La única forma de resistir los embates de la vida es teniendo siempre un deber que cumplir


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Fragmento extraído del libro de Viktor Frankl “En principio era el sentido”.

 


El neurocirujano Harvey Cushing dijo una vez que «la única forma de resistir los embates de la vida es teniendo siempre un deber que cumplir».


Y ahora comprenderán, volviendo al punto de partida, la trascendencia que adquiere el hoy tan extendido sentimiento de falta de sentido. Una persona que desconoce cuál es el sentido de su vida no sólo es infeliz, sino que es incapaz de vivir. Y no soy yo quien lo dice, son palabras textuales de Albert Einstein. Y al revés, convendrán conmigo en que una persona sumida incluso en las condiciones y circunstancias más desoladoras puede encontrar un sentido en su vida y, por consiguiente, ser todavía feliz en cierto sentido. Permítanme que les esboce brevemente un par de casos. Una alumna norteamericana mía tuvo que atender a un hombre de treinta y un años que sufrió una descarga eléctrica y al que le amputaron las cuatro extremidades.

Esta estudiante explica que aquel hombre no levantó cabeza hasta que empezó a interesarse por otro joven parapléjico que había en la misma sección del hospital. Un año después, el joven pudo volver a llevar una vida normal y el hombre escribió lo siguiente a la estudiante: «Antes de mi accidente me sentía completamente vacío. No paraba de beber y me moría de aburrimiento. Sólo hoy sé lo que significa realmente ser feliz». Este hombre había encontrado su deber.

Albert Schweitzer dijo una vez que las únicas personas realmente felices que había conocido eran aquellas que se habían entregado al servicio de algo. Otro ejemplo, la profesora Starck, de Alabama, me escribió una vez: «Tengo una paciente de veintidós años, parapléjica como consecuencia de un disparo, que sólo puede hacer una cosa: escribir a máquina con la ayuda de un palito entre los dientes. ¿Y sabe lo que hace? Lleva una vida plena de sentido: ve la televisión, le leen el periódico y cada vez que sabe de alguien que se tiene que enfrentar a un destino difícil, le escribe una carta para consolarlo y estimularlo. Y teclea esa carta utilizando un palito de madera entre los dientes…».


 

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Frankl Viktor, “En el principio era el sentido”, Ed. Paidós, Barcelona, 2000

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