Somos sólo el amor que se vierte a manos llenas a la vida y a todo el que lo necesita


Alicia Schneider y Gustavo Berti en el Encuentro Internacional 8º Aniversario de Renacer Lanús y Jornada Internacional de Consolidación de la Esencia de Renacer, 10 de septiembre de 2016.
Silvia Dobler (Renacer Esperanza), Nora Castro (Renacer Lanús), Cristina Cumella (Renacer Villegas).


Lo que escuchamos esta mañana es para nosotros, como les decía, quizás nunca nos vieron emocionados y hubo un momento en que nos miramos con Gustavo y estábamos emocionados, porque fueron muchos años de predicar, como uno dice, predicar todo esto, decir las cosas que a uno le parece que son importantes y que hicieron siempre que Renacer se distinguiera del resto de los grupos que pudieran existir en el mundo, y no estoy agrandando, en el mundo, el planeta y digamos, en galaxias anexas.


Porque, lo que nosotros estamos haciendo hoy, es marcando nuevos rumbos, el hecho de que los padres, hoy, hayan dado esos mensajes tan claros y además tan amenamente porque todos los que estuvimos allí, los escuchamos con mucha atención (excepto ese papá que se fue a buscar tantos cafés).
(Risas).
Y se note la auto-trascendencia, el cómo, el hombre no puede dejar de ser auto trascendente, porque, en cuanto yo me encierro en mí mismo con mi dolor, lo que a mí me pasa es lo peor, nadie puede comprenderme, sin dudas estoy negando mi auto trascendencia, que es parte, de ser en el mundo de cada ser humano, y yo me niego trascender para llegarme al otro, para llegarme al otro que sufre por llegarme al otro, simplemente desde mi rol de padres que, con mucha experiencia, que es posible, y de que es posible, que el amor todo lo pueda, todo lo conquiste y todo lo logre, entonces allí, nos damos cuenta que al lograrlo, al hacerlo, al llegarme al otro, mi auto trascendencia, se cumple, se cumple lo que sería la profecía humana de ser auto trascendente como dice Viktor Frankl; y entonces estoy yendo a favor de la vida, a favor de nuestra misma naturaleza y no, en contra de ella.
En la medida en que yo me encierro y que yo me niego a llegarme al otro, yo estoy negándome como ser humano. Estamos todos embarcados en esta vida y a todos nos toca, a todos los que habitamos el planeta, nos toca, en algún momento, momentos muy duros para enfrentar, muy duros; y no ya sólo la pérdida de un hijo, es considerada esta pérdida máxima, o digamos la experiencia, el límite máximo por excelencia, pero hay tantas cosas que nos pueden pasar, nos pasaron o nos pasarán en la vida y como dijo muy bien aquí Nidia: “Aprendí en Renacer, un montón de cosas y no necesité ir a un ningún otro lugar, porque en Renacer me enseñaron a enfrentarme a lo que la vida me fue presentado”.

Hay otras cosas que hay en Renacer, una vez más como decimos siempre y nos fuimos dando cuenta, la vida que hacíamos “camino al andar al andar” que esto es un movimiento cultural, es una verdadera revolución cultural y esto está basado en el amor, porque nosotros, lo que hacemos es, apuntar muy alto y lo hemos dicho tantas veces, apuntar muy alto, porque el amor por los hijos que es lo que nos impulsa, nos inspira, lo que nos va marcando el camino, lo que nos va llevando a esa estrella hacia la cual nos dirigimos, esa luz que ilumina cada acto de amor de nuestros días, eso es Renacer trascendente. Es una verdadera revolución cultural, porque está basado en el amor y no necesitamos de permisos, de tutelaje, de dinero, somos sólo el amor que se vierte a manos llenas a la vida y a todo el que lo necesita, porque ya no solo a otros padres, sino también a todo el que lo necesita. Hoy hablaban de solidaridad, de compasiones, cuantas formas, nos podemos abrir y dar esta capacidad increíble de amor que uno se da cuenta que tiene y que si bien, siempre creímos ser seres amorosos, o más o menos demostrativos, pero lo que se descubre después que se pierde un hijo y cuando nos levantamos por encima de las cenizas, de eso que nos pasó, para, en las alas, en las alas indómitas del espíritu, en el amor por nuestros hijos, inspirándonos en eso, somos capaces de dar hasta la vida, no nos va a alcanzar la vida para dar, y si además se convierten en dinosaurios (de los que hablaban las mamás de Rosario) no les cuento los años que tienen todavía para dar por delante.

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