Renacer Artigas, Reunión con grupos de Montevideo y Tacuarembó.


En está oportunidad Alicia Schneider y Gustavo Berti nos envían el mensaje inicial de la charla brindada en Artigas, República Oriental del Uruguay en Noviembre  del año 2001.


torcida2

Mensaje Inicial

Sonia – Buenas tardes, estamos con integrantes del Grupo Renacer de Montevideo y de Tacuarembó y vamos a tratar de lograr la mayor experiencia posible.

Quisiera saber quienes vienen por primera vez, por favor levanten la mano.

Son quince que merecen un fuerte aplauso, también un aplauso para Bella Unión… otro para Cuaraí… otro para Tacuarembó… otro para Montevideo… y ¿por qué no? un aplauso para Artigas.

Agradecemos a quienes vinieron de tan lejos para acompañarnos y son ellos quienes tienen algo para decirnos, entonces le dejo la palabra a Enrique.

Enrique – Nosotros venimos de Renacer Montevideo, para reforzar aquella semilla del mensaje de Renacer que un 17 de Julio de 1998, vinimos a traer a esta ciudad, a pedido de Sonia y Bertram quienes, a partir de ahí, se constituyeron en los motores fundamentales de lo que es hoy Renacer en Artigas.

Pero venimos no solamente para fortalecer a aquellos padres que ya se han unido a este hermoso movimiento humanístico, sino que también venimos y, sobre todo, venimos a decirles a aquellos padres, madres y hermanos que vienen por primera vez, qué es Renacer.

Qué significa Renacer en nuestra vida. Qué significan, a través de Renacer, nuestros hijos en nuestras vidas, tanto los hijos que están con nosotros físicamente, como aquellos otros hijos que están con nosotros espiritualmente en nuestro corazón.

Dice Gustavo y Alicia Berti, que fueron quienes recibieron la inspiración para crear Renacer, en Río Cuarto República Argentina, que el pensamiento de Renacer existe para que nosotros, padres que hemos perdido hijos, no nos muramos detrás de nuestros hijos, y, en consecuencia, tratemos a esos hijos, que amamos de corazón, como los verdugos de nuestras vidas.

En su lugar, ver a esos hijos, como los maestros que guían nuestros pasos desde el lugar donde ellos se encuentran, al cual no tenemos acceso y hacer, que a partir de ahí, nuestra vida sea un homenaje permanente a esos hijos que partieron prematuramente, hijos que la vida nos arrebató, pero que solamente nos los arrebató físicamente, porque ellos siguen en nuestro pensamiento y en nuestro corazón.

Renacer es, simplemente, una opción.

Gustavo y Alicia Berti nos dicen que frente a este hecho tan significativo y tan difícil de nuestras vidas, tenemos fundamentalmente, dos opciones: o nos dejamos llevar por las emociones y caemos en la angustia, caemos en el llanto permanente, caemos en el dolor profundo a que nos inducen las emociones, o frente a aquello tan frustrante que nos ha pasado y que no podemos modificar, asumir una actitud positiva.

La partida de nuestros hijos es un hecho inmodificable en nuestras vidas, entonces, a partir de ese hecho inmodificable, podemos cambiar nuestra actitud frente a la vida.

Luego que partieron nuestros hijos, nosotros, ninguno de nosotros, somos las mismas personas; y si no somos las mismas personas nos quedan sólo dos posibilidades, o somos mejores personas o somos peores personas.

Hoy le preguntamos a los padres nuevos ¿qué eligen?

El camino para ser peores personas es sencillo, basta dejarse llevar por las emociones, cerrar puertas y ventanas, no ver más a los amigos y a los vecinos, no hablar más del hijo, dejar de trabajar, dejar de arreglarse, esconder las fotos, vivir en un estado permanente de angustia, andar por la calle como si estuviéramos juntando moneditas y, así, decirle al mundo que ya no somos las mismas personas, que somos otros, que ya no servimos para lo que antes servíamos.

¿O queremos ser mejores personas?

Que cuando nos vean digan, pero caramba, ¡qué fortaleza tiene ese padre! ¡qué fortaleza le ha dado ese hijo o esa hija a ese padre o a esa madre que puede estar en la sociedad y vivir una vida digna!

