En busca de una nueva actitud.


Todos vamos a Renacer, porque no queremos seguir viviendo de la manera como lo estábamos haciendo, en busca de una nueva actitud y lo hacemos con la habitual duda que despierta estar frente a personas desconocidas para nosotros.

Todo cambio asusta y más aún, un cambio existencial.

Al llegar… ¡Cuántos rostros serenos!

Renacer da las herramientas para ese cambio que, sólo puede hacerse en la más absoluta soledad existencial.

Allí descubrimos que cada uno tiene la libertad de encarar la partida de un hijo según su propia actitud y responsabilidad.

No se imponen valores; Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que cada uno comprenda que vivir su vida tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

De acuerdo a la experiencia en Renacer, no hay que apresurarse a cerrar un juicio sobre su mensaje hasta no formarse una idea acabada del mismo, luego de varias reuniones, pero Renacer no es un Ghetto, porque nadie está obligado a permanecer.

De esta manera, la esencia de Renacer se va captando de a poco, cuyos primeros frutos resultan de enunciados tan claros, como posibles herramientas para salir del pozo en que nos encontramos.

La “partida” de un hijo es un hecho que no podemos cambiar, está en el pasado de nuestra vida, lo que sí podemos cambiar es nuestra actitud frente a este hecho ya consumado.

De nada sirve preguntarse ¿por qué a él? ¿por qué a nosotros? no vale la pena perder tiempo en preguntas que no tienen respuesta y turban nuestra mente y nos hacen perder el sueño.

Tampoco… si yo hubiera… o si yo no hubiera… pues, si lo que pasó no se puede cambiar, de nada sirve especular con situaciones hipotéticas, que sólo aumentan la angustia, o hacen aparecer una culpa inexistente.

Tampoco la búsqueda de culpables reales o supuestos ¿para qué? ¿para vengarse? ¿acaso nos devolverán a nuestros hijos?

Es natural estar triste, es natural extrañar, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que no puedo estar ni conmigo mismo “ni dentro de mí misma”, como dice Alicia Berti, “sintiéndome una extranjera dentro de mi propio cuerpo”, eso es lo que no puede ser.

Es posible elevarse, como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.”

Se aprende el difícil acto de dar permiso al hijo para que siga su propio camino.

Paulatinamente, se va comprendiendo que nuestro camino está en la Ayuda Mutua en busca de recuperar la paz interna que perdimos, y nos aferramos al lema enunciado por Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”

No tenemos que preocuparnos tanto por nuestras vivencias, son como son y están donde están y pronto van a desaparecer, la tarea fundamental no es preocuparnos por nuestras vivencias, no es preocuparnos tanto por lo que yo siento, es preocuparnos más por lo que siente la persona que está sentada frente mío y con su mirada, con su dolor, me demanda, me exige ayuda, porque Renacer es, en el fondo, una tarea moral y ser moral quiere decir darle al otro sin esperar nada a cambio.

Si bien es cierto que los padres inicialmente identificamos “trascendencia” con “dejar atrás el dolor”, uno se dan cuenta que, fundamentalmente, significa elevarse por encima de sí mismo para dirigir el esfuerzo y el amor hacia otros.

Allí está “el otro” al que se refiere el altruismo.

Para Renacer el “otro” es el hermano que sufre, que tiene ojos, voz y rostro y está frente a uno y si todo nuestro dolor sirve para que un hermano sufra menos, entonces habrá valido la pena ser vivido.

Llegará un momento, en que la paz interna, la que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

Y cuando hayamos encontrado la paz y la aceptación, habremos de trasmitirla a los demás, a los que la necesitan, a los que sufren, a los que aún viven en la oscuridad de la desesperanza y la rebeldía.


Viernes 29 de abril de 2016

Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

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