de noviembre de 2015.
Por Micaela Urdinez.

Con entrevistas a Alicia Schneider, Gustavo Berti, Karina Auil y Aníbal Caropreso del Grupo Renacer.

Padres que vivieron esta difícil experiencia, cuentan que lo hacen en grupo, atravesando el dolor y entregándose al servicio. Muchos de ellos han creado entidades para acompañar a otros padres por este camino que ya han recorrido. Cómo afecta esta pérdida al resto del grupo familiar, qué puede hacer el entorno cercano para ayudar y cómo es volver a disfrutar de la vida.


Tienen que enfrentar la peor muerte. La de un hijo. La tragedia menos pensada. El desgarro de la carne. El sinsabor del ciclo de vida trunco. Sueños rotos. Demasiadas preguntas sin respuesta. ¿Cómo salir adelante? En grupo. Atravesando el dolor. Y entregándose al servicio. Eso sí, cada uno a su manera y a su tiempo. Así lo sostienen diferentes padres que pasaron por esta terrible experiencia y que crearon organizaciones sociales y grupos de apoyo para que el tránsito sea más soportable. Que todos sus hijos hayan tenido accidentes de tránsito confirma que estos sean la primera causa de muerte en menores de 35 años, y la tercera sobre la totalidad de los argentinos.

“La muerte de un hijo es la crisis existencial más severa que una persona puede atravesar y es incomprensible para todos aquellos que no lo han atravesado. Frente a esto, la persona puede tomar dos caminos. Encerrarse en su propio dolor del cual es muy difícil salir en soledad o ir al encuentro de otros que hayan tenido la misma experiencia. Tenés que resurgir del fondo del infierno y emerger como otro ser. Nosotros buscamos mostrarles a estos padres que todavía existe una vida plena de sentido”, explica Gustavo Berti, quien después de la muerte de su hijo Nicolás (18) en 1988, fundó junto a su mujer, Alicia, los Grupos Renacer, que acompañan a padres que perdieron a sus hijos. Hoy ya existen más de 100 grupos en la Argentina, gratuitos y horizontales, que cobran vida propia. En junio acaban de publicar su libro “Donde la palabra calla. Reflexiones sobre la muerte de un hijo” (Grijalbo). Cada padre lo atraviesa como puede. Se encierra. Se enoja. Patalea. Se aturde. Niega. Procesa. Y en el mejor de los casos, pide ayuda. Y es que nada sana más que un abrazo “entendido”, de ese otro que sabe cómo duele porque ya estuvo en sus zapatos, de un padre que encontró en la muerte otro comienzo y quiere compartir sus fuerzas. Aníbal Caropreso y Karina Auil se habían ido de vacaciones a Los Reartes (Córdoba) junto a sus hijos, como todos los veranos. Una noche, Fernando (18) quiso salir a tomar algo con sus primos y un accidente de tránsito no se lo permitió.

“Y ahí se te termina el mundo. De repente uno no se acuerda de nada más. Es como que no podés asimilarlo. Hacía seis horas estábamos en el río con él y ahora no tenemos más a Fernando. Esto no puede ser. Culpando a alguien no se remedia una muerte. En ese momento estábamos tan destruídos no sabíamos qué iba a pasar al minuto siguiente”, dice Karina al recordar ese fatídico 15 de enero de 2013. Desolación absoluta. Una bomba que explota arrasando con todo. En la desorientación máxima, la invitación a conocer a un matrimonio que vivía en Villa General Belgrano y que había pasado por la misma situación, fue la luz de esperanza que necesitaban. “Nosotros dijimos que sí a todo. Estábamos abiertos a todo. Y ese es un buen consejo para otros padres. Fuimos a la semana a ver a ese matrimonio sin saber nada. Entramos sin poder hablar y salimos con un cachito de esperanza. Recibimos un montón de fortaleza. En ese momento uno está totalmente escéptico pero ves que si otro pudo, vos tenés que poder”, agrega Aníbal. El matrimonio, resultó ser Alicia y Gustavo Berti, iniciadores de Renacer.