Una vida digna… digna para sí mismos porque cada padre y cada madre, a pesar de haber perdido un hijo, merece vivir una vida digna.

Una vida digna por los hermanos que han quedado; hermanos que han perdido a un ser tan querido, que perdieron al compañero de juegos, su compañero de pieza, el compañero de picardías, algunos perdieron a su mascota y otros a su modelo, según la edad.

Somos nosotros, como padres, que debemos vivir dignamente para esos otros hijos que nos quedan, cuidado que no nos suceda como a muchos padres que el hijo que ha quedado les tenga que decir: “¿hubieras preferido, acaso, que fuera yo quien muriera?”

¡Qué peor castigo para un padre o una madre que un hijo que está junto a nosotros, pudiera decirnos eso!

Entonces, tenemos nosotros, los padres, la obligación frente a nuestros hijos. No se trata, como sucede muchas veces, que cuando parte un hijo, vienen los amigos a decirle a nuestro hijo mayor: “ahora tienes que ser el sostén de tus padres”.

No señores, nosotros, padres, debemos ser el sostén de nuestros hijos; tenemos la responsabilidad de hacerlo, pues quien partió fue el hijo, nosotros estamos vivos y por estar vivos la vida nos obliga a responder: “Sí a la vida, a pesar de todo”.

Vivir también dignamente para la esposa o para el esposo; vivir dignamente para los amigos, para el resto de la familia.

Es muy común que cuando nos pasa, muchos nos empiezan a acompañar y vienen un día y otro… y otro… pero si nos dejamos llevar por las emociones y nos ven sumidos en el llanto, sumidos en la desesperación, sumidos en la angustia y el dolor, dejan de venir porque ellos no nos quieren ver sufrir ni ser la causa de más dolor.

Pero si nosotros asumimos una actitud digna, vuelven a casa, pues somos nosotros los que tenemos que levantar, junto a ellos, una copa en Navidad y Año Nuevo y demostrarles que somos capaces de vivir dignamente en homenaje a ese hijo que ya no está físicamente con nosotros.

Vivir también dignamente para loa sociedad o ¿la sociedad tiene que renunciar a tenernos a nosotros en su seno?

¿Vamos a dejar de trabajar?, propensión a la que te lleva la emoción cuando te dice: “bueno, yo largo todo, no quiero hacer nada más”, por ese camino no vamos a vivir dignamente en homenaje a nuestro hijo.

Renacer es una nueva cultura.

El mundo espera vernos con la cabeza gacha y nosotros queremos demostrarles, por nuestros hijos, por el amor que les tenemos a nuestros hijos que podemos vivir con la cabeza levantada.

Nuestros hijos un día nos enseñaron a amar de una manera distinta; nosotros habíamos amado a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros tíos, a nuestros hermanos, a nuestros primos, luego a la novia, el novio y, finalmente, a la esposa o el esposo y no sabíamos cómo era el amor de madre ni como era el amor de padre, nuestros hijos nos lo enseñaron.

Y cuando uno o más parten nos enseñan otra forma de amar; nos enseñan a amar sin la necesidad de su presencia física, nos enseñan a amarlos incondicionalmente, ellos no nos requieren nada, en tanto los hijos que están con nosotros sí, nos requieren atención, preocupaciones… a veces cosas, ellos no…

De esa forma nos enseñaron a amar de una manera distinta, un amor sin condiciones.

Ese amor incondicional tiene que florecer en nosotros porque está en nosotros y nosotros somos los responsables de que ese amor se manifieste y para que ese amor se manifieste, tenemos que asumir una actitud positiva.

Quizás para los que vienen por primera vez sea, simplemente, eso: optar.

¿Quiero ser mejor persona o no quiero ser mejor persona?

A partir de esa opción se abre un camino y la concurrencia quincenal a las reuniones de Renacer, va acercando los elementos, va acercando las herramientas por medio de las cuales se empieza a sentir que ese amor florece, que ese amor fructifica.

