Palabras de Enrique Conde en el 2º aniversario de Renacer Maldonado.


Este año se cumple el décimo aniversario de funcionamiento del Grupo Renacer Maldonado, en el encuentro por el 2º aniversario del grupo Enrique Conde ofreció una charla sobre conceptos de la Esencia de Renacer



Enrique de Renacer Congreso:

Para Renacer Congreso es una gran alegría ver como aquella semilla que fue sembrada aquí, entre los padres de Maldonado y San Carlos, ha ido creciendo y desarrollándose en estos dos años por el profundo amor de estos padres a sus hijos y a su gran esfuerzo por homenajearlos, por eso, aquellos padres que empezaron, los que siguieron y aquellos que hoy están, se merecen un fuerte aplauso…

Cuando en el 2006, convocados por Renacer Congreso conjuntamente con Renacer San José, vinieron al Uruguay Alicia y Gustavo Berti, estuvieron en la televisión y fueron escuchados por algunos padres de aquí que habían perdido hijos.

La noche del 1° de abril, al volver de San José luego de la jornada que allí se desarrolló, encontramos en nuestro contestador una llamada que decía:

“Habla una madre desesperada, he perdido a mi hija Leticia…”

Luego, el 31 de Mayo, llegó un llamado de Graciela y después ella con Laura la mama de Yan, fueron a una reunión de Renacer Congreso y recibieron material sobre Renacer entre los cuales estaba “Esencia y Fundamentos de Renacer” que debe servir de referencia permanente a todos los grupos Renacer.

Ese día se les proporcionó algunos nombres y direcciones de padres de esta zona que en algún momento se habían conectado con Renacer, entre ellos el de José Luis, quinen está hoy acá, el de Flor, que también hoy nos acompaña y el de Zully, aquella madre “desesperada” aquí presente, que hoy en un mensaje escrito dice:

“Gracias Leticia porque a través del dolor de tu partida nos has enseñado a valorar las pequeñas grandes cosas de la vida”.

A partir de ahí la semilla de Renacer fue creciendo.

Como ustedes lo habrán comprobado, a veces esta semilla no es recibida por todos los padres que han perdido hijos; ya el propio Evangelio dice que la semilla que cae en terreno fértil germina, crece y da frutos, en cambio, aun siendo buena, la semilla que cae en la piedra no germinará.

Hay almas, que pueden estar con el corazón cerrado a la captación del mensaje de Renacer pero, de cualquier manera, los esperamos con el corazón y los brazos abiertos.

Siempre se ha dicho que Renacer es un grupo de padres que han perdido hijos, sin embargo, en los últimos escritos de Alicia y Gustavo encontramos, que profundizando este concepto, nos dicen que Renacer es un grupo de padres que enfrentan la pérdida de hijos.

Entre una y otra expresión hay una gran diferencia, pues una cosa es decir que somos un grupos de padres que hemos perdidos hijos, expresión que nos remite al pasado, y otra cosa es decir que somos un grupo de padres que enfrentamos la pérdida de hijos, que es hablar del porvenir, es hablar del futuro, es hablar de nuestra actitud frente a aquello que nos ha pasado.

Esto nos hacer recordar un pensamiento que ha señalado muchas veces Berti cuando nos dice que tenemos que advertir que estamos configurados con dos ojos que se dirigen hacia delante y que no tenemos ojos en la nuca que miren para atrás.

Esto nos hace reflexionar que nuestra vida se expande hacia el futuro y no estar permanentemente mirando al pasado, lleno de angustia y de dolor y empezamos a mirar hacia delante, a construir un proyecto de vida nuevo.

Víctor Frankl dice que la psicoterapia se empeña en mirar hacia atrás hurgando dentro de nuestras vidas en las cosas malas que hemos vivido para, a partir de lo malo que hemos vivido, tratar de hacer no sabemos que, porque no aportan nada para resolver la experiencia vivida por nosotros.

Frankl dice que solamente hay que mirar para atrás buscando en “los graneros del pasado la vida más rica”, un granero que está lleno de cosas positivas.

Si nosotros, padres que hemos perdido hijos, miramos el granero de nuestras vidas, vamos a encontrar que con nuestros hijos vivimos la dulce espera, llenos de ilusión y esperanza, que luego vivimos una realidad imborrable en nuestras vidas, cuando vimos por primera vez a nuestros hijos; nos emocionamos y nos preocupamos por si era sanito, le contamos los deditos y estaban todos… y los piecitos; después los vimos aferrarse al pecho de la mamá… o siendo madre aferrarse a su propio pecho… entonces, como dice Carlos, integrante de nuestro grupo Renacer, “tocábamos el cielo con las manos”…

Y ese hijo fue creciendo y cada día íbamos viendo a través de sus ojos… esperamos el primer ajó…el primer mamá… el primer papá… los primeros vacilantes pasos…

Todo eso está en el granero de nuestras vidas, en el granero de los momentos positivos de nuestra vida; son frutos positivos que la vida nos ha dado y podemos seguir… seguir hablando de sus picardías… de su primer día de escuela… aquella moña… la túnica… y seguir… seguir… y seguir… y darnos cuenta que nuestros hijos no son aquello que vivimos los últimos días, sino que sus vidas son todo ese cúmulo de cosas positivas guardados en el granero más rico de nuestra vida.