“La vida se me rompió en mil pedazos. Me gusta compararla con un termo, que cuando se rompe, está entero por fuera y en mil pedazos por dentro”, así se sentía Graciela Petracchi, cuando su hijo Luciano murió en un accidente de auto en Brasil, y tuvo que ver cómo rearmar esa vida rota. “Gracias a Dios pude pedir ayuda, desde una amiga que me acompañaba al psicólogo hasta otra que me llevaba a comprar ropa, pero la gran ayuda la recibí de Dios, apoyándome en mi fe, en el silencio y en la oración”, cuenta Petracchi, quien encontró en el Centro de Espiritualidad Santa Maria , el lugar donde la acompañaron a sanar. Allí, junto con Elizabeth Basavilbaso, crearon los Grupos de Duelo, en donde Petracchi actualmente coordina los grupos para padres. “La muerte de un hijo no la podés superar nunca pero sí la podés sobrellevar muy bien. Mi marido lo vivió de una manera y yo de otra. Cada uno lloraba a su tiempo. No siempre pasa igual. Algunos matrimonios pueden llorar abrazados juntos. No fue mi caso. Al ser nosotros bastante introvertidos para expresar nuestros sentimientos, generamos quizás que nuestros hijos también lo vivieran muy para adentro. Que no es algo que yo aconsejo, pero nosotros hicimos lo que pudimos. Nadie tiene un manual para enfrentar esto. No estás preparado”, agrega Petracchi. Hoy, su hija que tenía cinco años cuando murió su hermano, coordina el Grupo para Hermanos en el Centro Santa María.

Todos hablan de un antes y un después.

De un nuevo nacimiento. De una herida que nunca cierra. “Cuando se pierde un hijo, no se puede volver a ser la misma persona. Entonces, ¿qué hago? Esa es la primera disyuntiva. Me hundo en por qué a mí o a mi hijo o pongo todas mis energías en enfrentar esta situación. Porque los sentimientos y las decisiones corren por caminos paralelos pero distintos”, dice Berti. Y agrega: “A partir de la tarea con los grupos y desde nuestra intuición no hablamos de duelo sino de sufrimiento. El duelo se refiere a las emociones producidas por la muerte de un ser querido, es la parte emocional de la pérdida. En cambio cuando hablamos de sufrimiento, a este podemos encontrarle un sentido, porque siempre existió en la humanidad. E incluso los filósofos le han encontrado un sentido. Y decimos que la pérdida de un hijo merece mucho más que un duelo y eso es un proceso de transformación interior a través del cuál los padres se transforman en personas más solidarias y compasivas al dolor de los demás”.

Convertir el dolor en acción

La fuerza de la sangre, el instinto de supervivencia, el deseo de justicia es lo que dio nacimiento a la Asociación Madres del Dolor, a partir de los conocidos casos de Silvia irigaray, Marta Canillas, Viviam Perrone e isabel Yaconis, entre otros. Ellas se definen como un grupo de mujeres muy fuertes que convierten el dolor y la tristeza en acción, que emprenden esa tarea para mantener viva la memoria de sus hijos, luchando día a día, por menos violencia y muertes, aportando la experiencia vivida.

“Es como que uno vive con un velo. Tengo una amiga que me dice que desde que me pasó lo de Kevin, tengo otra mirada. El tiempo te enseña a contener las lágrimas pero no es que estás menos triste. Kevin era el que siempre se estaba riendo en casa, tocaba la batería. Y un día me levanté en casa, sentí el silencio y pensé: qué injusto para el resto de mis hijos. Y empecé a hacer un esfuerzo para que mi casa fuera como la de antes”, recuerda Viviam Perrone, quien perdió a su hijo Kevin Sedano a los 14 años, atropellado por un auto.

Quiso salir del lugar de víctima. Salir y hacer otra cosa. Se obsesionó con la causa. Se metió de lleno en Madres del Dolor. Puso el cuerpo y el alma. Ayudó a darle fuerza a otras madres. “La Asociación me ayudó mucho. Hoy me ocupo más de acompañar a los familiares. En algo tenés que ir volcando esto que sentís. Hay otros padres que deciden poner un comedor. A mí me hace bien los fines de semana tener a una beba de un hogar en tránsito, Familias de Esperanza, que tiene siete meses. Hace seis años que estoy con este tema. Los viernes voy, la busco. Mi casa queda hecha un desastre cuando se va los domingos. A veces te pasa que los vas a buscar y salieron en adopción o volvieron con su familia. Pero hay otros diez más esperando para salir”, dice a la vez que muestra orgullosa una foto de la niña que tiene en su celular.

“El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano” es una frase de Víctor Franklin que los Grupos Renacer toman como bandera. Y son muchos los padres que pueden dar testimonio de ello.

