Renacer implica generar un proyecto de vida


“En el momento que hacemos un balance sobre lo pasado en el año es la oportunidad para reflexionar sobre el futuro.

El mundo, nuestro mundo interior, no se limita a los eventos determinantes del pasado, sino que incluye las posibilidades que se abren ante nosotros, es decir aquello que yace en nuestro futuro y espera ser realizado por nosotros; esta apertura es lo que distingue el mundo humano del mundo cerrado de los animales y las plantas.

En el pensamiento occidental ha predominado la tendencia a pensarnos como seres espaciales, es decir, como cosas u objetos materiales, cuando en realidad somos seres temporales, y esta temporalidad lo marca el hecho que somos seres proyectantes, siempre orientados, proyectados hacia algo que no somos nosotros mismos y está en nuestro futuro.

Si perdemos la proyección, si desaparece la orientación hacia las posibilidades latentes en el futuro, entonces sólo queda morar en nuestra temporalidad ya pasada, el mundo de los recuerdos o en nuestra espacialidad presente, actual y sólo experimentaremos el presente.

Esta falta de futuro, de deseo de proyección, esta anorexis, esta falta de deseo existencial-temporal nos convierte en seres primariamente biológicos.

La persona, al reducirse temporo-existencialmente se agranda corporalmente, de ahí la prominencia de los síntomas somáticos al comienzo de un duelo.

Cuando perdemos un hijo no queremos mirar para adelante, no queremos ni pensar como ha de ser nuestra vida de aquí en más.

Si no existe proyecto alguno, entonces se vivirá en el pasado y se rescatará, continuamente, el hecho en sí, revestido con todas las emociones que a él corresponden, propias de un mundo cerrado, sin horizontes, sin proyectos de vida, sin nada por lo que valga la pena seguir viviendo, se prioriza el rescate de aquello más doloroso, aquello que más sufrimiento ha originado y que, además, se vuelve una y otra vez, en un eterno movimiento circular, a aquello que tanto nos ha marcado; lo que muestra la manera peculiar de manifestarse en oleadas de la hiperreflexión.

Los padres que se acercan a RENACER lo hacen en realidad no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido no quieren seguir viviendo como lo están haciendo, es decir, que se dan cuenta que necesitan un proyecto de vida.

En tal situación, cuando existe como proyecto de vida el ayudar a otro padre que ha perdido un hijo, es necesario que el ayudador rescate de su pasado sólo el hecho neutro, el hecho que él también ha perdido un hijo, pero no se puede dotar a ese hecho, no se lo puede revestir con emociones y sentimientos dolorosos y negativos, puesto que si se procede de esa manera es evidente que no se estará en condiciones de ayudar a esa persona que se acerca.

El pasado contiene también valores realizados a los que se puede acceder, que tiene influencia en las decisiones que se toman, en los proyectos que se tienen y en la producción de los estados de ánimo o temple.

En este sentido podemos decir que el futuro es el que determina la presencia de aquello vivido en el pasado que permanece para siempre en el mundo nuestro como lo ya realizado, lo eternizado en la realidad más indestructible.

En la medida en que el pasado no es el ahora que fue, sino que es la dimensión en la que queda guardado todo lo realizado por el hombre, el granero del que habla Frankl, es, a la vez, el reservorio de donde ese hombre puede seleccionar y rescatar todo aquello que sea útil a sus proyectos, todo aquello que sea de valor, todo lo que ayude a ese hombre a encontrar sentido para su vida.

Por lo tanto, lo que el hombre aspira a ser, determina, en gran medida, lo que rescata de su pasado, excluyendo aquello que sea teñido por el sentimiento o la emoción de lo que evoca.

En las reuniones de grupo nos dimos cuenta que volver atrás sobre los hechos dolorosos y la exploración de emociones tan encontradas y negativas, propias de los primeros tiempos después de la partida del hijo, nos mantenía en un nivel emocional desde donde se hacía muy difícil vislumbrar un proyecto de vida. Y lo que es más aún, se hacía difícil no caer en la hipereflexión, consecuencia lógica de este tipo de procesos.

A medida que el padre va descubriendo más aspectos positivos en su vida, ésta aparece como un proyecto a considerar nuevamente, pero de otra manera; en su momento el dolor lo ha hecho consciente sólo de sus necesidades, nadie sufría más, ningún otro dolor importaba, ahora incluye a otros en sus consideraciones, y se da cuenta que, simplemente allegándose al otro, elevándose más allá de sí mismo hacia un hermano que sufre, da a su propio sufrimiento un sentido, haciéndolo más suave de llevar, esa liberación del egocentrismo, como dice Elisabeth Lukas: “Es un impulso hacia la dimensión espiritual del ser humano.”

Frankl nos dice que el sentido de la vida no puede prescribirse, debe ser hallado individualmente en las opciones concretas que la vida presenta al hombre, sin embargo hemos visto que Renacer a muchos padres, que durante un período en sus vidas no encuentran el sentido y mucho menos se lo espera, provee con un sentido colectivo, principalmente aliviando el sufrimiento del otro, que está allí para tomarlo.

Esta opción es ansiosamente aceptada por muchos padres mientras comienzan a reconstruir sus vidas destrozadas y ayudados e incentivados por el grupo, comienzan la búsqueda de un nuevo proyecto de vida.

Renacer cumple con una tarea positiva, a decirnos que se puede pensar y tener proyectos de futuro, no solamente vivir el día, desde ya que vamos a vivir el día plenamente y dando mucho amor, pero también vamos a vivir pensando y mirando al futuro.

También para Renacer hay un proyecto de futuro; creemos que sería importante que se alentara a los grupos a evaluar el mensaje desde un punto de vista más conceptual y no meramente emocional y afectivo.

El mensaje de Renacer no es un mensaje común, en él está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, en este mensaje está implícita la esencia de Renacer.

En consecuencia, necesitamos trabajar firme en la esencia de Renacer; es necesario que la conozcamos y nos mantengamos dentro de ella, es preciso hacer un esfuerzo por conocer el significado de los grupos en su esencia, porque el mejor antídoto para todo tipo de dificultades es el conocimiento preciso de su esencia, así como discurrir con honestidad moral e intelectual.

Se abre una puerta para reflexionar sobre cada uno de los aspectos que implica la esencia de Renacer, integrados a través de los conceptos vertidos en los veintiún años transcurridos de su historia.

Como dijimos en Huerta Grande 2008, vamos a pedirles a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años para que traten de que los papás nuevos que llegan al grupo sigan ese camino que ustedes pueden mostrarles, un camino de humanización un camino pleno de amor, porque lo merecemos nosotros, lo merecen nuestros hijos y hoy, por sobre todas las cosas, lo merece el mundo, lo merece la humanidad, porque es necesario que en esta vida, en este mundo, haya seres compasivos y solidarios que trabajen pensando en los demás.

Lo más maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.

Si voy a Renacer como una función puramente social, para juntarme para tomar un cafecito o en una comida, está bien pero, en última instancia, es como tener una computadora super gigante para jugar al tateti.

Es necesario que conozcamos la esencia y nos mantengamos dentro de ella; ésta es la mejor manera para que Renacer perdure en el tiempo y pueda seguir llevando una semilla de esperanza a quienes han de transitar aún por esa noche oscura del alma.

Les deseamos a todos un feliz año 2010 pues, a pesar de todo, sí a la vida.”

Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

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