La paz en medio de las divergencias . La historia de Renacer.


Estamos inmersos en la tarea de ayuda mutua y la podemos definir como un encuentro existencial de seres sufrientes que tienen como objetivo fundamental el encontrar sentido a su sufrimiento y también como la paz en un conjunto de divergencias, lo aglutinante en medio de un sinfín de emociones y sentimientos diversos, por lo que tiene que ser algo así como la norma, tiene que estar por encima de todas y cada una de las divergencias. La tarea de la ayuda mutua no puede estar basada solamente en el análisis de las emociones y sentimientos dado que estos constituyen precisamente las divergencias entre los integrantes.

Hemos dicho que Renacer es una revolución cultural, un hecho culturalmente revolucionario, tal como es transformar una tragedia personal en un triunfo humano. Cultura es la tarea, el esfuerzo para hacer las cosas diferentes a como son, el futuro diferente al pasado. La cultura es una revolución permanente cuyo principal enemigo es la estructura que tiende a la inercia, al quietismo, al status quo. Una evaluación crítica de esta revolución debe tener como objetivo mostrar, descubrir la multiplicidad de posibilidades todavía sin realizar que refieren a la muerte de un hijo, situación o hecho del que se pueden sacar múltiples conclusiones, como veremos más adelante en un ensayo sobre una visión cultural de Renacer.

Pensamos que este Encuentro es una oportunidad más para insistir en algunos aspectos fundamentales, no ya de la muerte de hijos, sino de ciertos requisitos indispensables para que se cumpla adecuadamente la tarea de la ayuda mutua, entre los que se encuentran las siguientes:

Gratuidad y paridad.

1- Ningún consultorio es gratuito, ninguna consulta profesional es gratuita, aunque no haya una transacción monetaria; existe siempre una transacción temporal, el profesional siempre limita el tiempo que dispone para ayudar a un ser sufriente, de modo que la gratuidad puede verse también como la atemporalidad en la ayuda.

2- La paridad remite, una vez más a la ausencia de autoridades y el eterno tema de la filosofía, que es el de la verdad, la libertad y la relación entre ambas. Toda institucionalización genera poder, el poder genera control, el control genera sujeción, la sujeción implica dominación, ambas anulan la libertad. La relación entre el que tiene poder y el dominado no es una relación entre pares sino de condescendencia. Esto no es ayuda mutua. La ausencia de poder no es anarquía: la ausencia de poder es libertad. El poder siempre ata el poderoso al dependiente. La libertad es la esencia de la verdad, el acceso a la verdad nos hace libres y Frankl nos dice que el sufrimiento hace al hombre lúcido y al mundo transparente, en otras palabras, el sufrimiento inevitable puede ser, y para muchos de nosotros ha sido, la puerta de acceso a la verdad y con ella el acceso a una libertad nunca antes experimentada como tal. Esto es, si se quiere, una definición de la espiritualidad, tan anhelada por tantos grupos que aun se denominan de ayuda mutua.

No imposición de valores

3- Los grupos no pueden imponer valores a sus integrantes. En esencia lo que hacen es mostrarle a cada ser sufriente que no puede dejar de ser responsable por su vida y cómo la vive. La responsabilidad, además de ser un existencial humano, es un valor neutro. A partir del reconocimiento de la responsabilidad individual cada padre deberá elegir de qué “es” responsable y ante quién “es” responsable, ante su Dios, ante la sociedad, ante él mismo, o ante quien ese padre finalmente lo desee

Dar para recibir

4- ¿Qué es eso de recibir para después dar? Siempre hay que dar. Pioter Kropotkin, anarquista Ruso del siglo 119 decía que la ayuda mutua era una condición moral del hombre y que ser moral consistía en dar siempre más de lo podíamos esperar de los demás. Cuando a Madre tersa de Calcuta le preguntaban ¿hasta cuándo hay que dar? Ella respondía ¡hasta que duela… y después seguir dando!

Elegimos también para el encuentro una poesía que consideramos apropiada para la ayuda mutua y para la necesidad de trabajar para un Renacer dentro de cincuenta o cien años cuando ninguno de nosotros existiese:

“Tengo un mañana que es mío y un mañana que es de todos el mío acaba mañana pero sobrevive el otro”  Mario Benedetti.

Alicia Schneider, Gustavo Berti.

gustavo solito cordobes

 

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