La clave es el amor que ellos alguna vez inspiraron en nosotros.


 

Alicia Schneider.
Encuentro Buenos Aires 2011
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina
14 de mayo de 2011

 

La clave es el amor que ellos alguna vez inspiraron en nosotros

Aunque uno no crea en la trascendencia de nuestros hijos, nuestros hijos igual van a trascender a través de nuestra actitud, de la actitud como nosotros vivamos de aquí en más. Fíjense, renunciar a nuestro dolor por el amor es renunciar a algo que es propio del yo – yo sufro, yo lloro, yo lo extraño – algo de menor valor, por algo de un valor mucho más elevado para que ellos estén bien, para que ellos sean felices.

¡Miren qué responsabilidad tenemos!

Nuestra vida, de aquí en más, es de alguna manera un homenaje o una manera de hacerle saber al mundo que un día esos hijos estuvieron con nosotros, que esos hijos nos dieron todo lo que nos podían dar en ese breve, más extenso o más prolongado tiempo que estuvieron con nosotros de este lado de la vida. De todas maneras, esos hijos no deben irse de nuestra vida dejando sólo dolor, no se lo merecen y no lo merecemos nosotros. Nosotros merecemos estar todavía de pie, ser personas útiles a la sociedad. En otras épocas, cuando una persona caía a lo más profundo del abismo y se veía en la profundidad oscura del abismo, porque había perdido un hijo, era una situación totalmente irremediable, sobre la que nada se podía hacer, sin embargo, hoy somos capaces de levantarnos y somos capaces de tender la mano a otro ser que sufre, entonces, nuestros hijos no se habrán ido en vano.  No hagamos que su partida sea estéril, por el contrario, que su partida convierta a sus padres en instrumento del amor que ellos alguna vez despertaron en nosotros cuando los vimos nacer y que hoy renovamos, abriéndonos a los demás.

Martín Buber nos dice: “¿Para qué perder el tiempo revolviendo la basura, cuando podemos estar cultivando perlas?

¡Hay tanto para hacer en este mundo!,

hay tantos seres que nos necesitan más allá de otros padres. Hace poco fui a comprar pan y a la señorita que me atendió le vi cara de cansada y entonces, simplemente, le dije: “pobrecita, que carita de cansada que tienes” y fue suficiente para que se le iluminara el rostro con una sonrisa.

Eso es Renacer. Renacer se tiene que reflejar en nuestra actitud, de aquí en más, en todo, lo que hagamos, que no signifique, simplemente, que voy a la reunión, me siento y trato de ayudar a un papá. Soy una persona nueva. ¿Por qué decimos Renacer? Porque elijo nacer de nuevo, nunca volvemos a ser la persona que fuimos antes, nunca. De lo que fuimos rescataremos aquello que consideramos que nos sirve, lo útil, lo bueno, para esta nueva persona que surge más compasiva, más generosa.

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