PENSAR EN EL OTRO.


 

Dice Víctor Frankl que al hombre se le puede arrebatar todo en la vida menos la última de las libertades individuales: la actitud con que enfrentará lo que le toca vivir.
De acuerdo con su pensamiento, el hombre es un ser abierto al mundo, orientado a la búsqueda de sentido a las preguntas que la vida le plantea.
De esta manera, nos dice que no somos víctimas del destino, de aquello que la vida nos presenta sin consultarnos, ya que nos da a todos igual oportunidad de responder y es, precisamente, a través de las diversas respuestas que damos a lo largo de nuestra vida, que vamos modelando nuestra identidad.
A su vez, al tomar conciencia de esto, también nos damos cuenta de la importancia de utilizar responsablemente nuestra libertad de elección.
Analizándolo desde este punto de vista tenemos tres situaciones: La realidad preestablecida, es decir, el mundo en el que vivimos, como cada uno lo ve y es afectado por él; las posibilidades, entre las que hemos de elegir nuestra respuesta a esta realidad; y por último, una tercera situación que se desprende de las anteriores: la tarea de elegir entre las posibilidades dadas una y no otra, la tarea de hacer aquello que tenga sentido.

¿Y cuál es una elección plena de sentido?

Aquella que es buena para mí, buena para los que me rodean y buena para la vida.
Si nuestra elección cumple esa triple condicionalidad, sabremos que hemos elegido correctamente.
Hay además una intuición que nos muestra el camino, la que nos dice que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable -aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza-, existe la posibilidad de cambio, de transformación interior.
Encontramos, así, valores en la medida que los percibimos interiormente, valores que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo.
Cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a cómo viva su vida.
Según Víctor Frankl, el hombre es capaz de levantarse por encima de sus condicionamientos físicos psicológicos, aún más allá de su experiencia previa, en las alas indómitas del espíritu, y responder en libertad y responsablemente con su manera única e irrepetible, como ser único e irrepetible que es.
Porque el hombre no es lo que recibe, sino lo que da a la vida. Nadie puede quitarnos esto y es a través de:
1) Los valores afectivos, en el encuentro generoso con el otro 2) Los valores de creación, en la tarea realizada con amor, sólo porque debe ser realizada, sin pensar en recompensas.
3) Los valores de actitud, frente a lo que no puedo cambiar, aún puedo cambiar mi actitud, que el sentido de mi vida, difícil como pueda parecer, emerge fuerte y claro.
La toma de decisión frente a lo limitante es una postura espiritual, es el poder desafiante del espíritu como lo
denomina Frankl, como lo es también la intuición de lo pleno de sentido que tiene sus raíces profundas en la
conciencia, aquello que precede y preside todo lo personal y moral del ser humano, lo que nos hace ser realmente humanos.
Al asumir así la responsabilidad frente a lo que nos toca vivir, vamos modelando nuestra vida y vamos marcando la diferencia en el mundo.
Dice Krishnamurti que un ser humano que se transforme para bien, ayuda a elevar la humanidad un peldaño más en su evolución.
Y así, en el momento de la verdad, al hacer nuestro balance existencial sabremos, inequívocamente, si las respuestas que dimos fueron correctas.

El “Puntal” el 11 de marzo de 1996

Berti Alicia Gustavo.

 

abrazos

 

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