Y entonces, de la misma manera que vivimos el período de la “dulce espera” hoy podemos vivir, mirando de frente a la vida, la etapa de la dulce esperanza, del dulce recuerdo, de la dulce nostalgia, porque ellos han dejado en el granero de nuestras vidas un fruto hermoso, fruto que tiene un solo nombre: Amor.

Amor, que fue algo nuevo en nuestras vidas, pues nosotros habíamos amado primero a nuestra madre por el contacto natural y lógico, después a nuestro padre al descubrir de quien era esa voz tantas veces escuchada antes de nacer, amamos a nuestros hermanos, a nuestros abuelos, a los amigos, a nuestra esposa o esposo, compañero o compañera, pero cuando nació nuestro hijo empezamos a amar de una manera distinta que no se compara con ninguno de los otros amores, aquel amor que nos hizo tocar el cielo con nuestras manos.

El amor a nuestros hijos es el fruto más rico guardado en el granero de nuestra vida.

¿Acaso ese amor se terminó a su partida? ¿Acaso necesitamos la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos?

La clave es seguir amando a nuestros hijos y en el camino encontrar el Mensaje de Renacer.

Mensaje de Renacer que nos dice que no existen los porqué, que los porqué no tienen sentido, que, en realidad, es la vida la que nos pregunta mamá, papá. ¿cómo vas a vivir tu vida de aquí en adelante?

Renacer te ofrece el camino de una vida digna, el camino de la libertad y de la responsabilidad.

A veces creemos que la vida nos condiciona por “A” o por “B” y cuando perdemos un hijo nos sentimos absolutamente condicionados de tal manera que tenemos la propensión a cerrarnos en nosotros mismos, a pensar que nuestro dolor es el único dolor del mundo, a pensar que la vida ya no tiene sentido.

Víctor Frankl nos dice, y siempre lo recuerda Gustavo Berti, que el ser humano se puede definir como el único ser que es capaz de enfrentarse y oponerse a sus propios condicionamientos, es decir, que nosotros, como seres humanos, tenemos la posibilidad de optar qué hacemos con nuestras vidas.

Podemos optar por vivir amargados, cerrar puertas y ventanas, no querer hablar con nadie y ser los hombres más egoístas del mundo que sólo pensamos en nosotros mismos, pero también, como seres humanos, tenemos la opción de enfrentarnos a esas emociones y caminar por el mundo con la frente en alto y hacerlo en homenaje a nuestros hijos.

Un homenaje con dignidad, dignidad por nosotros mismos; no somos seres de descarte como la sociedad nos quiere ver “pobre padre aquel que anda tropezando por la calle porque perdió un hijo” “ese es así porque perdió un hijo” “ella es así porque perdió una hija”. No señor, no podemos andar dando lástima, tenemos que hacernos respetar y para ello tenemos que andar por el mundo con la frente alta y hacerlo en homenaje a nuestros hijos.

Vivir también una vida digna por esos hijos que partieron. Muchas veces las madres habrán oído de sus hijos “mamá, qué linda estás pintada” o “cómo me gusta verte pintada y arreglada” y después que ellos parten, no nos pintamos más y andamos con las mechas por todos lados y nos olvidamos que también tenemos que vivir dignamente por ellos ¿Qué esperan ellos de nosotros? Siempre tenemos que hacernos la pregunta ¿qué esperarían de nosotros nuestros hijos para después que partieran?

¿Qué nos arruináramos? ¿Qué muriéramos tras ellos?

Hay unas palabras muy fuertes de Berti al respecto, que repite constantemente al decirnos que lo peor que puede pasarnos a nosotros después de haber perdido un hijo, no es haber perdido ese hijo, sino que lo peor que nos puede pasar es morir nosotros mismo real o emotivamente, pues eso sería hacer de nuestros hijos nuestros verdugos. Y agrega: nunca encontramos en el largo camino que hemos recorrido en tantos años a ningún padre que quisiera, conscientemente, hacer de su hijo su verdugo.

Todo depende de nosotros.

