RENACER Y LA LIBERTAD DE ELEGIR


EN RENACER, YO ELIJO EN LIBERTAD…

Pero a su vez, esta absoluta libertad para decidir como honrar a sus hijos, que a su vez refleja la manera en que cada padre ve a RENACER, trae aparejada una enorme responsabilidad dado que esa decisión ha sido absolutamente incondicionada, es decir, libre y personal, y por esa decisión nosotros somos responsables, no importando ya ante quien decidimos asumir esa responsabilidad, ya sea ante nuestra conciencia, ante la sociedad, ante nuestros seres queridos que nos han precedido en el viaje evolutivo o ante Dios.
Por un lado debemos aceptar, entonces, que lo que cuenta es lo que vamos a dar a la vida como homenaje a esos hijos. Es más importante, entonces, lo que damos a la vida que lo que recibimos de ella, y nos damos cuenta,naturalmente, casi sin pensarlo, que cuando muere un hijo lo que importa es lo que hacemos de allí en adelante, lo que cuenta es cómo vivimos nuestra vida a partir de lo que nos pasó y no lo que hicimos o no, antes de esa partida.
Por otro lado nos damos cuenta que somos capaces de elegir ese homenaje a pesar de nuestras emociones y sentimientos y, por extensión, podemos elegir una manera de vivir no condicionada por esos sentimientos.
Parece evidente que quien tiene que hacer su viaje por la vida con un platillo de la balanza sobrecargado por las realidades que el destino, ya sea biológico, psicológico o circunstancial le ha deparado, la mejor forma de ayudarlo no es aliviar el platillo de su destino, hecho por sí imposible de llevar a cabo, sino cargando el platillo de lo que él ofrece a la vida mediante la realización de posibilidades mejores, que cumpla la triple condición de ser bueno para la persona, ser bueno para los demás y ser bueno para la vida misma.
¿Y qué es aquello que nuestros hijos nos dejan como mensaje que es bueno para nosotros, bueno para los demás y bueno para la vida, y que además de cumplir con esa triple condicionalidad, es tan universal que imposibilita disenso alguno?
Una vez más, casi sin proponérnoslo, hemos llegado al amor como el único mensaje que nuestros hijos nos dejan.
Sea que se considere a RENACER de cualquiera de estas maneras, queda aún por considerar uno de los aspectos más importantes y quizá más olvidado de esta tarea de ayuda mutua: los grupos no pueden imponer valores a sus integrantes.
Cuanto más pueden capacitarlos para reconocer los valores que existen en la vida y acompañarlos en el proceso de elección subsiguiente. Y en este decir acompañarlos” está implícito el hecho irrefutable que los valores no pueden ser enseñados, sólo pueden ser vividos de una manera tal que otros deseen tomarlos como propios.

Berti Alicia Gustavo.

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