Un hijo que muere no merece un duelo, un hijo que muere merece una transformación interior.


Alicia Schneider y Gustavo Berti en el Encuentro Internacional 8º Aniversario de Renacer Lanús y Jornada de Consolidación de la Esencia de Renacer, 10 de septiembre de 2016.

Transcripción: Silvia Dobler (Renacer Esperanza), Nora Castro (Renacer Lanús), Cristina Cumella (Renacer Villegas).

Un papá de Gualeguaychú hace una pregunta referida al dolor y al sufrimiento por la muerte de un hijo.

Gustavo:

Cuando mencionamos el movimiento, dijimos que rompe con una repetitividad, lo repetitivo, culturalmente hasta que aparece Renacer era que la resolución de la muerte de un hijo, consistía en la elaboración de un duelo, ahora el modelo del duelo y la elaboración del mismo en el mundo responde a las ciencias sociales, la psicología, la psiquiatría.

En esencia, la definición de duelo es “un período luego del cual se vuelve a ser la persona que era” y no es así, lo hemos dicho, no se vuelve a ser la misma persona.

Nosotros no hablamos de duelo, nosotros nunca hemos hablado de duelo, no hablamos de la elaboración del duelo, ahora es una cuestión cultural tan arraigada, pero tan arraigada, que resulta difícil oponerse a eso, pero nosotros no hablamos de duelo, nosotros hablamos de sufrimiento, porque repito, el sufrimiento es una cuestión de la humanidad y se resuelve.

Ahora traigamos la palabra duelo a colación, yo pierdo mi casa y eso es un duelo, una hija mía se va a vivir a Europa, y eso es un duelo, se muere una mascota y sufro un duelo, muere un hijo y sufro un duelo ahora,

¿cuál es la diferencia, hay una diferencia cuantitativa, es decir el duelo es más fuerte que la muerte de una mascota, o es cualitativa?

¿Cómo creen ustedes, la diferencia es en cantidad o calidad?

¡En calidad, perfecto!

Entonces estamos hablando de cosas distintas, porque si ustedes me dicen que hay una diferencia en calidad, es porque estamos hablando de cosas distintas, entonces ya no estamos hablando de un duelo,  esas diferencias representan lo que hemos dicho en reuniones anteriores, un hijo que muere no merece un duelo, un hijo que muere merece una transformación interior.

Entonces ese lenguaje que nosotros usamos, ¿por qué? porque ustedes lo dicen, yo tengo que escuchar lo que ustedes nos dicen, ustedes dicen que son calidades distintas, entonces no puedo decir es un duelo, porque estaríamos hablando de lo mismo, no puedo salir yo a decir una perogrullada que no tiene sentido.

Porque no puedo comparar la muerte de un hijo con la muerte de una mascota, es ridículo, son cosas distintas, ahora cuando yo les decía como a nosotros nos tutela, que estamos expuestos al tutelaje de la ciencia, la ciencia de la psicología,  que no podemos aceptar la tutela, porque nos han metido en la cabeza el asunto del duelo cuando un ser querido muere,  y el papá de Formosa nos ha dado el ejemplo de duelo llevado al extremo, de un año de negro, de nueve días de novena,  de tener que ir todos los días al cementerio, ese es el modelo de un duelo, es nada más que dolor y nosotros en los grupos, ya lo han dicho también ustedes, que es otra cosa distinta. Entonces seguimos con el concepto de transformación interior, de grupo de transformación interior.

Reconocemos que existe al principio un dolor de una intensidad tal que ocupa todo el tiempo y el espacio de las personas, y no es para seguir, y amasar eso, amasarlo, elaborarlo como si fuera un pan, mirarlo por acá, mirarlo por allá, no eso no, porque eso es algo que ya está, y que desaparece cuando nosotros le encontramos sentido, un sentido a lo que nos toca vivir. Cuando le encontramos un sentido, todas esas cositas oscuras, negras, desaparecen… porque simplemente nos dimos cuenta, de que no tenía razón, no tenía sentido trabajar con el duelo, con lo negro, con lo oscuro, cuando podíamos trabajar con el lado luminoso.

Alicia:

Entonces cuando te hacen una pregunta en la televisión por ejemplo, y les dicen por ejemplo: con ese dolor que ustedes llevan, y

¿cómo murió tu hijo?

Ustedes no le respondan, entonces simplemente les dicen, que nosotros trabajamos con eso que nos une a todos, con lo que es común a todos que es el sufrimiento por haber perdido un hijo, pero no le damos importancia a la forma, a la causa de la muerte del hijo, lo que hacemos es, transformarnos en otras personas, porque ya nunca nada más volverá a ser como antes. Y sabemos también, y trabajamos sobre esos nuevos valores y sabemos que podemos vivir una vida plena nuevamente  y que nuestros hijos van a estar siempre con nosotros, pero no el dolor, porque eso se convierte, si lo sabemos trabajar con amor, en una muy dulce nostalgia, eso… una duuulce nostalgia, que eso si nos permite vivir una vida plena, el hijo siempre presente. Gracias…

¿Hay alguna otra pregunta?

Una aclaración sobre lo que se venía hablando… una mamá dice: que se le está dando el mismo significado a la palabra dolor que a la palabra duelo, en este caso.

Alicia:

Claro, ahí está,  lo que dice Nidia, que efectivamente según lo que preguntaba el papá de Gualeguaychú, a la palabra dolor, se le está dando el mismo significado o la misma connotación que a la palabra “duelo”. Es verdad, cuánta gente nos dice, cuánto tiempo de duelo estamos llevando…

¡por favor! ¡NO!

La muerte de un hijo, es mucho más que un duelo, y lleva mucho más que un duelo, porque

¿qué es lo que conlleva la muerte de un hijo?

“Tu transformación como ser humano” y para eso, fijate vos, como esa mamá que dijo: “Elegí perdonar” ella jamás se puso a trabajar la culpa o  el perdón, ella solamente se dio cuenta de que esa criatura que había matado a su hijo, había cumplido una condena, y su familia también estaba devastada por lo ocurrido, y ella eligió, libremente, perdonar. Ella apuntó a un valor mucho más alto, entonces todo lo demás, desaparece.

Gustavo:

Lo que dice Moñi es correcto, porque lo hemos escuchado, cuánto dolor, y repiten la palabra dolor, y en ese caso esa palabra es equivalente a duelo.

Una mamá:

 Algo relativo a que la palabra dolor puede ser utilizada en otro contexto, uno puede sentir otros dolores.

 Gustavo:

Claro que sí, podemos tener dolores de cabeza, dolor de cintura, dolores en el cuerpo,  pero referido a lo espiritual, ya es otra cosa.

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