TUCUMÁN, octubre 1998 . La historia de Renacer.


Entre los años 1998 y 2000 viajamos bastante menos. Seguimos participando en el grupo en Río Cuarto, pero estando ya Luciana radicada en Buenos Aires, las visitas a ella también nos quitaban tiempo. Por otra parte los grupos estaban ya bien afianzados y había grupos veteranos en casi todo el país, de manera tal que cuando padres se acercaban a nosotros en busca de ayuda para abrir un grupo en su localidad siempre había adónde referirlos.

En octubre viajamos en un ómnibus alquilado a Tucumán para el Encuentro Nacional e Internacional de rigor. Éramos cerca de 50 padres; nos tocó uno de los días más fríos de ese año y gracias a Jorge quien se había tomado el trabajo de preparar adivinanzas y juegos, los 900 kilómetros se hicieron amenos como siempre.

Al llegar al cruce con el camino a Tafí del Valle había una larga lista de vehículos parados a ambos lados del camino a instancias de la policía, lo que un papá aprovechó para decirles a los más adormilados que sacaran rápido sus documentos y tuvieran listos sus bolsos porque la policía iba a subir a buscar drogas… entre el revuelo de algunos y las risas de otros, muchos no tuvieron tiempo para ver que el policía estiraba la mano y prestamente embolsaba lo que los conductores quisieran darles, mayormente monedas… y aquí íbamos todos, trabajando por un mundo mejor.

Al llegar a Tucumán cada delegación debía ir a un determinado lugar para inscribirse, recibir el programa y una buena taza de café para aliviar el frío y el cansancio del viaje. Estábamos con todo nuestro grupo en la vereda esperando entrar al lugar designado cuando un ómnibus de otro grupo estaciona en la vereda de enfrente y los padres recién llegados empiezan a cruzar por el medio de la calle, con la consecuente irritación de los automovilistas y los bocinazos a los que nadie prestaba atención y comenzaron los abrazos, los que eran interminables y siempre aparecían padres nuevos a quienes no conocíamos pero igualmente nos abrazábamos.

En un momento Gustavo termina de abrazar a un padre y extiende, abiertos, sus brazos hacia un muchacho que venía caminando por la vereda, el que rápidamente y con cara de disgusto, da un paso al costado diciendo: “A mí no, varón”. Por supuesto todos lo que vieron el abrazo fallido aprovecharon para reír y hacer bromas al respecto.

Hubo muchas bromas y chistes entre los padres de nuestro grupo y suponemos que igualmente habrá sucedido en otros grupos, pero nunca una broma ofensiva, o que pudiera lastimar o molestar a alguien. Se notaba, en nuestras reuniones, una especie de comunión de almas que hacía que esos momentos fuesen perfectos, como si la vida en la tierra fuese siempre calma, tranquila, acogedora, sin temor alguno, lo que hacía que esas reuniones fueses siempre esperadas con fruición.

Hasta el Encuentro en Tucumán, nosotros habíamos sido siempre los principales oradores, pero allí decidimos cambiar para permitir que José, del grupo organizador, entre otros tuviese más tiempo para hablarle a los padres, de manera que cuando llegó nuestro momento para hablar saludamos a todos los padres presentes y dejamos la conducción del encuentro en manos de los padres de Tucumán, Luego que José hablara se produjo una situación incómoda para todos, que mostró con suma claridad la vigencia del personalismo, por parte de un padre que, de manera paternalista, mostraba uno por uno a los padres nuevos como un trofeo y colocando su mano en los hombros de estos describía de manera pomposa cómo y cuánto él los había ayudado. Eventualmente este padre fue responsable, por esa manera de ser de la división de su grupo.

Fue tan obvio y llamativo que Gustavo, en un momento pide la palabra y recuerda a los presentes que en Renacer no hay jerarquías, que todos somos iguales y, para dar mayor fuerza a sus palabras dice: “Si algún padre quiere levantar su nariz por sobre la cabeza de otro padre, si mira hacia abajo se dará cuente que está parado sobre el cadáver de su hijo” frase que despertó un impresionante aplauso de todos los presentes.

Al margen de este hecho, el Encuentro fue hermoso como siempre, salvo que durante la cena hizo un frio espantoso que previno que nos quitáramos los abrigos y los helados se comieron entre el tiritar de los dientes. El domingo nos despedimos todos en la Plaza de Tucumán, entre suelta de globos, y música que

invitó a los padres a bailar al son del vals en plena mañana y, finalmente, la despedida entre abrazos, risas y lágrimas de emoción y la vuelta en ómnibus a emprender los novecientos Km. de regreso, no sin antes aprovechar las empanadas y tamales, que dieran a más de uno ardores gástricos en el viaje de regreso.

Alicia Schneider. Gustavo Berti.

cacho

 

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