No todo termina cuando se va un hijo


Tenemos que abrir los ojos, abrir el corazón y abrir la mente para descubrir que detrás de este dolor de hoy, no se agota todo.

La vida tiene tesoros para descubrir y cada uno puede descubrirlos, pero depende de cada uno.

Tener esperanza, no es negar que las cosas sean como “parecen ser”, solo que en ese “parecer ser” no se agota todo lo que esas cosas son.

En cada uno de nosotros está la semilla que debe germinar y ser regada cada día, la semilla de la comprensión, de la solidaridad, del abrazo fraterno, de olvidarse de sí mismo para pensar en el otro, para pensar en el bien común.

Todos tenemos cosas valiosas para dar y tenemos en nombre de quien darlas, porque podemos darlas en nombre de nuestro hijo y hacer que el recuerdo de nuestro hijo perdure en la vida.

En el futuro están todas las posibilidades, de las cuales tenemos que elegir aquellas que sean buenas para mí, buenas para los que me rodean y buenas para la vida; si no cumplen  la triple condición, no es una elección plena de sentido.

No va a ser con lágrimas que vamos a demostrar cuanto los amamos o los extrañamos, es a través del amor que demos.

Hay un tiempo para llorar, pero no se puede llorar eternamente, porque si se llora eternamente se destruye la familia, se alejan los amigos, los otros hijos pronto se alejan también de nosotros; sería una serie de pérdidas sucesivas, no solamente la pérdida del hijo, otras pérdidas que vendrán después, eso es lo que Renacer  trata de evitar ofreciendo un camino.

En los grupos se les muestra a los padres que hay un tiempo de llorar, pero también hay un tiempo  de levantar la frente y caminar por la vida con dignidad, haciéndose responsable por la manera en que cada uno de nosotros  vivimos nuestra vida.

No hay una fórmula, hay que alentar el pensamiento positivo y amoroso de los papás que van  ingresando y hacerles ver que todavía en su vidas hay un horizonte pleno de posibilidades para que ellos elijan como vivir su vida  y que cada uno tiene que hacer su mejor esfuerzo, pues la responsabilidad de cómo vivimos nuestra vida  es siempre nuestra, desde el primer día.

A Renacer no vamos a dar tristeza, llanto, bronca o rabia, pues si vamos a dar algo en memoria del hijo, hay  que dar algo hermoso, y lo único que tenemos para dar es amor; todavía podemos sentir  y dar amor en nombre de los hijos que no están.

Renacer ofrece la posibilidad de hacer una transformación interior, un crecimiento interior si así lo desean hacer, pues, como siempre, la elección depende de cada uno y suya es la responsabilidad.

Para llegar a la meta es necesario siempre tener en primer término fe en el camino y en el proceso que se va a iniciar, luego dar el primer paso y finalmente perseverar, si alguno de esos pasos no se cumple no llegaremos a ningún lado.

De esa manera, muy de a poquito, podemos lograr cambios perdurables, ya no sólo en nosotros mismos, sino a través de esta actitud, en la comunidad en la que vivimos.

Podemos ver a personas que podrían estar destruidas porque han sufrido la tragedia de haber perdido un hijo y, sin embargo, se levantan, se hacen solidarias, compasivas, ayudan a otro papá o a otra mamá que ha pasado por la misma experiencia de vida tan dolorosa, mostrándoles que hay un camino más allá del dolor y colaboran para que la comunidad en la que viven sea un mejor lugar para vivir.

La clave es que tanto sufrimiento no debe ser estéril, porque la verdadera tragedia sería no sólo haber perdido un hijo, sino, que habiéndolo perdido, elegir morirse con él.

De un sufrimiento extremo, podemos aprender tanto, pues se abren caminos inesperados que jamás hubiéramos pensado que se nos iban a presentar.

Hacer el esfuerzo de ponerse de pie y saber que depende de cada uno como viva cada día de su vida, de acuerdo a las respuestas que den a los interrogantes y duros planteos, a que la vida nos enfrenta.             .

Entonces, podemos lograr una transformación interior que al principio ni siquiera soñábamos que podíamos lograr.

Renacer ofrece un camino positivo que tiene que ver con transformar el dolor, ese dolor tan increíble, transformarlo en amor, porque más fuerte que el dolor es el amor por el hijo.

Nosotros podemos sentir el dolor de su ausencia, pero mucho más fuerte que el dolor por la ausencia del hijo, es el amor hacia ese hijo.

El amor perdurará, el dolor va a pasar si sabemos canalizarlo.

Entonces, no todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan cuando se va un hijo.

Es a través del sufrimiento que nos modelamos, como es a través del fuego que va haciendo su obra del orfebre.

Estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas y que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.

Si el resultado de la muerte de un hijo, es hacer una persona más solidaria, más compasiva, más receptiva al dolor y al sufrimiento de los demás, entonces, su muerte no habrá sido en vano.

Viernes 27 de noviembre de 2015

Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

 

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