El Encuentro en Azul . La historia de Renacer.


De regreso en Argentina, para asistir al Encuentro en Azul, a unos setecientos Km., el grupo de Río Cuarto había contratado un ómnibus de larga distancia cuyas plazas se cubrieron en un abrir y cerrar de ojos con integrantes de nuestro grupo y grupos cercanos. Los padres habían hecho acopio de comida como para que durase todo el viaje, pero la mateada comenzó ni bien salimos de Rio Cuarto y a los cincuenta km. ya no quedaba más nada.

El tema de la comida siempre estuvo presente en las reuniones de nuestro grupo y, por lo que sabemos, de igual manera en el resto de los grupos. Los padres indefectiblemente preparaban alimentos para ellos y para muchos más. Era inconcebible para ellos que un padre se les acercara cuando estaban tomando mate y no tuvieran algo que ofrecer. Delfina, cuya única hija se suicidara, había pasado mucho tiempo sin volver a cocinar tortas, que eran su especialidad y poco después que llegara al grupo retomó esa tarea y hacia un budín ingles espectacular

del que siempre le ofrecía la primera porción a Gustavo, lo que generaba las bromas de los padres.

Fue con este mismo estado de ánimo que emprendimos el camino a Azul, por lo que los interminables kilómetros pasaron mayormente desapercibidos. Para estos viajes los padres preparaban juegos de palabras, adivinanzas, imitaciones y cuantas diversiones, sanas todas ellas, se les ocurrieran y nos reíamos, en ocasiones a más no poder, inclusive con algunos ataques de llanto de tanto reír. De más está decir el asombro de los choferes dado que algunos de ellos, como más tarde nos contaran, pensaron que hacer semejante viaje con cincuenta padres que habían perdido hijos podía llegar a ser una tortura. Cómo no íbamos a estar alegres si sabíamos que en Azul nos encontraríamos con quinientos o seiscientos padres que acudirían de distintos lugares y países, entre ellos amigos entrañables que no veíamos desde el Encuentro anterior.

Asistió al encuentro una madre de Resistencia, Chaco, que aparentemente estaba muy relacionada con el poder imperante en su provincia y viajó subvencionada por la Gobernación. Lo hizo en un minivan del gobierno de Chaco acompañada por un grupo de chamameceros cuyo mandato era el de entretener a los padres. Esta presencia desnudó, o mejor dicho trajo a la luz, el significado de la inserción de la política o poder de turno en los grupos, hecho que siempre habíamos rechazado y que no estábamos dispuestos a renunciar.

La decisión, compartida por todos los padres, era que la tarea debía ser llevada a cabo con nuestros propios recursos. En uno de los grupos, en la provincia de Santa Fe, un papá amigo de un político, consiguió una donación de cierta cantidad de dinero, cuyo resultado fue un desacuerdo de tal carácter sobre el destino de de los fondos que finalmente, en aras de la armonía del grupo, decidieron devolverlo sin usarlo. Esta experiencia reafirmaba nuestra postura con respecto al poder de turno. Esta madre, con la ostentación de su status político contradecía nuestra concepción sobre la subvención de los grupos. Finalmente, y como siempre sucedió, cada grupo encontró su manera de desactivar los conflictos y, sin imponer sanciones de índole alguna, se produjo una depuración espontánea.

En el Encuentro, durante la presentación de los grupos, se levantaron varias madres diciendo que venían de Concepción, Chile y asistían por primera

vez a un Encuentro en Argentina. Este fue el comienzo de nuestra relación con los grupos de Chile, que cristalizaría en dos visitas nuestras a Concepción, la última dos días después del trágico evento de la Torres Gemelas en Nueva York.

Al finalizar el encuentro, se realizó un sorteo para ver qué grupo debería organizar el Encuentro de mil novecientos noventa y ocho y el grupo favorecido fue… ¡Chaco!, aquel que venía con el apoyo económico del gobierno. Esto significaría otra ardua tarea, la de hacer que dicho grupo reconociera la posición de los demás respecto de la identificación política y la dejara de lado, caso contrario estaríamos en problemas una vez más. Esta tarea, llevada a cabo con mucho tacto, para no ofender a esa madre, se prolongó durante largos meses hasta que nos resignamos a ver una nueva cuña introducida en Renacer, pero a raíz de una gran inundación en Resistencia se suspendió el encuentro. Poco tiempo después, y mediante una entrevista en el diario de Resistencia, dicha madre anunció a la comunidad que se retiraba del grupo por razones personales.

Entre las tantas anécdotas risueñas que ocurrieron durante esos años hubo una que ocurrió en ese Encuentro: poco antes de retirarnos de Azul, dos matrimonios de Río Cuarto salieron a dar la última vuelta antes de abordar el ómnibus. Allí fue cuando el resto de los padres le pidieron a los choferes que sacaran el ómnibus del hotel, al tiempo que ponían todas las valijas en una habitación y se encerraron en ella previo a decirle al conserje del hotel que guardara el teléfono con llave y se dedicaron a esperan que los paseantes regresaran. Cuando estos volvieron grandes fueron sus caras de asombro al no ver el ómnibus, ni los padres ni las valijas y pronto entraron en desesperación creyéndose olvidados, hasta que prontos a entrar en pánico todo salieron a abrazarlos. Al principio se enojaron, pero luego durante el viaje se rieron junto con todos y escuchamos la anécdota contada por los distintos padres sin poder dejar de reír. Esta anécdota, y muchas otras, describen el grado de camaradería, tolerancia y del humor que existía entre los padres.

De regreso en Río Cuarto, volver al trabajo, a nuestras reuniones y planificar la próxima visita al grupo que estuviera esperándola.

Alicia Schneider. Berti Gustavo.

renacer argentina

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