Lo esencial es aquello que nos une


Recopilación de Enrique Conde citando textos de Alicia Schneider y Gustavo Berti.

   Este material forma parte del libro “Tributo a Renacer en su 23 aniversario” disponible para descarga en la sección Libros de este blog.


Desde el principio hemos tenido el convencimiento que en los Grupos debemos trabajar priorizando aquello que es universal a todos nosotros, lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos..

Y lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos es el sufrimiento y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce.

Todos estamos unidos porque hemos entregado hijos a la vida, antes de lo que hemos deseado.

Debemos ahora hacer un breve paréntesis y preguntarnos si existe alguna razón de peso para buscar lo esencial a todos nosotros y, desde esa óptica, ver esta tarea de ayuda mutua.

Según Aristóteles “La esencia, lo universal, lo que hay de común en las particularidades representa la unidad de la especie”

Si ahora trasladamos esto a RENACER vemos que lo universal en las particularidades que somos cada uno de nosotros, con emociones y sentimientos tan personales y por ende disímiles, es el sufrimiento y que este universal representa a su vez la unidad de los Grupos.

Este universal es imperecedero, el sufrimiento siempre será sufrimiento (y lo que cada uno decida hacer con él), mientras que las emociones y sentimientos como vivencias de un mundo sensible son siempre perecederas y cambiantes, siempre las emociones primeras en los padres que pierden hijos son distintas de las que se experimentan cuando pasa el tiempo.

Aquí se puede ver el germen de algunas dificultades que se presentan en los Grupos: si priorizamos en los Grupos a las emociones, en la medida en que éstas van cambiando, así también cambiará la manera de ver al Grupo que cada uno tiene y con ello cambiará el grado de compromiso de cada uno para con el Grupo.

A lo largo de años de compartir el mensaje de RENACER nos hemos encontrado con padres dolientes que han querido, con la mejor de las intenciones, modificar la esencia de RENACER.

Algunos de ellos, hace años, han querido que RENACER sea anónimo, tomando el ejemplo de Alcohólicos Anónimos. En su momento esto fue motivo de conversaciones que duraron varios meses. Pero lo significativo es que esos padres que tanto insistieron en el anonimato no alcanzaron a permanecer un año en RENACER.

En otra ocasión varios padres en un Grupo quisieron que en RENACER se aplicaran los doce pasos y tradiciones de los Grupos de Alcohólicos Anónimos, sin darse cuenta que esos pasos y tradiciones eran útiles para personas enfermas, con problemas de adicción al alcohol, y que nosotros no somos enfermos, sino seres sufrientes y que esa metodología no era apropiada para padres que pierden hijos. Esas personas tampoco duraron mucho en RENACER.

Otros padres quisieron hacer subgrupos, comenzando con subgrupos para padres jóvenes. De haber prosperado esta idea, hoy habría subgrupos para padres de hijos muertos por accidente, por asesinato, por suicidio, por cáncer, por sida, por mala praxis, etc. etc. etc. Pero lo que sí no existiría es RENACER, y estaríamos cada uno por su lado buscando justicia, porque los subgrupos se convierten rápidamente en Grupos de víctimas. Y también esos papás ya no concurren a RENACER.

¿Pueden ustedes imaginarse lo que sería RENACER si esos padres dolientes, cuyo compromiso con el Grupo fue tan escaso, hubieran podido imponer sus puntos de vista? Quizás RENACER no existiría ya.

Esto debe servir para que cada uno de nosotros reevalúe el grado de compromiso con el mensaje, en especial porque creemos que lo que se alcanza en los Grupos no debe ni puede ser considerado como un regalo, sino como un préstamo que debe, indefectiblemente, ser devuelto, no a los padres que ya están en función de ayudadores, sino a los padres que han de entrar en los Grupos de ahora en más.

Esto nos lleva, a su vez, a compartir con ustedes algo que hemos aprendido sobre RENACER y que esperamos ayudará a arrojar más luz sobre esta tarea y nuestro compromiso con ella.

Desde que los padres ingresan al Grupo observamos que, durante este proceso de integración, atravesarán algunas etapas: una primera es de deslumbramiento que muchos padres sienten en el Grupo.

Muchos consideran que es lo mejor que les ha pasado después de perder un hijo, ven todo con ojos de enamorados y así es su compromiso con el Grupo, quizá quieran hacer muchas cosas apresuradamente, quizá quieran corregir o cambiar lo ya existente sin haberse dado el tiempo necesario para entender lo que es RENACER y así tomar la mejor decisión para el Grupo.

Marcel Proust dice que en los estados interiores, las emociones se multiplican por diez -y el sufrimiento es un gran estado interior-, y este estar deslumbrado es ciertamente un estado emocional.

Luego viene la etapa en que las emociones sedimentan, se hacen más parejas, más tranquilas, y entonces algunos se desencantan y pueden tanto sea dejar el Grupo, como participar menos activamente.

Hemos visto, con cierta frecuencia, que en estas circunstancias es que comienzan a aflorar los problemas personales.

Creemos, por lo tanto, que debemos aprender a ser cautos y responsables en la manera de tomar las cosas referentes a la ayuda mutua, recordar que nunca estamos solos en esta tarea, que hay siempre otras personas cuyas vidas han de ser tocadas por lo que nosotros hagamos en los Grupos, y que muchas veces será necesario que nosotros sacrifiquemos ideas, pensamientos y hasta necesidades propias, precisamente, porque sabemos o intuimos que por la consecución de esos objetivos alguien en el Grupo va a sufrir.

No debemos ir a los Grupos a imponer nuestras ideas, RENACER no puede ser nunca un campo de batalla donde confrontan ideologías diferentes, sino un lugar de servicio donde, en homenaje a nuestros hijos, nos dedicamos a ayudar a los que sufren.

RENACER es una obra de amor y toda obra de amor es una obra trascendente, así, del enamoramiento pasaríamos a vivir la etapa del “amor maduro”, responsable, el que perdura.

Como un árbol en el que crecen nuevas ramas que, como ramas que son, no podrían existir sin el tronco, así debe ser para todos los Grupos RENACER; debemos ser todos ramas de un mismo árbol y generar desde el espacio de cada idiosincrasia geográfica y cultural, nuevos aportes capaces de enriquecer nuestro común origen.

Dejemos entonces que nuestros corazones se abran y pueda entrar en ellos el amor por la vida y por los que sufren y así, de esa manera, sin imposición alguna, la misma vida y Dios indicaran el camino que esta tarea debe seguir.

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