Renacer es una nueva concepción del ser humano.


 

Enrique Conde
Enrique Conde

           René Huygue, en “La noche anuncia la aurora” en un diálogo con Daisaku Ikeda, dice: “La civili­zación moderna ahogó en el hombre las voces que le recuerdan su comunidad con el todo, desde los rumores del inconsciente, del cual surgen las intuiciones irrazonadas pero revela­do­ras.

           Independientes de las sensaciones y de los razonamien­tos, las intuiciones que tenemos del universo, si se las hace pasar a un nivel más consciente, se elevan hasta una necesidad de espirituali­dad, son ellas las que nos permiten presentir, detrás de las apariencias del mundo material, desarrollado en el espacio, una realidad de la cual esas apariencias son tan solo el revestimiento, la epidermis, de alguna manera y también di­ríamos la máscara; esas apariencias forman una pantalla cómoda que puede leerse, pero la pantalla misma nos separa de otra realidad enteramente inmaterial, que quizá sea el alma del mundo.”

          Y agrega René Huygue “La puerta que los hom­bres de ciencia mantienen cerrada,  escon­de una realidad que les es inaccesible y por eso ellos  la niegan, pero nosotros golpearemos con los nudillos esa puer­ta.”

           En la visión actual de los modelos del hombre y del mundo, del que formamos parte, imperan los modelos materialistas que sólo aceptan como real aquello formado por materia demostrable y los modelos racionalistas en que sólo es válido lo que se demuestra por vía de la razón.

           Este conjunto de modelos que utilizamos en nuestra vida diaria, de manera consciente o inconscientemente, nos ha llevado a un paradigma de la vida, centrado en un hombre sin sentido ni valores que ha generado una civilización que prioriza un hombre individualista, despojado de toda orientación hacia algo que no sea sí mismo.

           Los paradigmas son la totalidad de modelos, de valores, de técnicas y construcciones compartidos por los integrantes de una comunidad determinada.

           ¿Qué podemos esperar de un hombre egocéntrico enfrentado a un mundo en el que no puede encontrar valores dignos de ser realizados y en el que el sentido parece ser tan esquivo que algunos ni siquiera insisten en vivir?

           Estas construcciones, siempre se asientan sobre una base de creencias, imperativos y compromisos históricos, de los cuales, los integrantes de la comunidad no son mayoritariamente conscientes de cuanto afectan su manera de interpretar la realidad y comprender con claridad los fenómenos circundantes, lo que condiciona la manera de pensar de los individuos, a tal punto, que las ideas originales y renovadoras, corren el peligro de ser rechazadas, sin más, al colisionar con las ideas vigentes.

          Son cosmovisiones adquiridas, desde la infancia, a través de diversos procesos educativos, difíciles de cuestionarlas, dificultando la capacidad para captar la interpretación de la realidad, cuando va más allá de lo ya pensado.

          Toda actividad humana se estudia, evalúa, razona y valora a partir del paradigma de cada cultura y, de esta manera, somos prisioneros de dichas estructuras, y son, precisamente, éstas las que se oponen a las renovaciones culturales, puesto que los cambios de paradigmas no se aprecian, hasta que se produce una verdadera colisión entre ellos.

          Un ejemplo claro de lo dicho son los paradigmas con que, en cada cultura en sí, se enfrenta a una triada trágica de la existencia humana, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte.

         En estas circunstancias, cuando se vive una situación límite, como es la crisis que provoca la pérdida de un hijo, una situación en la que desaparece toda cosmovisión previa, se abre la posibilidad de la percepción de una nueva cosmovisión y con ella un cambio radical en el ser, que puede representar “la” oportunidad de toda una vida.

           En palabras de Heidegger, se hace presente la posibilidad de pensar lo no pensado, pues se vislumbra un nuevo mundo, generado a partir de esa revolución interior, pero a la vez, también se hacen visibles las grandes resistencias de los paradigmas vigentes.

           Elizabeth Kùbler Ross en  “El gran salto hacia la luz”  sostiene que “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un  hijo podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual.”

           “Hijos que vienen al mundol por un breve momento con una misión específica: la de transformadores espirituales de sus padres.”

            Renacer, partiendo de la intuición de sus iniciadores, se basa en una nueva concepción del ser humano libre y responsable, que enfrenta a los paradigmas vigentes sobre la muerte, el sufrimiento y la culpa, en diversas culturas existentes.

           Para ello fue necesario encontrar un modelo que reconociera la libertad del hombre y, junto con la libertad, la responsabilidad que de ella emana; un modelo que reconociera, además,  en el hombre la libertad de elegir no sólo el para qué de su sufrimiento, sino también considerar al mismo sufrimiento como una condición esencial de la existencia humana, reconociendo, en ese hombre sufriente, la capacidad necesaria para encontrar sentido en su tragedia.

            Estas ideas de moralidad, ética, libertad y paridad entre sus integrantes y, finalmente, la responsabilidad por la propia vida y la manera en que se vive, formaron, desde el momento inicial, el núcleo fundamental de la tarea de Renacer y, con mayor firmeza e intensidad, a partir del momento en que comenzó a expandirse.

            A los modelos psicofísicos centrados en el hombre, debía oponérsele un modelo que no se satisficiera con iluminar el fenómeno psíquico, sino que incorporara el fenómeno espiritual en la existencia humana, mediante el cual, las puertas que permanecían cerradas, se abrieran a las potencialidades del espíritu humano.  Así es el modelo de hombre y de mundo que ofrece Víctor Frankl desde la Logoterapia y el Análisis Existencial que enfrenta a los paradigmas vigentes.

            Este modelo considera al hombre como un ser bio-psico-espiritual, libre y responsable, siempre orientado a algo o alguien más allá de él mismo; integrado a una sociedad como persona única e irrepetible, aportando su unicidad para el desarrollo de esa comunidad en una tarea solidaria; comprometido existencialmente en la búsqueda de valores y sentido que esperan ser realizados por él, con fe y una filosofía existencial que lo reconoce libre y consciente, inserto en un mundo de responsabilidad, siendo suya la decisión sobre el ante qué o quién se hace responsable, ya sea su propia conciencia, la vida, la sociedad, Dios, o por último, ante aquellos seres que lo han precedido en el viaje evolutivo que llamamos muerte.

            Y este nuevo hombre se encuentra inserto en un mundo de valores y sentido, que hace suyos sólo con no escapar a las preguntas que la vida misma le va haciéndo según pasan los años; un mundo en el que ese ser afirma su existir ya sea creando, amando y, cuando el tiempo llega, sufriendo si es necesario, pero asumiendo una actitud que lo haga digno de ser humano.

            Renacer brinda, primeramente, aquello que la sociedad no puede ofrecer, ya sea por carecer de ello totalmente, por incapacidad para percibirlo o falta de voluntad para acercarlo a los necesitados.

            No se debe trabajar en los porqué, sino en los para qué y en los “a pesar de todo”, en busca del sentido en todas las posibilidades que esperan aún ser realizadas, ayudando a tomar conciencia de la responsabilidad, que llevará al máximo despliegue posible de la fuerza indómita del espíritu, donde la conciencia vaga de responsabilidad se convierte en la conciencia específica de misión, con una tarea personal muy concreta, pues si la propia actitud sirve para que otra persona sufra menos,  entonces, la vida no habrá pasado en vano y en el instante de dejar el capullo, para volar libres de regreso a casa, sepamos que hemos comprendido el mensaje de nuestros hijos, porque hemos dado todo el amor de que fuimos capaces.

               Eso es Renacer.

                                                                Viernes 30 de Setiembre  de 2016


           Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

 

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