Y empezamos a darnos cuenta que es inútil preguntarse ¿por qué me pasó eso a mí? ¿por qué le pasó a mi hijo? ¿por qué ahora que era tan joven y estaba lleno de vida? ¿por qué no me morí yo?, preguntas que se le hacen a la vida, que sin embargo, es un grave error de parte nuestra, porque esas preguntas no tienen respuesta ¿o alguien, acaso, ha tenido una contestación a esas preguntas?

Nadie ha tenido nunca una contestación

Víctor Frankl nos dice que es la vida la que nos pregunta a nosotros.

Es decir, la vida nos pregunta, tú padre, tú madre que has perdido un hijo ¿qué vas a hacer con tu vida? ¿qué vas a hacer conmigo que soy tu vida?

Esa es la gran interrogante que nos tenemos que plantear y a partir de esa interrogante optar entre dejarse llevar por las emociones o querer ser mejor persona ¿queremos demostrarle a la vida que nuestra vida tiene valor?

Entonces, en la medida que vamos recogiendo esas herramientas nos vamos dando cuenta de una cosa que al principio es difícil de captar.

En Renacer se dice que nuestros hijos son nuestros maestros.

No es fácil darse cuenta, pero cuando se nos abre un camino, en la medida que vamos transitando ese camino, nos empezamos a dar cuenta que ya no le tenemos miedo a la muerte; si nuestro hijo o nuestra hija pudo pasar ese umbral con gallardía, ¿cómo no lo vamos a poder pasar nosotros con dignidad?

Empezamos a darnos cuenta, como dice Berti, que cuando perdemos un hijo, se produce un despertar espiritual y a partir de ahí las cosas materiales, aquellas que nos preocupaban permanentemente, comienzan a perder sentido o preponderancia según el caso, comenzando a tener más valor otras cosas que antes las teníamos larvadas, ocultas, como es la solidaridad, el amor, la ayuda al prójimo, valores que los teníamos ocultos por las urgencias de las circunstancias.

Nos empezamos a dar cuenta que las cosas que nos pasan a diario, ya sea en la cocina o porque el ómnibus no llega o ya ha pasado, o que alguien llega tarde, es decir todos esos pequeños inconvenientes del diario vivir, como cuando se cruza en la calle un auto a contramano o frena de repente, ya esas cosas no tienen ninguna importancia.

Comenzamos a sentirnos más tolerantes, más tolerantes con las personas que tenemos a nuestro lado, más tolerantes con los integrantes de Renacer, más tolerantes en el trabajo, más tolerantes con la sociedad en general.

Podemos hacer una reflexión; después de la partida de nuestros hijos, iluminados por el mensaje de Renacer: hemos aprendido muchas cosas; entonces, bien vale la pena considerar a esos hijos que nos han enseñado tantas cosas importantes, como nuestros maestros.

¡Son nuestros maestros y nuestros guías!

En la medida que vamos transitando ese camino de cambio, nuestro hijo ya no será aquel ser que nos arruinó la vida, sino el ser que nos está ayudando a cambiar, nos está ayudando a ser mejores personas.

A un precio muy elevado, ¡claro que sí!

Pero el precio ya lo pagamos, entonces disfrutemos de la vida, disfrutemos del amor de nuestros hijos, pues el precio ya está pagado.

En adelante podemos vivir en homenaje a ese hijo.

En la cultura, a la que pertenecemos, el homenaje que se le hace a los hijos que parten es en el cementerio, con flores, con misas, recordándolos en las fotos y está bien hacer eso, pero nosotros en Renacer le hacemos también un homenaje, permanente, con nuestra propia vida.

Al esforzarnos por ser mejores, lo que estamos haciendo es ofrendando a ese hijo nuestra propia vida.

Y no es que tengamos una conducta cuando estamos en Renacer, sino que esa misma conducta la tenemos que tener cuando salimos a la calle y si se nos cruza alguien en el camino cuando estamos manejando, no nos recordemos de la madre del otro conductor, sino que recordemos a nuestro hijo que es la mejor ofrenda que le podemos hacer a él en un momento difícil, pues así le demostramos que somos mejores personas, porque ese hecho que nos pasa en la calle también es un hecho del pasado que no podemos modificar y que según el mensaje de Renacer merece también, de parte nuestra, un cambio de actitud.