También tenemos que vivir dignamente por aquellos que nos rodean; y entre aquellos que nos rodean adquieren especial significación nuestros otros hijos; ellos han perdido a su hermano ya sea su compañero de cuarto o su compañero de juegos, perdieron a su confidente muchas veces, a su mascota, según la edad o su modelo; ellos están sufriendo y, sin embargo, ellos no nos dicen de su sufrir, pues nos ven sufrir a nosotros y por no ahondar nuestro sufrimiento callan el propio dolor.

Si a ese su sufrimiento le agregamos el sufrimiento que les provocamos nosotros por la actitud negativa que asumimos, ellos ven que sus papás ya no son sus papás, la mamá no es la de antes y tampoco su papá es el de antes, a lo que agregan el temor de que también se muera su mamá o se muera su papá.

Es así que ellos sufren doblemente, entonces nuestra responsabilidad es encarar la vida dignamente pues nuestros otros hijos aún esperan mucho de nosotros y con su sola presencia están reclamando de nosotros ese amor que a veces les negamos, cegados por centrarnos en nuestro propio dolor.

Y vivir dignamente también para aquellos otros seres queridos que nos rodean, el esposo, la esposa, el compañero o la compañera, los abuelos, los amigos, a veces los vecinos que se han encariñado con nuestros hijos.

Hay una imagen muy hermosa que nos muestra Berti cuando nos dice que en una familia que pierde un hijo es lo mismo que le sucede a quienes naufragan en medio del mar, no saben que hacer, buscan la orilla pero no se ve la orilla, entonces buscan un faro que los guíe.

Ustedes, padres y madres, dice Berti, tienen la responsabilidad de ser el faro de de sus propias familias, por los hermanos, por los abuelos, por los tíos, por los primos. Y un faro no sólo ilumina a los demás sino también se ilumina a sí mismo.

Para ser los faros en nuestras familias, se necesita ser valientes, ser corajudos, querer cambiar de actitud, tener la fuerza para enfrentarnos a las condicionantes que nos presenta la vida y se puede… pero todo depende de nosotros. Hay un pensamiento muy clarificante al respecto que dice: “si tú dices “puedo” tienes razón y si tú dices “no puedo” también tienes razón”; la responsabilidad pues es nuestra.

No podemos buscar fuera de nosotros mismos acudiendo a la medicina o a la religión. Los sacerdotes no han vivido la experiencia de haber tenido hijos y menos aún de haber perdido hijos y muchos médicos y psiquiatras que han perdido hijos, vienen a Renacer porque sus conocimientos no les han permitido sobrellevar esta experiencia.

Somos nosotros, entre pares, los que hablamos el mismo idioma, no tenemos que decirnos cuanto sufrimos cuando perdemos un hijo, tampoco vamos a las reuniones a contar lo que sufrimos, ya lo sabemos, vamos a descubrir lo que hay por delante, vamos a las reuniones para saber que es lo que tenemos que hacer, a partir de ahora, para ser mejores personas en homenaje nuestros hijos.

¿Por qué querer ser mejores personas?

Cierta vez, en la ciudad de Mercedes, Gustavo Berti nos preguntó: ¿Somos las mismas personas después que antes de perder un hijo? Todos dijimos no, no somos las mismas personas.

Entonces, nos dijo Berti, hay sólo dos alternativas, o somos peores personas o somos mejores personas. Otra alternativa no existe, ¿qué eligen ser?

Para ser peores personas no se necesita hacer nada, ni siquiera levantarse de la cama ni hablar con los vecinos ni querer hablar con nadie.

Para ser mejor persona se necesita un esfuerzo, hay que optar para llegar a serlo y ese es el camino que nos muestra Renacer.

Cuando llegamos a Renacer llenos de angustia y de pesar, como si nuestras vidas se hubieran terminado, habiendo perdido la paz interna, no sabiendo que hacer, empezamos a recibir el mensaje de Renacer y los primeros conceptos tales como: que los “porque” no existen, que no tenemos que mirar para atrás, que nuestros hijos no sólo vivieron esos instantes difíciles previos a su partida, sino que vivieron toda su vida… que no nos podemos quedar en el pasado y que podemos vivir en homenaje nuestros hijos, entonces empezamos a darnos cuenta, paulatinamente, de cosas nuevas.

Lo primero que nos damos cuenta es que ya no le tenemos miedo a la muerte, si nuestros hijos ya traspasaron ese trance, ¿a qué temerle?, que nuestra vida es finita, no como a través de la propaganda y la televisión que pretenden hacernos creer que estamos viviendo una eterna juventud y no es así, que nosotros un día vamos a llegar al mismo lugar donde están nuestro hijos, que cualquiera sea la creencia que tengamos respecto de a donde están nuestros hijos hoy, allí mismo vamos a llegar nosotros. ¿Y cómo nos vamos a presentar?

Cada uno debe responderse esa pregunta.