“En la medida que estás ayudando a alguien, te vas sanando vos. El servicio te da una energía que no encontrás en otro lado”, dice convencida Petracchi. Una de las madres que la Asociación Madres del Dolor está acompañando por estos días es a Sandra, madre de Ramiro Ricci, quien falleció en 2013, a los 21 años, en un accidente de tránsito en San Isidro. Se le traban las palabras, se le nublan los recuerdos, llora, todavía está enojada. “El accidente fue a las 11 de la mañana y la Policía recién nos tocó el timbre a las dos de la mañana del otro día. Me preguntaron si era la mamá de Ramiro y me dijeron que había tenido un accidente al mediodía y que lamentablemente había fallecido. Yo ahí ya quedé shockeada. Lo único en lo que podía pensar era en cómo le iba a decir a mi papá lo de Ramiro, porque es un hombre mayor y eran muy apegados”, recuerda Sandra, que se perdió en su angustia. Los meses siguientes se los pasaba deambulando por las calles del barrio, sin rumbo. Ya nada tenía sentido. No tenía ganas de salir de la cama. De ocuparse de la casa. Ni siquiera de comer.

Pero gracias al abrazo de otras madres, está pudiendo seguir adelante con su vida. En septiembre de 2014 pusieron una estrella en dónde sucedió el accidente, volvió a trabajar y disfruta de sus otras dos hijas de nueve y 10 años. Sin embargo, no pierde las esperanzas de que se haga justicia por la muerte de su hijo: el conductor responsable está en libertad y continúa manejando. Y todavía no puede dejar ir la bronca y la desolación de que su hijo haya pasado sus últimas horas solo. “Desde que llegó al hospital hasta las 18 estuvo agonizando y no le avisaron a nadie de la familia. Para mí, esa es la mayor angustia. Al mes, fui al hospital y una de las médicas que lo atendió me dijo que no estuvo nunca solo. Que los profesionales que tenían que estar, estuvieron siempre con él”, agrega Sandra, quien todavía no logra salir del todo de su dolor: “Me han dicho que tengo que sacar algo positivo de esto. Que las cosas pasan por algo. Yo como sigo enojada no puedo decir que siento eso. Pero sí lo vi en el entorno de Ramiro. Por lo menos a sus pares les cambió la vida. Y su muerte fue un clic positivo para ellos. Yo todavía me sigo preguntando por qué tuvo que pasar y sigo sin entender cómo uno sigue. Todavía no termino de caer. Como mamá, una parte mía no está más”.

Desde Renacer ponen el foco en la búsqueda de un nuevo sentido a la vida. “Hay un tiempo de lamentos que es inevitable y también un momento de replanteo existencial. Hay preguntas que no tienen respuesta. Pero sí la pregunta de para qué. Para qué vino este hijo a mi vida y qué me deja. Porque esto te lleva de nuevo a buscar. El buscar es un enfrentar, es activo, el sufrimiento es pasivo”, explica Berti. Es que además del duelo personal y la lucha interior, la que sangra es también la familia. Las parejas, los hijos, los hermanos. Y cada uno tiene su manera de procesar, de expresar la angustia. Y eso a veces genera vínculos más profundos, y otras produce mayores distancias. “El sufrimiento es inevitable y es el mismo para todos. Lo que difiere es la manera de expresarlo y ahí es donde puede haber conflictos. Los hermanos sufren por partida doble, porque sufren la pérdida del hermano y sufren al ver a los padres porque temen perderlos”, dice Berti.

“Alejandro tenía 12 años y lo peor fue contarle a él de la muerte de su hermano. Después de eso lo más terrible es decirle a la gente que más lo quiere. Yo no se lo tuve que decir a nadie por suerte porque el resto de la gente se ocupó de eso. Pero a Alejandro le teníamos que decir nosotros. Y fue terrible. Como también cuando le contamos a mi suegro, de 90 años, súper compinche de Fernando”, dice Karina Auil, quien junto a su marido Aníbal Caropreso, empezaron a ir a un Grupo Renacer en Belgrano.

Para Aníbal, después de la muerte de un hijo, se abre una puerta a una nueva dimensión. “Yo quería entender o interpretar qué era lo que la vida nos estaba pidiendo que hiciéramos. Dejé toda la bibliografía tecnológica que venía leyendo porque es mi fuente de trabajo y me aboqué muchísimo a leer sobre temas que tienen que ver con la esencia del ser humano, la espiritualidad y con Karina estamos ya pudiendo hablar y tener una idea bastante parecida al respecto”, cuenta. Pero entonces, ¿cómo acompañar a estas personas que están en carne viva? “Muchas veces, estos padres son dejados de lado por la sociedad porque las gente no sabe cómo ayudarlos, qué hacer, qué decir. Y los padres están tan sumidos en ese dolor profundo que no tienen mucho interés en reinsertase en el mundo”, agrega Berti.