El mensaje de Renacer parte del concepto que la partida del hijo es un hecho histórico del pasado que no podemos cambiar, pero frente a ese hecho podemos cambiar nuestra actitud frente a la vida.

Renacer no discrimina a nadie cualquiera sea su religión, su ideología política, su raza o su condición económica. porque la propia muerte no discrimina.

Los conceptos que nosotros manejamos, el de vivir en homenaje al hijo, el de no hacer preguntas que no tienen respuesta, el de asumir una actitud positiva, el de abrirse a la solidaridad, etc. son válidos para cualquier creencia que tengamos y aún para el ateo o el agnóstico.

Existe la tendencia a detenernos en el pasado pensando que nuestros hijos están en el día del accidente, o pensando en él en el lecho de muerte o en ese día fatídico en que resolvió terminar con su vida, pero ellos no están en el pasado, cualquiera sea la creencia que cada padre tenga sobre el lugar a donde va a ir el día que parta, los hijos que se nos adelantaron en ese viaje, están allí; nuestros hijos no están en el pasado, ellos están en el futuro.

Entonces, de nada vale hablar del pasado, el mensaje de Renacer sostiene que todos somos iguales, no importando la causa por la cual cada hijo haya partido, no hablamos del pasado, no se cuentan historias, se habla de qué hacemos con nuestras vidas a partir de haber perdido a un hijo.

Y esto es fundamental porque lo que propicia el mensaje de Renacer es que nosotros vivamos en homenaje a ese hijo, pero con sinceridad, con autenticidad, desde lo más profundo de nuestro ser, desde lo más profundo de nuestro corazón.

Ustedes podrán decir pero ¡qué difícil es! no es fácil, pero es posible.

Nosotros, acá hoy, de lo único que podemos dar testimonio es que es posible y si usamos la palabra es, simplemente, porque es una manera de comunicación, pero lo importante es el testimonio vivo.

Nosotros hemos llorado a nuestros hijos de la misma manera que ustedes, los hemos llorado desconsoladamente…

Sin embargo, hemos comprendido que en homenaje a ellos tuvimos que asumir otra actitud.

Y nuestra presencia acá representa nada más que eso, por encima de todas las palabras, significa que es posible.

Alguien se preguntará ¿Cómo es posible que este padre me hable de esta manera?

Ese es el verdadero mensaje de Renacer, demostrar a estos padres que vienen por primera vez y a los que vienen en forma habitual, pero que a veces flaquean porque no ven los resultados inmediatos, que este es un camino, un camino arduo… nunca nos vamos a recibir de Renacer, siempre tendremos algo más para aprender o para consolidar.

Hoy nosotros estamos aprendiendo y estamos agradecidos a ustedes por su presencia, porque nosotros también seguimos aprendiendo, en Renacer aprendemos todos los días, entonces, que nadie se desaliente en este camino porque al final del camino hay una luz.

¡Hay una luz! Y esa luz es la luz que nos proporcionan nuestros hijos, una luz que es amor, una luz que es esperanza, una luz que es paz interior.

Cualquiera sea nuestra creencia, ellos nos iluminan el camino, ellos nos ayudan a vivir y nosotros tenemos la responsabilidad de vivir dignamente en su homenaje.

No es por nuestros hijos que a veces vamos a estar amargados y tristes, si estamos amargados y tristes es porque habremos elegido dejarnos llevar por las emociones.

Que nadie se engañe a sí mismo, si alguien está amargado y triste no será porque perdió un hijo, será porque no supo optar cual era el verdadero camino, si el de dejarse llevar por las emociones, abandonando todo, cerrando puertas y ventanas, dejando de trabajar y abandonándose en brazos de la desesperación o el de adoptar una actitud positiva frente a la vida y asumir, que a partir de ahora, tiene la obligación, en homenaje a ese hijo, de vivir una vida digna.

Muchas gracias.

Anuncios

2 pensamientos en “Renacer Artigas, Reunión con grupos de Montevideo y Tacuarembó.”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s