La solución es renunciar al dolor desesperado y dar amor a los demás


Alicia Schneider.
Encuentro Buenos Aires 2011
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina
14 de mayo de 2011

 

La solución es renunciar al dolor desesperado y dar amor a los demás

Fue temprano en nuestra vida, desde la partida de Nico, que nos dimos cuenta que la solución era dar amor a los demás. Uno puede decirse:

¿si tengo tanto dolor, soy capaz de dar amor?

He aquí el desafío

¿realmente amo tanto a mi hijo?

Todos me van a decir, obviamente, que quieren a su hijo, entonces están las dos concepciones, así como de profundo es el amor a mi hijo, debe ser de profundo mi dolor por su partida, entonces,

¿cómo voy a vivir una vida alegre y feliz si he perdido a mi hijo, si mi hijo ha muerto?

Pero hay otra forma de ver las cosas, Una vuelta existencial. Nuestros hijos se van dejando tras de sí un mensaje; un mensaje de infinito amor y es ese mensaje de infinito amor que nosotros tenemos que dar por ellos. Yo me di cuenta que debía renunciar a mi dolor desesperado, es a ese dolor desesperado al que yo renuncio, no a la nostalgia de su ausencia,.

¿Por qué lo hago?

PORQUE REALMENTE AMO A MI HIJO. Quedarme en el dolor desesperado, quedarme en ese “hace poco tiempo”, “yo lo extraño y es muy difícil”, “como hago”, “no puedo” o que “estoy de duelo y voy a seguir de duelo”, “tengo culpas”, tengo esto o aquello… NADA INTERESA. Lo que realmente interesa, es ¿qué hago yo con eso?, ya que a mi hijo no lo tengo aquí ¿me debato entre mis emociones? que van cambiando, porque suben… bajan… cambian… porque siempre cambian.

¿Cuál es el denominador común de todos los papás que estamos aquí y de los que van a los grupos?

Que todos hemos perdido un hijo, o más de un hijo o al único hijo y queremos aprender a vivir de una mejor manera, que la vida sea posible aún sin nuestros hijos.

¿Y cómo lo hacemos?

A través del amor. Esa palabra tan trillada y tan mal utilizada, sin embargo, es través del amor. Entonces, yo renuncié, renuncié a mi dolor desesperado, renuncié a todas las emociones que me abatían y se debatían en mi interior, porque me di cuenta que más grande que mi dolor era mi amor por Nicolás, como así también el amor que sentía por la hija que nos quedaba, por Luciana, y por Gustavo que me necesitaba también entera y de pie. Nunca es demasiado temprano para ponerse de pie.

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