Un camino a recorrer…


Enrique Conde
Enrique Conde

Renacer es un camino a recorrer, un camino que partiendo de la desesperanza, de la soledad existencial y de un sufrimiento sin sentido aparente, nos conduce a una existencia valiosa, auténtica, que se afirma a sí misma en una lucha laboriosa y honesta, no para no sufrir, ni para olvidarnos, sino para reafirmar nuestra firme decisión de volver a empezar una y cuantas veces sea necesario, pero haciéndolo con la frente alta, mereciendo, como decía Dostoievsky, ser dignos de nuestro sufrimiento pues igualmente digno y valioso es el origen de ese sufrir.

¿Qué mejor tarea para hacernos felices, que aquella que llevamos a cabo en nombre de nuestros hijos, al ayudar a otros padres que han perdido hijos?

Si conseguimos que esto se transforme en una misión para nosotros, con todo el significado que esa palabra tiene, habremos encontrado una verdadera y valiosa razón para seguir viviendo, aparte de los hijos y familiares que nos quedan, es decir, algo para qué vivir por nosotros mismos.

Renacer va mucho más allá de un mero confortar a los que sufren, es un imperativo ético, en otras palabras, es el camino que lleva al hombre a su ser, el camino que lo lleva a alcanzar su humanidad.

Y éste, no puede ser otro que el camino que nuestros hijos, los que partieron y los que aún están en la vida y nosotros mismos merecemos.

El verdadero RENACER se halla en el “encuentro” de los padres que enfrentamos la muerte prematura de nuestros hijos, encuentro que es directo y en el que no se interpone entre el YO y el TÚ ningún sistema de ideas.

Encuentro visto como una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano, en cuyo marco ambos integrantes del par YO-TÚ se reconocen en toda su humanidad y también se reconocen en su singularidad y unicidad, el encuentro se convierte, así, en relación de amor.

En esencia, Renacer es un encuentro existencial de seres sufrientes que confluyen en un objetivo común: trascender el sufrimiento, que implica el olvido del propio dolor, al preocuparnos por el dolor de los demás.

Desde sus orígenes Renacer se afanó siempre en mostrar que la muerte de un hijo es un llamado a una nueva existencia, y más allá, no sólo a una mejor existencia, sino a una radicalmente nueva, una existencia que permite transformar una realidad, no solo personal sino universal, una realidad que permite transformar una desgracia personal en un triunfo de la humanidad entera, en otras palabras, un acto de grandeza existencial frente a esta extraordinaria posibilidad.

Se nos podrá objetar que es un camino difícil y que quizás no todos puedan seguirlo, se nos propondrán alternativas más fáciles y más tentadoras

¿Cómo conformarse con un mero transitar un duelo convencional? ¿Cómo conformarse con un mejor o peor análisis de la culpa, el odio y cuantos sentimientos y emociones negativas se pueda mencionar?

En sus charlas, sus iniciadores, Alicia y Gustavo Berti se han referido a emociones y sentimientos negativos, para tratar de mostrar la futilidad de demorarnos en su análisis, haciendo énfasis en hablar sobre lo que está más allá de todo eso, sobre cómo esta enorme crisis existencial nos convoca, nos llama a una respuesta que abre las puertas a un profundo camino de humanización.

Siempre rechazaron, enfáticamente, la elaboración del duelo como modelo de trabajo en los grupos.

Siempre se han negado que a partir de una mera elaboración de un duelo, de un proceso absolutamente individual y despojado de toda trascendencia, puedan surgir individuos libres para elegir ser mejores, más compasivos y solidarios con el dolor ajeno, capaces de elegir la manera de sufrir, abiertos al mundo en que se insertan y a los otros con quienes comparten dicho mundo, para que puedan hacer honor a esa frase que dice: “Busqué a Dios y no lo encontré, me busqué a mí mismo y no me encontré, busqué al prójimo y encontré a los tres.”

Frente a esto sólo podemos escuchar a nuestra conciencia y la silenciosa voz de nuestros hijos que siempre han de indicarnos el camino más valioso, aquel que nos lleva a renunciar a nosotros para pensar en el hermano que sufre.

Esta demanda que recae sobre nuestros hombros no queda sin respuesta, puesto que mientras más renunciamos a nosotros, mientras más nos olvidamos de nosotros y de nuestras emociones, más cerca estaremos de nuestra esencia, de aquello que somos: seres humanos y habremos así recorrido el camino ético que RENACER propone, el camino que nos lleva a nosotros los hombres, a vivir como verdaderos seres humanos.

Viernes 25 de Noviembre de 2016


Eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay
“Por la Esencia de Renacer”

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