MEMORIA COLECTIVA . La historia de Renacer.


Mil novecientos noventa y siete fue un año más tranquilo. Mateo Bautista pareció tranquilizarse con la aparición de los grupos Resurrección, sus ataques cesaron y eventualmente se trasladó a Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Poco a poco los grupos fueron haciendo su propia evaluación y todo terminó como una tormenta de verano, furiosa pero breve.

Nosotros continuamos viajando a distintos lugares donde éramos requeridos, siempre los fines de semana. Nuestra hija, Luciana, estaba viviendo en Milán, haciendo su tesis en el Instituto Italiano de Diseño y esto nos permitía aun más libertad para viajar. Por entonces solicitábamos a los grupos que se hicieran cargo de los gastos de transporte, alojamiento y comida dado que para nosotros era económicamente imposible asumirlos.

En septiembre de ese año se llevó a cabo el tercer Encuentro Nacional de Grupos Renacer de Uruguay en la ciudad de Mercedes, al lado del Río Negro, una pintoresca ciudad ribereña. Como siempre prevaleció la alegría de encontrarnos con conocidos y hacer nuevas amistades. Muchas personas, periodistas mayormente, se han referido a estos encuentros como Congresos, sin embargo hemos sido enfáticos en denominarlos Encuentros. Estos constituyen una de las mayores riquezas de los grupos. No hemos conocido aún padres primerizos, que asistían con temores y embargados por el dolor, que no hayan salido con una sonrisa y una actitud de relajación. Tienen estos encuentros algo mágico que es imposible de describir; le faltan palabras a nuestro idioma para los estados elevados de conciencia donde lo que prevalece es el amor incondicional y un sentimiento de igualdad y paridad absoluta. A lo largo de los años muchos padres nos han dicho que lo que los mantuvo en los grupos fue esta igualdad y paridad que reinaba en ellos.

La defensa de esta paridad como un factor fundamental en el proceso de ayuda mutua fue una tarea laboriosa. En cada charla que dábamos explicábamos por qué la institucionalización era contraria a la esencia de Renacer; decíamos: “el poder genera control, el control genera sujeción la sujeción ata al poderoso al sujetado, ambos pierden la libertad”, agregando que si la muerte de un hijo diera lugar para que un padre tomara poder sobre otro entonces la vida no valdría la pena ser vivida. El mensaje de Renacer era totalmente opuesto a la aparición del poder y la desigualdad entre los padres: si algo debería suceder luego de la muerte de un hijo, más allá de un mero duelo, debería ser la vivencia de una libertad antes desconocida. Una y mil veces insistíamos en que el sufrimiento no determina ni subyuga al hombre, que éste es precisamente libre para enfrentarlo y oponerse a él, como habíamos aprendido del propio dolor, de Viktor Frankl y luego de los miles de padres con quienes habíamos compartido tiempo y experiencias.

En Mercedes aprovechamos la primera noche para llevar adelante una típica reunión de Renacer con los padres del grupo local y al día siguiente dimos nuestra charla. Allí fue cuando, en el espacio para preguntas, una mamá cuyo nombre se nos escapa comentó que lo que más le había afligido de la muerte de su joven hijo es que, siendo ellos dos solos en el mundo, cuando ella muriese el recuerdo de su hijo desaparecería de la historia de la humanidad, pero que ahora su hijo estaba en la memoria de todos los padres de Renacer y su recuerdo permanecería en el tiempo y eso le quitaba un gran peso de encima.

Al escuchar este testimonio nos hizo un clic en la memoria y recordamos que muchos padres nos habían comentado que cuando iban a la iglesia a rezar por sus hijos lo hacían también por todos los hijos del grupo y muchos de ellos en sus oraciones nocturnas pedían por todos los hijos.

En ese preciso momento nos dimos cuenta que lo que los padres estaban haciendo, sin darse cuenta, era crear la memoria colectiva de Renacer. Una memoria colectiva que trabajaba a favor de la vida, del servicio y de la ayuda entre los hombres y mujeres de buena voluntad; una memoria que perduraría mientras lo hicieran los grupos y que no existiría en contra de nada ni nadie, a diferencia de otras memorias colectivas.

A partir de este descubrimiento comenzamos a decirles a los padres que vieran a dicha memoria colectiva como un gran jardín donde cada uno debía plantar algo en nombre de sus hijos y que algunos plantarían hermosas plantas y otros quizás una hierba; que esas plantas representaban sus sentimientos; que el hecho de

asistir a los grupos hacia que indefectiblemente, lo supiesen o no, sus hijos formaban parte de esa memoria y que ellos, los padres, debían asumir su responsabilidad por lo que plantaran. Les decíamos que plantar hierbas, equiparándolas a sentimientos y emociones negativas, era decisión de ellos, no de sus hijos. Esta manera de trabajar favorecía lo que se denomina, en el lenguaje de la Logoterapia, derreflexión, que consiste en dirigir la atención de la persona hacia algo que sucede en el mundo, fuera de la misma, para tratar de desviar la atención de los estados anímicos. En palabras de Elizabeth Lukas, tratar de dirigir la atención hacia la observación del mundo antes que la autoobservación.

Mirando hacia atrás, a los albores del grupo, podemos afirmar que desde muy temprano en la tarea habíamos trabajado, de manera intuitiva, con la derreflexión. Así, por ejemplo, a partir de mediados de mil novecientos ochenta y nueve, dejamos de preguntarle a los padres “¿cómo te sientes? o ¿Cómo te has sentido?, pues sabíamos que esas preguntas por lo general desencadenaban una respuesta muy negativa que, a su vez, hallaba eco en otros padres y las reuniones se convertían en lloratorios; de tal manera que comenzamos las reuniones preguntando a los padres más veteranos si tenían alguna buena noticia o algo positivo que quisieran compartir con el grupo y luego de escuchar algunos comentarios, les pedíamos a los padres más nuevos o más doloridos que opinaran sobre lo que habían escuchado. El propósito de dicha manera de trabajar era, precisamente, dirigir la atención de los padres más doloridos hacia otros padres antes que hacia ellos mismos. Los resultados fueron más que satisfactorios: evitamos los “lloratorios” y con ello la deserción de otros padres que se cansaban se escuchar esos lamentos durante tanto tiempo; además los padres fueron aprendiendo a rescatar aspectos positivos de sus tragedias pues se daban cuenta que eran esos los que, durante una reunión, hacían que otros salieran con una sonrisa en sus rostros.

Regresamos de Uruguay con la satisfacción de la tarea cumplida y reconociendo que en el hermano país hacen asados con cuero algo distinto a los nuestros pero igualmente deliciosos, como el que hicieron en Mercedes para quienes participamos del Encuentro.

Alicia Schneider. Gustavo Berti.

congreso

Anuncios

Un pensamiento en “MEMORIA COLECTIVA . La historia de Renacer.”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s