Hemos entendido lo que es la muerte, antes no hablábamos de la muerte y cuando ahora nosotros queremos hablar de nuestros hijos que han partido, aquellos con quienes queremos hablar nos esquivan y sacan cualquier otro tema, nosotros necesitamos hablar de nuestro hijos, porque hemos comprendido que mucho más allá de lo que es la vida terrena existimos espiritualmente, recordemos lo que dice Elisabeth Kübler Ross.

Elisabeth Kübler Ross dice que es extraño, pero ha observado que cuando padres y madres pierden un hijo se genera en ellos un despertar espiritual.

Es el despertar espiritual que hace que nosotros tengamos una esperanza… nos hace intuir que Renacer es esperanza… por eso decimos “nuestros hijos partieron” expresión que se sustenta en una intuición precognocitiva, se sustenta en la fe.

Elisabeth Lukas, discípula continuadora de la obra de Víctor Frankl, presenta una imagen muy hermosa cuando dice que cierta vez estaba una familia a la noche descansando y se desata un incendio en la casa y todos procuran salir de adentro, pero un niño que dormía en el piso alto de la casa no pudo salir y se asoma al balcón pero no ve nada por el humo y el padre de abajo le gritaba ”salta que yo te recogeré en mis brazos” y el chiquito le grita “no veo nada, no veo nada”, “no importa, ten fe que yo te recogeré en mis brazos” le grita el padre. Finalmente el niño salta al vacío y lo recoge su padre, salvándole la vida.

Esa es la fe que nosotros tenemos que tener en Renacer que los padres nuevos tengan la absoluta seguridad que este es el camino para recomponer aquello que perdimos el día que se fueron nuestros hijos.

Es una intuición, es la intuición de que nosotros podemos lograr cosas que al principio nos parecían imposibles de lograr. ¡Cuántas veces habremos pensado, yo de esto no saldré nunca! Sin embargo, paulatinamente, a través de mensaje de Renacer, a través de la concurrencia asidua al grupo, que es como el agua mansa que fecunda la tierra, nos vamos dando cuenta de que sí, que es posible salir. Renacer Maldonado es una muestra de que se puede salir adelante.

Aquella madre que llamó aquella noche diciendo: “Habla una madre desesperada, he perdido a mi hija Leticia…” hoy está acá como demostración, no decimos ejemplo, porque en Renacer no hablamos de ejemplo de nadie, hablamos de demostración de la fuerza del mensaje, se demuestra que es posible, se demuestra que se pueden dar esos pasos que al principio nos parecieran imposibles.

Lo importante no es lo que se dice, sino que lo importante es que quede en cada uno la gran fuerza espiritual que surge del mensaje después de haber desechado los pensamientos y emociones que antes nos abrumaban.

Una de las cosas que se logra es una mayor tolerancia frente a aquellas cosas que siempre nos pasan, el mensaje de Renacer nos invita a cambiar de actitud, como dice Víctor Frankl: frente aquello que no podemos modificar nos resta la libertad de asumir una actitud positiva.

Este concepto nos sirve como instrumento para trabajar, porque si decimos que vamos a homenajear a nuestros hijos no tenemos nada material para hacerlo, podemos llevarle flores al cementerio, tener sus fotos, encenderle velas, ofrecerle misas y está bien, pero según el mensaje de Renacer lo único que tenemos como instrumento para homenajear a nuestros hijos es la propia vida y como la vivimos; aquella vida que ofrecimos a cambio de la suya y no se nos concedió.

Es pues con nuestra vida que los vamos a homenajear y ese pensamiento de Víctor Frankl, que frente a lo que no podemos cambiar nos queda la libertad de cambiar de actitud, nos sirve diariamente para todas las cosas que nos pasan, aquellas que antes nos daban bronca, que nos causaban fastidio, remordimiento o infinidad de sentimientos negativos, ahora sabemos que frente a lo que nos va sucediendo, sea lo que sea, en la oficina, en la cocina, en el tránsito, ya pasó; ya es un hecho del pasado y entonces podemos cambiar de actitud y, por ejemplo, en vez de acordarnos en el tránsito de la madre del otro conductor, hacer un homenaje a nuestro hijo cambiando de actitud y mantenernos serenos.

Nuestra actitud es lo que podemos ofrecer como homenaje de nuestra vida a nuestros hijos y nuestra actividad cotidiana está sembrada de momentos y circunstancias en las que podemos cambiar de actitud desterrando de nuestra vida el insulto, la bronca, el fastidio, la intemperancia etc. etc.; pues este será el mejor homenaje que podemos ofrecer a nuestros hijos.

Si lo logramos, seremos mejores personas. No mejores personas que los demás, lo que sería un gesto de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy…

De esta manera habremos transformado en triunfo una tragedia y sentiremos que hemos logrado la paz interna, aquella que perdimos el día que nuestros hijos partieron.

Muchas gracias.

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