Acompañar con respeto

Karina Auil es contundente en este punto. “Lo más terrible que nos podía pasar, ya nos pasó. No hay nada ni nadie que nos pueda hacer sentir peor. Y hablar de cómo nos sentimos nos ayuda. Estar con gente que te contiene es importantísimo. La gente tiene miedo de preguntar, de que eso nos haga mal. Y es importante que sepan que nunca jamás nos va a hacer mal hablar de un hijo. Por eso es importante que el entorno no tenga miedo de acercarse. Tienen que insistir con respeto. Aunque sea estar en silencio”, agrega esta madre que hoy se dedica a hacer los dulces caseros Finca Los Reartes. “El sufrimiento por la pérdida de un hijo es tan claro, tan transparente y tan único que no hay duda de que uno va a sufrir.

Pero las miserias personales son otra cosa. Salir adelante por uno mismo es otra cosa. Hoy mientras revuelvo la olla estoy muy contenta y me sirve a mí. Y esto tiene que ver conmigo y es distinto del dolor que siento por no tener a Fer. Y es importante que cada uno encuentre lo que le hace bien. Lo que es cierto es que al dar ,uno recibe. También puede pasar por la solidaridad en un hogar de chicos. Cuando uno está con esos chicos te olvidás de todo. Porque hay 11 bebés en una sala que se te vienen a colgar al cuello”, explica. Para Petracchi es importante que los familiares acompañen al ritmo de cada persona. Porque hay tantos duelos como personas. “Cada cual lo hace como puede y está bien. Yo les aconsejo que se animen a atravesar el dolor. Cuando les pregunto cómo están y me dicen que mal, entonces les digo que están bien. Porque para un día poder volver a estar bien, tienen que atravesar el dolor. Hay personas que se adormecen o se aturden para evadirse de lo que están sintiendo que realmente es muy doloroso.

A mí los primeros tiempos me decían que era la imagen de la tristeza. Pero gracias a eso, al tiempo salí muy fortalecida. Soy una persona feliz, que disfruto de la vida, de una puesta de sol. Al haber estado en un momento en el que no podía disfrutar absolutamente de nada se me potenció la capacidad de disfrutar. A los dos años me tocó ir a un casamiento y me puse a bailar con mi marido, lo miré y le dije, ¿cómo puede ser que estemos bailando si se nos murió un hijo y la estemos pasando tan bien? Y ahí entendí que a Luciano le hubiera gustado verme así. Y la culpa que sentía por estar pasándola bien, se fue”, dice Petracchi que siente que esta experiencia la hizo crecer como persona, como mujer, como madre y como esposa.

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8 comentarios en “Perder a un hijo: cómo superar la tragedia menos pensada”

  1. Buenas noches a todos los padres que estamos pasando por este duro momento…mi hijo mayor Juan Pablo fallecio en un accidente de transito aca en Bogota el 14 de enero de 2013 un dia despues de cumplir sus 23 años…un maravilloso hijo y persona …tan pendiente de nosotros sus padres y hermanos…el ha sido tan bello que desde que marcho siempre nos ha enviado mensajes de como ha sido ese proceso vivido ,despues de esta vida, es algo increible de creer y yo se que es asi porque se, por mi propia experiencia de hace casi 21 años que hay una vida despues de esta vida y para mi fue algo maravilloso,..pero a pesar de saber esto , la partida de mi hijo es lo mas duro y doloroso que me ha pasado, es algo de lo que es muy dificil ir saliendo, pero tuve que empezar a ser fuerte por mis otros hijos y ademas venia mi primera nieta en camino, hija de mi hija, me entregue mas a Dios, busque ayuda en grupos de ayudas en perdidas por la muerte de un hijo ,ayuda sicologica, con el padre de mi iglesia, en fin puse y he puesto todo de mi para poder salir adelante y aparte de eso mi hijo como les cuento se ha encargado de reconfortarnos y enviarnos esa fortaleza, es un ser de luz maravilloso y se que es plenamente feliz…esto no es facil, pero depende de nosotras salir adelante y que ellos se sientan felices y orgullosos ,o quedarnos en ese oscuro hueco sin salida…en lo personal digo cada dia …”un dia mas, que me acerco mas a ti hijo mio “…lo bonito es que aca no somos eternos y que un dia tarde o temprano nos reuniremos con nuestros seres amados y alli mismo esperaremos a cada uno a medida que le toque su turno de partir de este mundo…tratemos de ser cada dia mejores personas y siempre orar por nuestros amados hijos y amados seres que partieron…un abrazo a todas esas mamitas bellas, padres , hermanos y familiares de angeles.

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